Opinion

¿Quo vadis Guatemala?

Gonzalo Marroquin (3)Gonzalo Marroquín Godoy


 

Quo vadis es una frase en latín que significa ¿a dónde vas?, pero más allá de eso, tiene una connotación histórico-cristiana, porque marca un momento en el que Pedro huía de la persecución que se daba en Roma y su encuentro con Jesús, quien le recuerda que debe enfrentar los desafíos que se viven en la capital del imperio más poderoso de aquel momento. Pedro vuelve a Roma, en donde termina sus días, se convierte en obispo y muere martirizado.

Ese ¿a dónde vas? puede ser oportuno en este momento. Guatemala está cambiando, y lo que no cabe es huir, dar marcha atrás, o simplemente conformarnos con lo que hasta ahora ha sucedido. Se ha dado una especie de revolución ciudadana, impulsada por el destape de escándalos de corrupción, que han puesto fin a la cultura de tolerancia que nuestra sociedad había construido con el paso del tiempo.

Aún podemos recordar que un comentario común entre nosotros era el aquí no pasa nada, por más que se conocían casos de corrupción, como privatizaciones, compras y contrataciones del Estado dirigidas hacia amigos o concedidas a cambio de dádivas multimillonarias; cuando no, participación de funcionarios en las mismas sociedades anónimas que ganaban los negocios o pasaban a manos privadas.

Lo que está sucediendo en Guatemala es inédito, pero no solo para nuestro país; es inédito a nivel mundial, por lo que aquí se está enfrentando como en ninguna otra parte del mundo, por más extraño que ello parezca. Por supuesto que lo que se está cortando es apenas la punta de un iceberg gigante, pero eso no se ha intentado en otras latitudes, al menos no llegando hasta la Presidencia y Vicepresidencia, por más indicios que se puedan tener.

Pero no debemos olvidar que todos los procesos judiciales se encuentran apenas en sus fases iniciales, y cabe esperar que el sistema corrupto que se ha estructurado, y abarca los tres poderes del Estado, aún se resista a ser desmantelado y libre batallas insospechadas hasta ahora. Ese sistema está como el depredador que espera pacientemente a su presa para no provocar un alboroto innecesario que le descubra antes de su asalto final.

Eso quiere decir que hay batallas ganadas –y vaya que han sido importantes–, pero la guerra sigue abierta, el enemigo aún tiene fuerzas y no se ha dado por vencido.  Al contrario, se prepara para enfrentar lo que viene y confía contrarrestar con el tiempo el desequilibrio que se ha producido en su contra. Por eso es oportuno preguntar, ¿quo vadis Guatemala?.

Es momento de mantener la presión. No se crea que en el sistema de justicia todo está arreglado. Si no, miren lo que cuesta que avancen casos como el de Cristina Siekavizza, o los que involucran a algunos jueces o magistrados. La telaraña de la impunidad ha sido rota por el MP y la CICIG, pero rápidamente hay arañas que intentan repararla para mantener ese status quo que se intenta cambiar de raíz.

Ciertamente, la clase política aún no termina de asimilar el golpe que representa el voto en contra de las candidaturas tradicionales de Manuel Baldizón y Sandra Torres, pero ya su reagrupamiento se está produciendo en el Congreso, en donde se quiere retener el mismo poder de antes. No quieren hacer una reforma adecuada a leyes tan importantes, como la Electoral y de Partidos Políticos, la de Compras y Contrataciones, o la de Servicio Civil. Ellos quieren que se les permita hacerles maquillaje al estilo de antes y que todo siga igual, mientras ganan tiempo para que pase el fuerte oleaje ciudadano en contra de ellos.

No debemos volver a lo mismo. Los cambios que se han producido son importantes, pero corren el peligro de debilitarse. Si se pierde la oportunidad de profundizar en ellos para hacerlos significativos y que se mantengan en el tiempo, en algunos meses o pocos años, volveremos a más de lo mismo, porque esa clase política recuperaría su poder y volvería a imponer el marco de impunidad en el que se siente tan cómoda.

En el mundo han existido Gobiernos mucho más corruptos que los nuestros –ver ejemplo en un artículo que se publica hoy en Crónica–, pero solamente en Guatemala se ha logrado que un presidente y su vicepresidenta (Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti) salgan del cargo y vayan directamente de patitas a la cárcel, porque los agarraron con las manos en la masa. Este es un mérito gigantesco que hay que atribuir a pocos protagonistas: la prensa independiente, que denunció vigorosamente –principalmente elPeriódico–; el MP y CICIG, que no se vendieron, y al movimiento ciudadano que respondió con dignidad.  Ahora no es tiempo de huir o acomodarse, es tiempo de profundizar, de hacer valer el esfuerzo de los protagonistas; es tiempo de una Guatemala mejor… pero mucho mejor. No hay que contentarse con nata en la superficie.

No debemos volver a lo mismo. Los cambios que se han producido son importantes, pero corren el peligro de debilitarse. 

 

Comentarios

comentarios

Mas en Opinion

Gonzalo Marroquin

Reformas al sector justicia: polémicas y sin estrategia

JUAN MANUEL RODRIGUEZ2

Una Cuba fría

luis fernando copy

Quizá la forma de empezar sea tirar los inútiles propósitos y plantearnos una linda pregunta

EDUARDO COFIÑO

Me muero triste

MarioAlberto-0009

¿Un insensato dirigirá los destinos del Planeta? O Donald Trump y el narcisismo político

mario-fuentes-destarac

¿Puede la esposa del Presidente de la República optar al cargo de presidente o vicepresidente?

Renzo Rosal

Cuando se acomoda el discurso por conveniencia  

Gonzalo Marroquin

La globalización languidece

rodolfo  bay1

El retorno a la era de China

Pedro Cruz

Amigos y enemigos, mejoremos Guatemala

opinion-gustavo-leiva

La lepra se cura, pero la falta de conciencia no

Renzo Rosal

Un Gobierno funcional, pero ¿para quiénes?