Opinion

…La senda que nunca se ha de volver a pisar

Gonzalo Marroquin (3) Gonzalo Marroquín Godoy


 

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
Esto lo escribió el poeta español Antonio Machado (1875-1939) a principios del siglo XX. Machado amaba a su país y por eso criticaba lo que se vivía. De la política decía es repugnante, al no dar soluciones al pueblo. Veía –y sufría por ello–la forma en que la historia se repetía, por culpa de ese pueblo que se negaba a labrar su propio camino.
Algo parecido se ha vivido en Guatemala. Sin embargo, ese manifiesto despertar ciudadano parece ahora marcar un nuevo camino, que nos permite dejar atrás esa senda… que nunca se ha de volver a pisar, la senda de la corrupción, de la tolerancia, del ver, oír, callar y aceptar, como si el país no mereciera algo mejor que la clase política que nos viene imponiendo un estilo de democracia desde hace décadas.
Esa clase política ha hecho oídos sordos a los graves problemas nacionales; por eso no avanzamos en educación, la mortalidad infantil es una constante, la desnutrición y atención en salud son una vergüenza nacional, y qué decir de la inseguridad ciudadana, alimentada por la falta de oportunidades. Es más fácil ser marero, sicario o extorsionista, que encontrar un empleo decente.
Si de verdad no queremos volver a pisar la senda por la que hemos transitado, prácticamente, en los últimos 30 años, es importante aprovechar el momento actual y que terminemos de abrir los ojos, que comprendamos de una vez por todas que hay que cambiar significativa y profundamente el sistema de partidos políticos y establecer un marco que, aunque no sea perfecto –porque nada lo es–, nos permita entrar en ese camino diferente, en el camino de una democracia funcional, en la que el ser humano avance, en donde existan oportunidades para la mayoría y que el bien común nos ayude a convivir en paz, con justicia y respeto.
Las elecciones de este domingo están muy lejos de ser la solución. Pero estamos en el camino, estamos en la senda que queremos dejar atrás. Lo importante es seguir avanzando, y hacerlo tomado de la mano como sociedad, para que quienes resulten electos sepan claramente que aquí hay un antes y un ahora, que construye en este momento un mejor después.
Hemos visto que la fuerza ciudadana empuja, y vaya si no. Los resultados están a la vista, porque ese movimiento, esa gente que no se ha cansado de protestar durante más de cuatro meses, ha provocado –incluso– que las instituciones tengan que responder adecuadamente. La justicia, debemos reconocerlo, empieza a dar muestras de independencia y parece que la lucha contra la impunidad avanza. En el Legislativo, un botón de dignidad –Nineth Montenegro– obligó que la transa entre PP y Líder quedara a un lado al menos por un momento.
Hay esperanza, pero hay que ser cuidadosos, porque esa terrible clase política está organizada, tiene demasiada ambición y, sobre todo, no quiere por nada del mundo perder sus privilegios y que se le arranque de ese paraíso –para ellos– en donde han encontrado la fórmula para enriquecerse según el nivel de poder que cada quien alcanza.
No hay que precipitarse. Por ejemplo, ¿para qué exigir que se apruebe ya una Ley Electoral y de Partidos Políticos si los cambios se sugirieron a la ligera y serán aprobados al estilo de la propia clase política? ¡De ninguna manera! Esa ley es la que nos puede -y debe- asegurar que no volveremos a pisar la misma senda. Si la hacen ellos –la clase política–, la aprueban los mismos, a su estilo. No tendremos otra respuesta: LO MISMO.
Esa Ley hay que reformarla desde afuera de la clase política. Esa debe ser la ley del poder ciudadano para el accionar político, y no la ley de los políticos para imponerse sobre los ciudadanos. La democracia tiene un ordenamiento, y los políticos deben estar sujetos al poder del pueblo. Esa es básicamente la esencia de este sistema de gobernanza.
No se puede ser optimista con lo que sucederá el domingo. Votar en este momento, es una forma de decir que deseamos seguir dentro del marco democrático y constitucional. Algunos votarán porque hay algún candidato que llene sus expectativas, pero no faltará el voto por el menos peor. El viejo sistema no nos ha dejado muchas opciones, porque es tremendamente corrupto; y no son los mejores los que tienen más posibilidades, sino aquellos que más dinero han tirado en publicidad, bolsas de alimentos, premios y casi hasta puntos. Las campañas electorales también se prostituyeron hace mucho.
Aunque con muchísimas limitaciones, sí se puede castigar con el voto a algunos de los políticos corruptos, a aquellos que intentan perpetuarse en los cargos. Eso es, al menos, un primer paso hacer camino al andar.
Todos somos caminantes, estamos en el camino, pero hay que dejarlo atrás pronto y tomar un nuevo rumbo. Las elecciones no son la solución. La solución está en seguir bregando y luchando por cambios auténticos y profundos del sistema.
… Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Todos somos caminantes, estamos en el camino, pero hay que dejarlo atrás pronto y tomar un nuevo rumbo. Las elecciones no son la solución.

Comentarios

comentarios

Mas en Opinion

Gonzalo Marroquin

Reformas al sector justicia: polémicas y sin estrategia

JUAN MANUEL RODRIGUEZ2

Una Cuba fría

luis fernando copy

Quizá la forma de empezar sea tirar los inútiles propósitos y plantearnos una linda pregunta

EDUARDO COFIÑO

Me muero triste

MarioAlberto-0009

¿Un insensato dirigirá los destinos del Planeta? O Donald Trump y el narcisismo político

mario-fuentes-destarac

¿Puede la esposa del Presidente de la República optar al cargo de presidente o vicepresidente?

Renzo Rosal

Cuando se acomoda el discurso por conveniencia  

Gonzalo Marroquin

La globalización languidece

rodolfo  bay1

El retorno a la era de China

Pedro Cruz

Amigos y enemigos, mejoremos Guatemala

opinion-gustavo-leiva

La lepra se cura, pero la falta de conciencia no

Renzo Rosal

Un Gobierno funcional, pero ¿para quiénes?