Politica

A LAS URNAS EN 15 DÍAS, SOLUCIÓN ¡NO LO SON!

Daniele Volpe,

El malestar ciudadano con la clase política es gigantesco, y existe clamor popular por cambios sustanciales. Las Elecciones Generales, programadas para el 6 de septiembre, debieran ser una válvula de escape, pero en vez de eso generan frustración, ya que no se vislumbran cambios en el corto plazo. No romper el orden constitucional tiene un precio alto en este momento.
Ronald Mendoza/ rmendoza@cronica.com.gt
Como nunca, la incertidumbre flota en el ambiente. ¿No votar? ¿Votar nulo? Los políticos continúan su lucha por llegar a las elecciones y provocar el cambio constitucional de autoridades el próximo 14 de enero. En la población se percibe malestar y frustración, ya que no surgieron opciones diferentes.
Ese rechazo a las elecciones ha crecido por la decepción que ha provocado la corrupción y los abusos de la clase política. En la campaña electoral se ha visto también el clientelismo para buscar los votos necesarios para llegar al Congreso, a las corporaciones municipales o al Palacio Nacional.
La campaña electoral ha cobrado finalmente fuerza con debates y foros, lo que no significa que el interés popular sea alto, ya que las encuestas han demostrado que el fantasma del abstencionismo planea sobre este proceso, marcado por abusos, impugnaciones y candidaturas espurias de varios políticos que no llenan los requisitos de honestidad.
Tras los hechos ocurridos a partir del 16 de abril del 2015, cuando la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) haló el hilo de la corrupción y empezó a desvelar cómo las estructuras criminales enquistadas en el Estado tienen cooptado el sistema gubernamental, desde las municipalidades hasta los más alto del poder Ejecutivo, el interés sobre las Elecciones Generales, que se celebrarán el próximo 6 de septiembre, no volvió a ser el mismo de eventos anteriores.
Casos como La Línea, IGSS-PISA, drogas, dinero y poder local, sirvieron para traerse a tierra todo un proceso electoral, para entonces bastante adelantado, y para confirmar que hasta hoy la mayoría de políticos han hecho del erario y el poder público un botín para saciar sus intereses particulares y espurios, reduciendo con ello la venia popular expresada en el sufragio a un mero instrumento para viabilizar su provecho.
De tal cuenta es ingenuo creer que unas votaciones en estas condiciones sean una salida a tanta perversión en el Estado, decían varias voces. Entonces surgía el movimiento En estas condiciones no queremos elecciones, al son del clamor popular.
El punto sobre las íes lo supuso el informe El financiamiento de la política en Guatemala, también desarrollado por la CICIG, donde se pone de manifiesto lo maltrecha que ha quedado nuestra República, y con ello nuestra democracia, a causa de la instrumentalización de la política, donde la corrupción y el contubernio entre poder económico y poder político se han convertido en un elemento central del financiamiento de esta: Con los flujos de financiamiento privado —en la práctica, anónimos, ilimitados y sin control—, la política democrática es utilizada como un instrumento para la acumulación económica, en tanto los financistas de campañas no realizan sus aportes económicos, exclusivamente por identidad ideológica o por filantropía, sino por intereses muy concretos, se cita.
Así, el descrédito sobre los comicios fue inevitable y las elecciones terminaron por ser adjetivadas de farsa, inmorales, ilegitimas, etc., en las manifestaciones ciudadanas.

 

GUA29. CIUDAD DE GUATEMALA (GUATEMALA), 06/11/2011.- Una mujer muestra su dedo marcado con tinta roja indelebele tras votar en el centro de votaciones n˙mero 1 en la zona 1 capitalina durante la segunda vuelta de los comicios presidenciales en Guatemala hoy, domingo 6 de noviembre de 2011. La escasa asistencia de electores a las urnas es el dato m·s destacado de las elecciones de hoy en el paÌs, en las que los derechistas Otto PÈrez Molina, favorito de las encuestas, y Manuel BaldizÛn se disputan la Presidencia. EFE/Daniele Volpe

