Politica

Próximo presidente: Con camino cuesta arriba

Quien asuma la jefatura del Gobierno el próximo 14 de enero podría enfrentarse a un contexto social, político y fiscal muy frágil e inestable, lo cual, desde las primeras horas de su gestión, le exigirá dar muestras de eficiencia y compromiso con la sociedad; de lo contrario, podría ahogarse en una espiral de crisis, coinciden analistas.

Con las condiciones políticas y sociales actuales, bajo el supuesto que las reformas legales exigidas por la población, especialmente las electorales, no corran con buena suerte en lo que queda de este Gobierno, llevando finalmente a la elección de un nuevo gobernante para el período 2016-2020 el próximo 6 de septiembre, los análisis prospectivos son poco benévolos para con la nueva administración. Según algunos analistas consultados,
la administración que asumirá el 14 de enero del 2016, deberá iniciar su gestión en medio de una crisis de legitimidad y confianza, una escasez de recursos económicos en aumento, así como una demanda fuerte desde la ciudadanía, por eficiencia y transparencia en el Ejecutivo, todo lo cual, de no ser resuelto satisfactoriamente, se volvería contra Próximo presidente el nuevo Gobierno. Así, desde el inicio, el próximo presidente podría encontrarse frente a un contexto político y social de gobernabilidad precaria, refiere al respecto Edgar Gutiérrez, coordinador del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Ipnusac).

Habrá mucho acecho por parte de la población, en función de cualquier murmuro o iniciativa de corrupción e impunidad.

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El Gobierno electo será el resultado de una crisis de legitimidad del sistema político  y, por tanto, de entrada gozará de ilegitimidad, entre clases medias urbanas y sectores organizados. Además, asumir el poder con
el voto de sectores desorganizados, pero tener que gobernar frente a sectores organizados de distinta índole, significa un alto grado de oposición y de fiscalización permanente; por lo tanto, los probables escándalos de corrupción y errores de conducción tendrán alta resonancia social y mediática. Frente a esto, el nuevo Gobierno intentará alianzas y acuerdos, cediendo a las demandas sociales, o se inclinará por una salida autoritaria, de presión, precisa Gutiérrez.

En este mismo sentido, Julio Curruchiche, de la Coalición Civismo Electoral (CCE), enumera cuatro características que definen el entorno bajo el cual, el nuevo electo, iniciaría la gestión en septiembre
próximo (u octubre, si se da una segunda vuelta): crisis de legitimidad, sociedad más vigilante, gobernabilidad
cuesta arriba y poca credibilidad.
El punto álgido en todo esto sería la crisis de representatividad, que podría generarse después de los comicios de septiembre; pues, como están las cosas, es muy probable que la mayoría de los guatemaltecos no se vean
reflejados en el resultado de la próxima elección, lo cual no solo engendraría las condiciones perfectas para una mayor vigilancia desde la ciudadanía, sino también sería un verdadero reto para el próximo mandatario:
la manutención de la gobernabilidad. Principalmente, porque inicia con menos legitimidad
y credibilidad, agrega Curruchiche. Sin duda alguna, el elemento más satisfactorio (desde la sociedad) que se vislumbra en el escenario del próximo Gobierno, es la vigilancia ciudadana, la cual, incluso, puede suponer una especie de fuerza que tenga o ponga contra las cuerdas, de ser necesario, a la nueva administración.
En otras palabras, el presidente del período 2016-2020 encarará el desafío de no dejar vacíos, para evitar la mala
interpretación de sus acciones, pues un mal paso podría costarle caro.
Habrá mucho acecho por parte de la población, en función de cualquier parpadeo, murmuro o iniciativa de corrupción e impunidad.

Se cobrará con creces a la nueva gestión y, de ser necesario, se pasará la guillotina sobre el funcionario que caiga en dicha práctica. Habrá, entonces, una alta demanda de transparencia, agrega el director de la Escuela de Ciencias Políticas (ECP) de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), Marcio Palacios.
Carmen Ortíz, coordinadora del Programa de Opinión Pública (POP) de la Universidad Rafael Landívar (URL),
coincide con el punto anotado con antelación, pero añade: El escenario para el nuevo Gobierno contempla una sociedad organizada más beligerante y más vigilante sobre sus instituciones públicas y sobre las prácticas corruptas extendidas en el Estado: el pago de favores y el nepotismo en la contratación de burócratas, entre otros. De tal cuenta, las nuevas autoridades tendrán que ser más cuidadosas con su proceder, en términos
de contrataciones e integración del gabinete, pues, además de lo anterior, estamos experimentando una crisis de desconfianza entre todos los actores y el sistema político, como nunca antes en la historia, lo cual exige a la próxima gestión apostar por la recuperación de la confianza de la sociedad.

