Politica

POLÍTICOS EN PENUMBRA: Algunos han entrado ya en etapa de extinción

El 2015 dejó huella en la clase política. No son pocos los dirigentes que fueron golpeados en su credibilidad y popularidad y algunos se encuentran en vías de extinción. Las elecciones fueron un termómetro, pero hay quienes ni siquiera fueron candidatos y están a la baja y con pocas posibilidades de resurgir.

 

Revista Crónica

Tras la caída de los regímenes militares, la clase política ha controlado el poder en Guatemala y muchos de sus dirigentes más destacados han subido como la espuma y desaparecido poco después. Otros han permanecido como dinosaurios y ahora enfrentan una embestida natural, producto de la corrupción que se fue agigantando con el paso de cada gobierno.

El año pasado fue atípico, porque la Justicia, que era parte del feudo de esta clase, tuvo una fuerte dosis de independencia y ha golpeado en lo más alto al destapar escándalos de corrupción que eran un secreto a voces en una sociedad que se había vuelto tolerante a la impunidad.

Ahora, el país podría estar a las puertas de una depuración de la dirigencia y los propios partidos políticos. La lista es larga, pero entre los más señalados y repudiados destacan exgobernantes y excandidatos presidenciales, quienes preparan ya su estrategia para intentar sobrevivir. Este es un breve repaso sobre sus posibilidades de vida… o justicia.

 

Exgobernantes

Alfonso Portillo, cheques por aquí, cheques por allá. Cuando enfrentó la justicia local, la clase política aún mantenía un manto de impunidad absoluta. A pesar de las pruebas sólidas en su contra, fue exonerado del caso de saqueo de los fondos del Ejército, pero no pudo escapar del brazo de la Ley, que terminó llevándolo ante un juez en Estados Unidos, donde no tuvo más remedio que reconocer que había robado dinero del Estado y que lo había lavado en bancos del sistema estadounidense.

Su confesión le valió una pena leve de cuatro años, y en 2015 retornó con ánimos de recuperar poder. Intentó vanamente participar como candidato a diputado. Algunos llegaron a verlo como el motor de un populismo pegado al partido Todos, pero el TSE impidió acertadamente su participación y su sueño de volver a vociferar en el Congreso se frustró. Ahora intenta tomar el control del partido de Roberto Alejos, para ser la cabeza más visible de los dinosaurios que no quieren reconocer que su época ha pasado. Otros cheques recibidos por él –de parte de Comcel– son otro atractivo para investigar.

Álvaro Arzú, el hábil. El expresidente y eterno alcalde capitalino volvió a mostrar que es bueno para ganar reelecciones, pero no traslada votos a quienes se le unen o son ungidos por él. Los problemas de una ciudad que ha administrado sin visión de largo plazo terminarán por asfixiarlo y parece improbable que continúe después de este período. No se descartan investigaciones que pudieran implicarlo en casos de corrupción, y no son las lejanas y oscuras privatizaciones, sino más bien acciones como las del Transurbano. Su Partido Unionista nunca llegó a despegar como institución y es una organización personal.

 

Bandada de excandidatos

La lista de excandidatos presidenciales que han entrado en barreno es larga.  Algunos intentarán sobrevivir, otros puede ser que ya ni busquen el retorno.

Sandra Torres, la soñadora. Acompañó a Álvaro Colom –con quien se casó– para crear la UNE. Desde el cargo de primera dama mostró su afán por llegar a la Presidencia, y para ello desarrolló los Programas Sociales, pero su sueño se frustró cuando no pudo participar en las elecciones de 2011. En medio del primer colapso que sufrió la clase política el año pasado, ella pudo sobrevivir en las elecciones y se coló a la segunda vuelta, en la que fue barrida por un desconocido –políticamente hablando– Jimmy Morales.

Ahora pretende liderar la oposición, pero la poca simpatía que genera en las regiones urbanas y su actitud prepotente con sus subalternos le hacen tener pocas posibilidades de navegar a la UNE sin confrontaciones y más transfuguismo. Aunque en política se ven a muertos arrastrar basura, parece poco probable que sobreviva con posibilidades de un liderazgo fuerte en el país.  Aun si hace un tercer intento, nadie apuesta por ella como futura gobernante.

Manuel Baldizón, incógnitas. ¿Quién diría hace 12 meses apenas que el dueño del partido Líder estaría en este momento al borde del precipicio político? En vez de recibir la banda presidencial el próximo 14 de enero, navega en un mar de dudas sobre su futuro. Ni siquiera ha vuelto de manera definitiva al país –se trasladó temporalmente a Miami–, y el partido que creó se desarma a pedazos.

Mostró poca habilidad durante la campaña electoral, cuando no pudo interpretar el sentir que se estaba creando entre la población. Se le vinculó al PP y se le llegó a ver como el símbolo del continuismo de la corrupción en el país. Es difícil lograr un reinvento para él en medio del rechazo generalizado a la clase política de la que él es una de sus mejores expresiones.

Algunos piensan que su salida de Líder es para volver con otro partido o movimiento, pero eso no terminaría de colocarle en otra posición. La tiene cuesta arriba, por no decir imposible.