Las votaciones no son solución
Este es el punto que defiende la mayoría de analistas políticos consultados. Siete de nueve entrevistados coinciden categóricamente en esto.
Contundentemente no (no son una solución), la crisis política actual es porque se tiene un sistema político, social y económico colapsado, corrupto, e incluso sustentado en un modelo de desarrollo que no responde a las grandes mayorías de la población. Este necesita cambios profundos y una clase política distinta. Las elecciones lo que pueden hacer es profundizar la crisis, ya que seguirían gobernando los mismos, precisa Alejandro Aguirre, coordinador del Instituto por la Democracia (ID), de la Coordinación de ONG y Cooperativas (Congcoop), quien apuesta por un Gobierno de transición para la superación de la coyuntura.
En tono con lo antedicho, el colectivo Otra Guatemala Ya, manifiesta que con estos comicios lo único que se garantiza es la perpetuación de la actual situación de degradación del Estado y la continuidad de los niveles de corrupción. Por ello no vemos solución en un proceso electoral que, de manera ilegal y arbitraria, nos han impuesto.
Para Julio Curruchiche, de la Coalición Civismo Electoral (CCE), el problema no es el proceso electoral en sí, sino los actores que entraron en el juego político, quienes en su mayoría cargan con un desmerecimiento jamás visto en comicios precedentes, lo cual los hace indignos para pretender cargo público alguno.
Son ellos (políticos, candidatos, partidos) quienes no dan legitimidad al proceso. Entonces cómo pretender que este se convierta en una salida a la crisis, si quienes la han provocado son quienes aspiran a seguir al frente de la institucionalidad gubernamental. Es contradictorio. De tal cuenta, las elecciones no son una solución ni una válvula de escape. El sistema está colapsado; y las votaciones, reducidas a un proceso meramente formal y legal que hay que realizar, pero nada más, explica el representante de CCE.
Según Jorge Santos, director del Centro Internacional para Investigaciones en Derechos Humanos (CIIDH), el problema central en esto es que los ciudadanos hemos quedado en medio de las Elecciones Generales y de un alto nivel de defraudación por parte de los políticos, lo cual hace suponer, casi fehacientemente, que lo único que harán los comicios próximos es profundizar aún más el sistema clientelar que nos ha llevado a donde estamos.
Así, el proceso no debería realizarse sin antes reconfigurar el Estado; sobre todo, al ser evidente el malestar de la población por la clase política que se ha beneficiado del juego político, degenerando el proceso electoral, el cual hoy es altamente cuestionado y luce escaso de legitimidad por no configurar lo que necesitamos, agrega Santos.
Sucede que cumplir el ritual por el ritual no tiene sentido, dice Manfredo Marroquín, de Acción Ciudadana (AC), quien considera que los comicios no son un remedio para el problema que hoy enfrentamos, sino más bien un potenciador de la crisis.
Por su parte, Mario Itzep, del Observatorio Indígena, manifiesta: Las votaciones no son lo que se espera: una solución a la crisis y al Estado fallido guatemalteco que tenemos hoy, esto porque las condiciones y las oportunidades del sistema político y de partidos políticos no están dadas para que lo sean. El problema es estructural y sistémico y, por ende, la salida debe ser de iguales dimensiones.
Los comicios no serán un arreglo a la crisis; es un evento que tenemos que celebrar porque así corresponde legalmente. Pero la crisis que experimentamos actualmente es por una debilidad de los tres organismos del Estado y por otras instituciones públicas, lo cual nos hace pensar que es necesario, primeramente, hacer un proceso de reflexión y de propuesta de reformas legales e institucionales que, en este caso sí, nos permitan salir de la situación en la que nos encontramos. Este trabajo es de mediano y largo plazo, no tan expedito como la decisión en las urnas. Así, me gustaría pensar que la historia empieza con el proceso electoral, aunque no sea la solución, añade Carmen Ortíz, coordinadora del Programa de Opinión Pública, de la Universidad Rafael Landívar (URL).

Es una oportunidad
Contrario a todo lo anterior, José Carlos Sanabria, analista de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes), rechaza valorar el proceso electoral 2015 en los términos absolutos de una solución o no a la crisis vigente; más bien, prefiere tomar las elecciones como una ventana de oportunidad.
Las elecciones son un procedimiento democrático instalado para el cambio y la transición de los Gobiernos, y es el procedimiento que tenemos. Si no se respeta este método democrático, perderíamos uno de los principios de nuestro sistema: la alternabilidad en el poder. Así, el problema es que este entra en un momento de desequilibrio muy fuerte, donde se ha cuestionado su legitimidad; pero el proceso como proceso es el validado para el caso, ya que supone un nicho de oportunidad para adentrarse en los verdaderos desafíos que exige el contexto, detalla el académico de Asíes.
Ruben Hidalgo, director del Instituto Centroamericano de Estudios Políticos (Incep), coincide con Sanabria, y añade: El proceso no hay que verlo como una salida a la crisis que vive el actual sistema político guatemalteco, sino más bien como una ventana de oportunidad posible si se adhiere a este una serie de compromisos y de proyectos de reformulación y modernización del Estado y sus instituciones, en al menos tres áreas a saber: sistema de justicia, administración del Estado, y sistema político y electoral.
Para salir institucionalmente de la crisis, debemos ir responsablemente a las urnas y respetar la convocatoria electoral que existe y hacer una sabia escogencia entre la pobre oferta electoral. Con todo lo malo, siempre hay una esperanza puesta, y eso es una ventana de oportunidad para saltar a un nuevo Gobierno con algún nivel de mayor aceptación y credibilidad que el actual.