Por aparte, Palacios y Ortíz concuerdan con lo apuntado por Gutiérrez y Curruchiche, afirmando que es casi seguro que, además de enfrentar a una sociedad más despierta, la nueva gestión en el Ejecutivo tendrá como retos la crisis de legitimidad y confianza, y la carencia de recursos para la atención de las necesidades
más sentidas, lo cual, de no contenerse oportuna y adecuadamente, será caldo de cultivo para la inestabilidad, llevando, inclusive, al borde de la conflictividad de corte violento, destaca el titular de
la ECP-Usac.

 Finanzas públicas en picada

Dado lo anterior, es indudable que la situación financiera dará dolores de cabeza al próximo Gobierno, ya que, aunque macroeconómicamente el país mantendrá el crecimiento según lo previsto, el hoyo fiscal seguirá parchándose a fuerza, seguramente, de más endeudamiento, lo cual puede ser sostenible en el corto plazo,
pero en el largo avizora un futuro no menos oscuro.
El 14 de enero próximo, el nuevo gobernante recibirá una economía estable y con expectativas de crecimiento de 4 por ciento en promedio, pero con un serio problema de finanzas públicas. Si bien la crisis actual
es política, no económica, lamentablemente, una conduce a lo otra. Así, el Estado de Guatemala se perfila como disfuncional, debido a la corrupción y la informalidad, lo que implica evasión fiscal, pues las personas
se niegan a pagarle impuestos a un Estado corrupto.

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Eso ocasiona una baja en los impuestos y un apretón fiscal. Por lo tanto, el Gobierno debe endeudarse más, aunque, debido a la crisis, la deuda se encarece; es decir, se debe pagar más por los préstamos, pues el país es visto con un nivel más elevado de riesgo, aparte de que en capacidad de pago está casi en cifras rojas: si la deuda equivale al 200 por ciento de la recaudación anual, hay problemas de capacidad de pago; eso es lo que está ocurriendo y lo que heredará la nueva administración desde el primer día, afirma el vicepresidente de la Cámara de Comercio Guatemalteco-Americana (Amcham), Nicholas Virzi.

Al respecto, el economista Ricardo Barrientos, del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi), destaca que el nuevo Gobierno se encontrará con un crecimiento económico ligeramente sobre el 4 por ciento, con una inflación y tipo de cambio estables que, aunque invariables, serán efectos inerciales y, por ende, no reflejarán oportunidades novedosas para el desarrollo.

Además, habrá un desafío apremiante por recuperar la administración tributaria, mientras el déficit fiscal continuará contenido, más por la dificultad política de aprobar endeudamiento público adicional, que por una política de prudencia, calidad y efectividad del gasto público. El nuevo presidente estará, entonces, en un contexto inercial: sin mejoras ni deterioros sustantivos, manifiesta Barrientos.

Más eficiencia, menos opacidad

 Con las cosas así, no es poco lo que se puede esperar, y se debe exigir de la administración 2016-2020, la cual se verá enfrentada a condiciones sociales, políticas y fiscales que requieren de mucha lucidez desde la toma de decisiones. Por tanto, ¿qué actitudes deberá mostrar el nuevo Gobierno desde el primer día de su gestión?
Apertura, transparencia y precisión, son tan solo algunos de los requerimientos que se le plantean al próximo mandatario; de lo contrario, la ciudadanía sabrá actuar y demandar, al punto de la renuncia, la eficiente actuación de las autoridades gubernamentales, responde el representante de la CCE.

Ortíz considera: Ante el presente escenario, la nueva gestión deberá mostrar mucha empatía con lo que está pasando actualmente y con el sentir de la población, de igual forma tiene que mostrar mucha responsabilidad y moderación en términos de lo que realmente pueda hacer y pueda alcanzar, especialmente en lo económico y
fiscal. No deberá caer en el juego de prometer imposibles, y estará condicionado a ser transparente.
Para contener el déficit fiscal responsablemente, Virzi cree que el nuevo Gobierno estará obligado a decretar una congelación del gasto, estableciendo como prioridades la inversión en educación, salud e infraestructura.
Es decir, no deberá autorizar más plazas, aumentos de salarios, ni gastos innecesarios, aparte de continuar con la lucha contra corrupción, el compadrazgo y el clientelismo. Reformar la Ley de Servicio Civil y la de Contrataciones del Estado serán las señales claras de que quiere avanzar en dichos términos.
Sin embargo, para el representante del Icefi, la situación actual no ofrece las condiciones necesarias para esperar tales cosas del nuevo Gobierno, pues los partidos políticos y los candidatos siguen demostrando incapacidad aguda para proponer un plan de Gobierno creíble y fiscalmente viable.
Es de lamentar que en el proceso electoral actual prevalece la demagogia y la propaganda carente de contenido. Sin embargo, todavía hay tiempo para que partidos y candidatos corrijan y pasen de la demagogia y
la politiquería, al debate político serio y maduro de propuestas y planes. Si esto no ocurre, entonces nada bueno podemos esperar de la nueva administración, añade.
Entonces, de ser así, de no ofrecer acciones concretas que muestren que se quiere retomar el buen rumbo desde el Ejecutivo, el nuevo Gobierno puede caer por concluye Gutiérrez.

Ronald Mendoza
rmendoza@cronica.com.gt

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