Alejandro Sinibaldi, un fantasma. No llegó siquiera a ser candidato presidencial del oficialismo, por más que se presentó como el Delfín de Otto Pérez, y a quien Roxana Baldetti tenía que aceptar para mantener unido a los patriotas. Su estrategia fue desaparecer del escenario político, pero se habla de investigaciones de la CICIG en su entorno de negocios dentro del Estado. En cualquier partido en el que podría reaparecer –usado o nuevo– se le vincularía con ese pasado tenebroso de la clase política. Tal vez prefiera caminar con perfil bajo para evitar la atención de los entes de investigación. En todo caso, se sabe que mantiene algunas pretensiones, aunque sin posibilidades reales.

Zury Ríos, corre y va de nuevo. El ansia de poder también se hereda. Zury Ríos Sosa no deja de soñar con regresar a la Casa Presidencial, en donde ya estuvo de jovencita, per sus posibilidades son pocas. No tenía ni tiene partido y piensa en crear uno nuevo, aunque a la sombra del FRG de su padre, el general Efraín Ríos Montt. No es fácil presentarse con traje nuevo cuando tomó parte de legislaturas que apañaron gobiernos corruptos. Sus actitudes en campaña –hasta el uso de photoshop– fueron igual a las de los demás candidatos.

Mario Estrada y Juan Gutiérrez, más que suficiente. Nunca tuvieron posibilidades reales por diferentes razones, pero lo intentaron tres veces. Comprobaron que ni siquiera podían retener a sus diputados, menos crecer con partidos de cartón. Al primero le gusta el caciquismo que representa en oriente, y el segundo pretendió ser empresario influyente –sin lograrlo– en la política nacional. Sin un pasado sólido, su futuro político es inexistente.

Roberto González, sin rumbo. El candidato de Creo parecía ser un joven con futuro, pero quemó muchos barcos en las pasadas elecciones. No pudo apartarse de su visión de más de lo mismo y nunca se atrevió a desafiar al statu quo político; al contrario, apostó por él, al aliarse con uno de sus más claros exponentes: Álvaro Arzú. A Canela no le queda más que seguir con su partido, que, dicho sea de paso, se muestra debilitado. Si quiere seguir en el medio tiene que hacerse a sí mismo y a su grupo una reingeniería política. Él aspira a ser el Delfín del Señor de la Capital, lo que tampoco es seguro. La indefinición y su acercamiento con Arzú marcaron su pasado y pueden terminar de sepultar su futuro.

Alejandro Giammattei, suspirador. Siempre se presentó como del equipo de los buenos somos más, pero no pegó en ninguna de las tres campañas en las que ha corrido como presidenciable. Nunca ha tenido un partido fijo y no tiene un caudal propio. En la última elección pareció ser el que mejor interpretó al electorado urbano y a ello se debe su escalada de último momento, pero no alcanzó a ser identificado como el antisistema que muchos querían encontrar.

José Ángel López, poco ruido. El excandidato de Encuentro tuvo poca relevancia en la pasada campaña, pero al haber participado con el partido que se ha alejado más del sistema no sufrió tampoco ningún desgaste político. Su futuro se ve ligado a este partido, en el que sigue brillando más Nineth Montenegro que sus propios presidenciables. Sin embargo, también el partido tendrá que redefinirse en esta nueva etapa, porque se le empieza a percibir como parte de…, y eso podría restar las posibilidades de cara a un futuro en el que podrían surgir partidos nuevos.

Lizardo Sosa y Mario David García, máscaras. Estos dos candidatos terminaron siendo el rostro de Alfonso Portillo, el primero, y de los patriotas (PP), el segundo. Tuvieron poca relevancia en la campaña y no tendrán ninguna en el futuro, aunque Sosa ha mostrado cierta habilidad para subir, desaparecer y resurgir en el mundo de la política, porque así ha permanecido desde su pasado democratacristiano (de 1985 a la fecha).

Roberto Alejos, apagado. Prefirió no ser candidato presidencial por falta de recursos, pero cedió el partido Todos a un oscuro personaje –Portillo–, lo que le quitó popularidad en los centros más urbanos y en la población con mayor educación. Tampoco le ha ayudado el escándalo de su hermano, Gustavo Alejos.  Para colmo de sus males, si el exgobernante decide seguir en la política, está dispuesto a disputarle la estructura del partido, con el apoyo de su sobrino, Felipe Alejos. 

En política, el mundo suele dar muchas vueltas, pero para estos políticos la penumbra en la que se encuentran les plantea un futuro poco halagüeño. Más bien pareciera que si el país encuentra un mejor rumbo, surgirán nuevos liderazgos y entre estos veremos que muchos ya están apagados o se extinguirán poco a poco.

La debilidad de los partidos políticos explica la razón por la que la mayoría de diputados pretende que no se modifique de fondo la Ley Electoral y de Partidos Políticos, ya que con ello se podría motivar la formación de nuevos partidos, que surgirían con el ánimo de hacer evidentes las falencias de la mayoría de los ya existentes.

El futuro político de Baldizón es incierto. El partido que fundó se desgrana luego de que él perdiera la carrera por la Presidencia del país.

Alfonso Portillo, arriba, aceptó ante una corte de Estados Unidos que robó dinero del Estado, mientras que Alejandro Sinibaldi, abajo, no llegó a ser presidenciable del oficialismo.

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