Politica

Triste ejemplo … buen ejemplo

La insólita historia
de Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti

 

 

En el mundo hay reconocidos oficialmente 194 países. En ninguno de ellos se ha dado el caso de que sus gobernantes –presidente y vicepresidente– terminen en la cárcel durante el período para el que fueron elegidos. Guatemala se ha convertido virtualmente en una fábrica de gobernantes corruptos o bajo sospecha de serlo.

Redacción de Crónica

El historial de los gobernantes en Guatemala, desde 1986 a la fecha, deja una estela de dudas, debido a la falta de transparencia, enriquecimiento ilícito y, finalmente, los procesos judiciales en contra de algunos de ellos. Alfonso Portillo, Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti son los casos que han llegado a los tribunales de justicia para convertirse en un ejemplo sin precedentes en el planeta.

Mientras que la historia muestra que gobernantes en otras latitudes dejan el poder y salen con fortunas a veces incalculables, aquí la situación ha cambiado radicalmente, ya que el manto de impunidad que antes existía, parece haber abandonado a los hombres y mujeres que llegan a los cargos de mayor poder político.

De siete mandatarios electos popularmente, hay tres sobre los que han pesado acusaciones directas –uno de ellos condenado–, y dos más realizaron privatizaciones con una opacidad que no se investigó.

Sin embargo, el caso más insólito es el del binomio presidencial que debería estar en el poder actualmente. Molina y Baldetti se encuentran en la cárcel, siendo el primer caso en el mundo en que dos gobernantes en funciones deben dejar los cargos y terminan su período constitucional en una prisión. Las acusaciones en su contra apuntan a varios delitos: enriquecimiento ilícito, asociación ilícita, lavado de dinero, cohecho, y algunos más que podrían surgir por las investigaciones que siguen el MP y la CICIG.

 

Serrano, Portillo, Pérez/Baldetti

Vinicio Cerezo (1886-1991) fue el primer presidente de la era democrática que vive Guatemala. Su administración fue cuestionada por falta de transparencia, pero nunca se investigaron los casos de privatizaciones y/o concesiones que se hicieron, principalmente Aviateca, la línea aérea nacional, y la primera frecuencia de celulares.

Luego llegó Jorge Serrano (1991-1993), cuya administración terminó abruptamente por su intento de golpe de Estado en contra del Congreso y la Corte Suprema de Justicia. Aunque el principal delito que se le imputa es el del rompimiento del orden constitucional, también salieron a luz acciones de corrupción durante su gestión. Tuvo que salir al exilio en Panamá, en donde se le conoce por las importantes inversiones que ha realizado y por llevar un nivel de vida muy superior al que tenía antes de asumir la Presidencia. Menos de dos años bastaron para que alcanzara, sin explicaciones, una solidez financiera envidiable.

El siguiente gobernante electo fue Álvaro Arzú, quien autorizó concesiones y la mayor cantidad de privatizaciones que se ha realizado en el país, todas con el mismo estilo, el de entregar las empresas estatales en condiciones ampliamente favorables para quienes las adquirían, sin transparencia alguna, y con más beneficios para los compradores, que para el país.  Ninguna de estas privatizaciones ha sido investigada y Arzú siguió su vida política, retornando al cargo de alcalde capitalino, el cual ostenta desde  hace tres períodos.

La bomba estalló a continuación. La llegada del FRG y Alfonso Portillo al poder supusieron constantes escándalos de corrupción, hasta que se llegó al propio mandatario, que si bien logró evadir a la justicia bajo el manto de impunidad que tanto ha protegido a los políticos, terminó en la cárcel –aquí y en Estados Unidos–, al ser juzgado por un tribunal de Nueva York, donde hubo de declararse culpable para bajar la pena. Su delito: haber lavado dinero en la banca estadounidense, producto de corrupción durante su gestión.

Portillo también fue señalado antes de haber recibido cheques de la empresa de telefonía Comcel, pero no hubo ninguna investigación, a pesar de que el diario Prensa Libre descubrió el caso y publicó incluso los cheques.

El fiscal que llevó el caso en Estados Unidos, llegó a asegurar que para Portillo, los fondos de la Presidencia, eran su cajero automático.

Y el caso que ahora se debate en tribunales ha sido el más sonado hasta el momento, a nivel nacional e internacional. El MP y la CICIG descubrieron la estructura criminal conocida como La Línea, la que de acuerdo a las investigaciones, tendría nada menos que al presidente Otto Pérez y a la vicepresidenta Roxana Baldetti como los cabecillas de una operación de evasión aduanera.

