Opinion

La intolerancia es mal síntoma; exagerada tolerancia, también

Gonzalo Marroquin (3)

Enfoque: por Gonzalo Marroquín Godoy

Luego de la derrota de Estados Unidos frente a la Selección Nacional en el Mateo Flores el Viernes Santo (2-0), el periodista de ESPN, David Faitelson escribió en su cuenta de Twiter lo siguiente: Estados Unidos pierde ante “un cualquiera” ++en lo futbolístico++ y Jurgüen Klinsman entra en seria crisis.

En realidad, un comentario de alguien que sabe de fútbol. Cuando calificó nuestro nivel futbolístico de un cualquiera, lo hacía partiendo del hecho de que históricamente no hemos logrado trascender en el plano internacional. Si bien ganamos un torneo de Concacaf disputado en 1967 en Honduras, nunca hemos logrado ir a un Mundial —ni siquiera solemos llegar a la ronda final de las eliminatorias— y apenas tenemos algunos logros a nivel de clubes en Centroamérica. Poca cosa para compararnos con los otros países de la región. Solamente estamos por encima de Nicaragua en cuanto a logros. Tal vez duele que nos digan un cualquiera, pero no hay elementos para rebatir al colega periodista.

¿Pero qué pasó con ese tuit que no era más que un comentario de un cronista deportivo?

Ah, saltó nuestro Presidente. Se indignó y sacó el pecho nacional. ¿Era necesario?, ¿lo hizo en una dimensión justa?

Esto dijo Jimmy Morales en su Twitter: Una actitud realmente lamentable y deplorable, deja mal parada a la cadena de televisión que representa, como guatemalteco me uno a la solicitud de una disculpa pública y que cambie de actitud, no es la primera vez que trata de esa manera a nuestro deporte.

A la indignación presidencial se sumo la Fedefut y muchos aficionados, quienes llegaron a exigir que ESPN despidiera a Faitelson.

Por supuesto que eso no ocurrió. Lo que sí sucedió es que los fanáticos despotricaron en las redes sociales y llegaron al extremo de expresar amenazas en su contra. En realidad, el Presidente, la Fedefut y los aficionados nos hicieron lucir mal a los guatemaltecos.

Pero el caso que más nos debe preocupar es el del presidente Jimmy Morales, porque le retrata como alguien intolerante y, peor aún, como alguien que no sabe dimensionar su cargo y las circunstancias.

Recordemos que todo eso ocurrió en medio de la Semana Santa y pasó desapercibido para muchos.

Sin embargo, unos días después, se da el caso de un niño de 11 meses, que deshidratado y muy enfermo, fue llevado por su madre a un centro de salud en la zona 6. No le pusieron suero, no lo atendieron, y simplemente le dijeron: Hay que llevarlo a un Hospital. ¿Por qué no lo atendieron? ¿Por qué no pidieron una ambulancia? ¿Negligencia o incapacidad del médico? El niño murió en el camino. ¡Sí!, evidentemente estaba muy grave.

Aquí no hubo ninguna publicación en Twitter, ni siquiera dijo a la prensa que se haría una investigación para determinar por qué no se atendió al pequeño. Eso sí, defendió a capa y espada —lo que no digo que sea malo— a su ministro de Salud, Alfonso Cabrera, quien, dicho sea de paso, se limitó a hablar de todo lo bueno que ha hecho, cuando le cuestionó la prensa sobre lo sucedido.

Tolerancia exagerada del Gobernante. Como dice el refrán, ni muy muy, ni tan tan.

Por un lado, si se la va a pasar respondiendo a todos los comentarios, tuits, y lo que digan las redes sociales sobre él, su gestión administrativa o el país, y no le guste, pues la pasará mal. Debe tener presente que TODOS tenemos derecho de expresarnos con libertad. Los funcionarios públicos están bajo la lupa y el escrutinio público todo el tiempo. Aquí debe tener tolerancia.

Pero en el otro extremo está esa tolerancia alarmante. Cuando suceden cosas de verdad trascendentes es cuando se espera una reacción de él, pero en la dirección correcta.

Las redes sociales criticaron que se buscara un avión para llevar a el Pescado Ruiz a jugar a Estados Unidos en compañía de la presidenta de la Fedefut, el hermano del presidente y un hijo suyo, pero no se hubiera movido un dedo para que hubiera una ambulancia para el niño grave. Cierto es que no lo supo en su momento, pero al menos se podía preocupar porque haya protocolos para esos casos en el futuro.

Se imaginan ustedes, apreciados lectores, cuántos niños o personas deben morir en el interior del país porque no encuentran la asistencia médica adecuada.

De eso se debe preocupar el Presidente. De mejorar la educación, la salud pública, combatir la criminalidad, de que las cosas en el Gobierno se hagan de manera transparente y eficiente, no de andar pendejeando con comentarios en las redes sociales como quinceañero ofendido.

Yo creo que nuestro fútbol es un cualquiera malito, pues—, como también sé que en nuestro país las cosas no marchan bien en muchos aspectos. Si el fútbol no se levanta, no pasa nada, pero si las cosas no mejoran en el orden social, entonces sí estamos bien fregados.

Ojalá que la intolerancia en las cosas sin importancia o chicas no sea preludio de lo que veremos más adelante con don Jimmy. Y ojalá, también, que la tolerancia exagerada que mostró en el caso del niño fallecido no se vuelva un patrón suyo y de su administración en las cosas que de verdad hay que mejorar y aclarar.

¿Qué valía más la pena: Defender nuestro fútbol —que es un cualquiera— u ordenar la investigación del caso del niño que murió por falta de la atención debida en el sistema de salud?

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