Opinion

AMBICIÓN

EDUARDO COFIÑO

Eduardo Cofiño K


 

Hay personas que anteponen la ambición a todo lo demás.

Los he conocido durante mi vida, a muchos; demasiados, para mi gusto. Todos son muy parecidos: Te halagan, te embaucan y al final te estafan, no robándote tu dinero, no, ellos te quitan valores mas importantes, se llevan tu dignidad, tu fe, tu confianza en el los hombres.

Los conoces y se acercan a plantearte algún proyecto que, seguramente, te parece fabuloso, lo hacen de una forma en la que “he pensado en vos, pero tengo otros candidatos, nadie es indispensable, ¿sabés?” y te llegas a creer, incluso, que tu ayuda es indispensable y que, colaborando con este sujeto, se lograra algo bueno, mejor para  la sociedad, para el país, para el mundo. Tocan tu orgullo, saben cómo hacerlo. Te tocan el ego, te dan confianza y cariño.

Tienen esa sonrisa pegajosa que es inconfundible y te transmiten seguridad, conocimiento, optimismo. Pero lo que buscan es el poder. La ambición hace que ignoren conceptos como amistad, cariño, lealtad. Incluso, algunas veces, lo que te plantean, al final, cuando ya te utilizaron, te manipularon, te engañaron y, seguramente, te humillaron, el proyecto sigue siendo bueno. Algunos hasta reciben medallas, aplausos, honores. Son personas que pasan sobre el que sea, sobre lo que sea, por conseguir lo que se han propuesto. Son los Maestros de la Manipulación y la Mentira. Así son algunos de nuestros líderes…y he conocido a varios.

Entonces uno, ilusionado, solicita formar parte del equipo de trabajo. Uno da lo mejor de si mismo y, al principio, todo camina sobre ruedas, Se logra modificar, mejorar y cambiar las estructuras operativas, se contrata al personal mas adecuado, se ponen los libros al día, se modifican tarifas y se perfecciona cierta infraestructura. Se efectúa una re-ingeniería, se establece la Visión, Misión y Objetivos, se aplica un FODA (análisis de las Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas) y se prepara un Plan Maestro, incluyendo cronograma de tiempos, responsabilidades y costos. Todo con tu colaboración y entusiasmo.

Pero en el camino, porque tu no eres como ellos, uno empieza a darse cuenta que, si alguien se opone a los designios divinos del líder, inmediatamente es desterrado, expulsado y apartado, muchas veces, buscando razones inexistentes e inventando cuentos macabros…hasta inverosímiles. Pero te quedas callado y, en ocaciones, apoyas los cambios injustos…ya temiendo que el siguiente seas tu, tratando entonces, también, de aferrarse a aquel espejismo…

Pero el momento decisivo, del cual ya no hay retorno, es cuando propones (o te opones, en realidad es lo mismo) alguna estrategia diferente a la planteada por el líder supremo (sea este Hitler, Fidel Castro, Chavez o muchos de los ejecutivos de la iniciativa privada y mas aún, entre los  Presidentes, Ministros y Funcionarios gubernamentales de nuestros países, de nuestras empresas, de nuestras organizaciones deportivas y hasta de las entidades no lucrativas). Te opones y tienes razón, lo que planteaste era lo lógico, lo mejor. Se ejecuta tu idea, tu proyecto y los resultados son positivos, rentables, sostenibles…exitosos.

Entonces has marcado el fin de tu carrera, en ese preciso momento, cuando te has topado con una de estas personas ambiciosas de poder…ha llegado el inicio del fin.

Quizás, en tu inocencia o tratando de seguir creyendo en los valores que te inculcaron desde niño, creyendo en la ética, la moral y la lealtad, te arriesgas aún a conversar con el líder, le hablas francamente, de frente, con el corazón abierto. Y, seguramente, te sonreirá con la misma sonrisa pegajosa y tímida, te pondrá la mano sobre el hombro (o tu lo sentirás así, porque, por lo general, estas personas no se dejan tocar, les repugna el contacto de cariño, las palmadas, los abrazos, cualquier forma de afecto, realmente) y te dirá algo así como que “por mi no hay problema, pero no es mi decisión, para eso está la Junta Directiva, el Concejo, el Comité…”. Pero tu sabes, aunque te resistas a creerlo, que ha llegado tu fin.

Y, los hay perores aún, sobre todo entre los funcionarios gubernamentales: Aquellos que, habiendo sido tus amigos, tus colaboradores, tus apoyos, en un cambio de gobierno, de repente y sin razón, se vuelven tus enemigos. Los llamas y hablas con la secretaria, con sus asesores, pero no te reciben, te ignoran, te mandan a decir que es mejor que te retires, para que no sufras la humillación de que “cancelen tu contrato”. Ni los resultados, ni tu labor de muchos años, ni el hecho de que seas eficiente, transparente y honrado, incluso apolítico, te servirán de nada. La suerte está echada, vas para afuera, papá.

Por eso da gusto cuando, con el paso del tiempo, algunos de estos han terminado su carrera despedidos y sacados por la puerta de atrás. Son despreciados por sus socios. Sufren persecuciones penales y, muchas veces, terminan en la cárcel, destruyendo para siempre sus vidas, cosechando los frutos de su conducta. En el camino arrastran a sus amigos, a sus familiares. Da gusto, no por venganza, pues para no parecerse a ellos, para no convertirse en uno de ellos, uno debe aprender a perdonar, debes seguir viviendo basado en esos principios éticos y morales que son permanentes para todas las culturas, para todos los seres humanos, son como los derechos humanos de la ética, son los valores por lo que la vida es digna, valores por los que vale la pena morir. Valores que nos llevan a protestar, en la Plaza Mayor, a toda voz, con los pulmones inflados de orgullo, llevando de la mano a tu hija pequeña, para que entienda tu razón de ser.

Entonces levantas la vista al cielo, respiras profundo y, por un momento, sientes que existe la justicia, que hay esperanza y que vale la pena seguir luchando.

Ahhh, la ambición desmedida, desbordada, inacabable. El mayor de todos los pecados.

Me pregunto. Siendo la vida tan corta, ¿valdrá la pena?.

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