Pero antes de eso, publicaciones del diario elPeriódico mostraban un nivel exagerado de enriquecimiento de ambos personajes, todo lo cual ha venido a ser confirmado posteriormente.  El último capítulo se ha presentado en los últimos días, cuando el mismo diario confirmó que Baldetti viajaba constantemente al exterior, con un constante derroche de dinero con sus tarjetas de crédito. Los gastos reportados en tres años suman más de lo que ella pudo ganar con su sueldo como vicepresidenta.

Ningún país del mundo ha reportado un caso similar al guatemalteco. La comunidad internacional reconoce el esfuerzo que realiza el MP y la eficacia de la CICIG en estos casos. Por esa razón es que, si bien es un ejemplo deplorable tener tantos gobernantes con señalamientos, también es ejemplar la forma en que se persiguen los delitos al más alto nivel.

 

Centroamérica, una fábrica

El listado de gobernantes corruptos en el mundo es grande y en la mayoría de casos, los corruptos han caído, logran huir y las fortunas robadas no se recuperan. En Centroamérica se ha comprobado también que hay una tendencia a las malas prácticas de parte de gobernantes.

Según informes de prensa de la región, unos trece exmandatarios son sospechosos de beneficiarse del poder. El último implicado es el salvadoreño Francisco Flores (1999-2004). Él, como Portillo, es señalado de recibir fondos ilícitos de Taiwán. La diferencia es que a Portillo le dieron US$2.5 millones, y al salvadoreño, la cifra podría alcanzar US$10 millones.

En Nicaragua, el nombre de Arnoldo Alemán se asocia directamente a corrupción, y es un secreto a voces el enriquecimiento del actual presidente Daniel Ortega y su familia. Hay quienes lo califican de magnate, ya que, además de presidente, controla varios medios de comunicación, principalmente televisivos. Uno y otro, parecen gozar de protección judicial.

Costa Rica no ha escapado a la corrupción y los casos de Miguel Ángel Rodríguez y Rafael Calderón han sido motivo de escándalo, sin que se lograran condenas en los tribunales.  En Honduras, el caso más reciente es el del expresidente Porfirio Lobo, quien aún es objeto de investigación, aunque se sabe que en ese país, como ocurría antes en Guatemala, los políticos gozan de un marco de impunidad muy grande.

De todos los exgobernantes centroamericanos cuestionados, ninguno ha sido condenado, lo que hace más valioso el caso de Guatemala, en donde las investigaciones han permitido condenas –en el caso de Portillo– o hay procesos sólidos abiertos –Pérez y Baldetti–.

Guatemala ocupa el puesto 115 entre 174 países en la medición sobre percepción de la corrupción que realiza cada año la institución Transparencia Internacional.

Nombres de super corruptos

Mohammed Suharto, expresidente de Indonesia: durante 32 años en el poder, malversó al menos US35 mil millones. Fue derrocado en el año 2000. Se le intentó procesar por corrupción en al menos tres ocasiones, sin éxito. Murió en el 2008. El Gobierno decretó una semana de luto oficial y fue enterrado con honores.

Ferdinand Marcos, expresidente de Filipinas: dictadura de 21 años, que le permitió hacer una fortuna estimada en US35 mil millones. Nunca fue procesado, y terminó su vida en el exilio. Su esposa Imelda, ha librado una batalla para legitimar su fortuna. Ella y su hijo, Ferdinand Marcos Jr., han participado en política.

Mobuto Sese Seko, expresidente de Zaire: según Transparencia Internacional, habría malversado unos US5 mil millones, entre 1965 y 1997 –32 años de dictadura–. La deuda pública que dejó a su salida del poder ascendía a US$13 mil millones.

Jean-Claude Duvalier, expresidente de Haití: se estima que Baby Doc, como se le conocía, malversó al menos US$800 millones, entre 1971 y 1986. Asumió el poder con 19 años de edad, pero su enriquecimiento fue acelerado. Su esposa Michéle,  tenía un nivel de vida extravagante, similar al de Baldetti, de Guatemala. Se cree que, tras su divorcio, gran parte de su fortuna quedó en manos de ella.

Atrás quedaron los rostros alegres y sonrientes de los exmandatarios Pérez y Baldetti. (En la imagen, captados en un viaje por Centroamérica. Foto Nuevo Diario, Nicaragua).

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