Una medicina a la altura  de la enfermedad
Con todo y las opiniones divergentes (unas más que otras), la coincidencia está en que las Elecciones Generales y al Parlamento Centroamericano 2015, difícilmente se detendrán y deberán saldarse, para bien o para mal. Eso sí, claros de que la ruta que debe emprenderse para superar la situación actual es mucho más compleja de lo que supone ir a las urnas el próximo 6 de septiembre.
Se necesitan cambios a la ley electoral, como inicio; y posteriormente una asamblea nacional constituyente para realizar esos cambios sustanciales que se necesitan, refiere Aguirre.
Santos expresa: En tanto no exista una modificación sustancial y profunda a una buena cantidad de legislación en el país, seguimos desarrollando incentivos que permiten esta corrupción. Lo que urge es superar este mal sistémico y estructural que nos tiene sumidos en el fracaso de Estado, pues bajo estas condiciones, sea quien sea que gane los comicios, tendrá la puerta abierta para continuar replicando la corrupción y la impunidad.
Lo antedicho lo comparte Sanabria, quien, aunque difiere en lo sustancial del presente tema, cree que el actuar de los electores en las urnas debe tener como uno de sus objetivos la reconfiguración de las fuerzas políticas en el Estado, de tal cuenta que haya un gran nivel de seguridad de que las reformas legales e institucionales serán viables tras la asunción de las nuevas autoridades a los diferentes cargos de elección pública, especialmente en el Congreso y el Ejecutivo.
Hidalgo también lo ve de la misma forma: Debemos hacer que los electos adquieran compromisos puntuales, y para ello necesitamos que los votantes tomen el proceso electoral con una visión estratégica que permita a la ciudadanía maniobrar políticamente en beneficio de las reformas que se necesitan.
Es definitivo que debemos elegir aun en estas condiciones; pero si lo vamos a hacer, debemos hacerlo en función de quien nos ofrezca más garantías en la persecución de los cambios estructurales que necesita el país, puntualiza Ortíz.
Por último, y contrario a lo anterior, Marroquín cree que es difícil precisar con exactitud qué necesitamos para superar la crisis actual, destacando que será el día a día el que nos irá dando la pauta por dónde debemos ir. Y claro, descartando por completo las votaciones como una vía a seguir.
Las cosas así, es casi concluyente de que las Elecciones Generales y al Parlamento Centroamericano 2015 no son una solución a la problemática que enfrenta el Estado guatemalteco y que, en todo caso, ir a votar significará, en buena medida, una apuesta sumamente riesgosa, donde las nuevas autoridades tendrán la oportunidad de converger en las demandas ciudadanas y superar la debacle actual del país, o terminar por afianzar el régimen de corrupción.
El proceso electoral quedó, y es el sentimiento extendido que se percibe, como un proceso que hay que saldar, pero no trae ninguna solución.
Entonces, el primer domingo de septiembre del 2015, 7.5 millones de ciudadanos guatemaltecos se verán de frente con la decisión más difícil de todas: elegir de entre 25,368 candidatos, la mayoría representantes de un sistema corrupto, a aquellos que habrán de ocupar los 3,959 puestos gubernamentales en juego. Esto parece un hecho en este momento, pero en realidad no se debe ver como un final, sino más bien como un punto intermedio en la lucha ciudadana por lograr cambios.
El nuevo Gobierno y autoridades que asumirán el 14 de enero del 2016, no contarán con el llamado beneficio de la duda. Serán fiscalizados por la sociedad desde el momento en que se nombren funcionarios. La clase política apenas ha entendido que el malestar es gigantesco y que se quieren cambios de fondo y no de forma
El nuevo Gobierno y autoridades que asumirán el 14 de enero del 2016, no contarán con el llamado beneficio de la duda. Serán fiscali-zados desde el inicio por la sociedad.
Los comicios no serán un arreglo a la crisis, es un evento que tene-mos que celebrar, porque así corresponde legalmente

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