Politica

LaRed: Coperachas vs. coperacha

CICIG

Por Crispino Picón Rojas

(Acción de recolectar dinero, pero también información y piezas valiosas.)

Los mejores alumnos de la clase política del país están indignados, porque resulta que ahora la sociedad los ve mal, solo por haber practicado en su máxima expresión la famosa ¡coperacha!, que no es otra cosa que reunirse un grupo de amigos para juntar dinerito.

En efecto, son décadas y décadas en las que se pasaba de un partido y grupo político a otro la estafeta, pero siempre lo que se hacía era recomendar que se siguiera con el jueguito económico, porque finalmente cada vez la experiencia acumulada era mayor. Ni modo, si no había quién los parara.

Que la coperacha verde (DC), la roja (MAS) —que poco duró—, la que se llamó piñata amarilla (PAN), la del robo con tres deditos (FRG), de la esperanza (UNE) —porque aspira con volver a robar—, y la desbocada naranja (PP). Cada una con su color y toque particular para robar, pero en el fondo, todas igualitas.

Ese fue el escenario que don Iván Velásquez vino a encontrar en Guatemala: Coperacha por aquí, coperacha por allá. Coperachas en los partidos políticos, coperachas en el Congreso, coperachas en el Gobierno y el sistema judicial y coperachas empresariales. Eso sí, todas con la buena intención de terminar con la pobreza, pero de los funcionarios y sus familias, y hacer más fortuna los empresarios.

El panorama era desolador; sin embargo, el comisionado colombiano comentó en una cena que una noche, pensando en como entrarle a un animal tan grande, tuvo una brillante idea: ¡si ellos hacen coperacha, nosotros también! Pero no sean mal pensados, porque don Iván no estaba pensando en hacerse millonario, sino en otro tipo de ¡coperacha!

Se juntó con doña Thelma Aldana y le contó su plan: Nosotros tenemos que hacer coperacha, pero de pruebas, de testigos, de colaboradores que sean eficaces. ¡Y lo están logrando!

Ya tienen la historia, con pelos y señales, de la coperacha de los diputados. Saben al dedillo la forma en que las juntas directivas sometían las voluntades de los diputados, favoreciéndoles con plazas fantasmas. Lo que sucede es que ahora cada vez que ellos meten pita, con los casos de Luis Rabbé y Arístides Crespo, ellos encuentran un largo listón que les está llevando a muchísimos diputados.

Según La Red de mis colegas meseros, este caso podría salpicar a decenas de diputados, y no se descarta que las investigaciones continúen con directivas anteriores. Por eso están más que nerviosos Roberto Alejos y Godofredo El Gudy Rivera, este último porque se le pueden empezar a sumar casos y casos, como sucede con Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti, que se han convertido en viajeros frecuentes, entre la cárcel y los tribunales.

La coperacha de los diputados se creó alegremente hace varios años, cuando se le ocurrió a alguien la brillante idea de usar esta mecánica para tener mejores ingresos, porque les habían cerrado la llave del Pacur y de otros negocitos.

Pero de una coperacha de la cual solo se ha hablado de la del color naranja, es la que hacen cada cuatro años los partidos políticos más fuertes. Resulta que lo que ahora se sabe de los dizque patriotas, es una práctica común. Mis colegas meseros me dicen que es algo que ellos escuchaban desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, los canales de televisión del Ángel antidemocrático repartían tiempo de aire para algunos partidos como si fueran chicles, pero eso sí, siempre había un favorito que era el que tenía publicidad, cheques y hasta infomerciales presentados como noticias, todo para llegar a la Presidencia y que pudiera devolver los favores.

Además, están las coperachas de los pistos de los financistas, que los candidatos o cabezones de cada partido distribuían según su ánimo y necesidades.

Y por supuesto, la supercoperacha del Gobierno, que se repetía cada cuatro años, hasta llegar a lo que hemos visto. No es nuevo saber que los funcionarios hacían coperacha con la compra de medicinas, con la construcción y supervisión de carreteras, y con cuánto contrato gigantesco se les ocurriera a ellos o a algún empresario chispudo.

El que dicen que está muy tranquilito es don Álvaro Arzú, el popular Mono de Oro, porque el no hizo ningún negocio en el que le puedan agarrar como a Pérez Molina. Eso sí, que no vayan investigar hasta de qué empresas es socio, porque podría haber más de una sorpresita.

En fin, que después de que siempre ganaban la coperachas por dinero, ahora parece que tienen más fuerza las coperachas de la información; sobre todo la que han hecho para tener sapos que sigan soltando la sopa.

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