Opinión

El incierto futuro de la administración tributaria

A partir del descubrimiento de La línea, la red de defraudación aduanera en la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), la situación interna de dicha institución se ha deteriorado significativamente, tanto por la pérdida de confianza de los trabajadores honestos en sus autoridades, como por el manifiesto desinterés del Directorio por promover una transformación real que conlleve la recuperación de la calidad técnica y profesional.

Para el trabajador honesto de la SAT, que los hay bastantes, no es gracia que su desempeño esté siendo cuestionado, no solo por su eficiencia, sino también por su honradez. Esta situación producirá, como ya ocurrió luego de la época Abadío, una migración de muchos empleados capaces a la competencia (departamentos de contabilidad y finanzas en el ámbito privado), dejando a la SAT con una debilidad mayor. El desorden en la SAT ha producido un deterioro en la recaudación tributaria que producirá una brecha fiscal superior a los Q 4,100 millones. 

Ante ello, cabría inquirir: ¿qué está haciendo el Directorio para corregir los problemas? Y si continúan las cosas así: ¿qué están considerando los candidatos a la Presidencia de la República para corregirlos, en el entendido de que la falta de capacidades de la SAT impactará en el cumplimiento de sus promesas compromisos?

El Artículo 7.º, de la Ley Orgánica de la SAT, establece que una de las funciones del Directorio es Aprobar o dictar las disposiciones internas que faciliten y garanticen el cumplimiento de los objetivos de la SAT, de las leyes tributarias y aduaneras y de sus reglamentos. 

Con un mayor grado de importancia, encontramos la falta de tratamiento que todos los candidatos políticos le están dando a la situación fiscal. ¿Con qué se van a financiar los programas para mejorar la situación social, el combate a la pobreza, la situación de los hospitales, la creación de oportunidades, como han sido planteadas? A la fecha, ningún aspirante a presidente ha intentado colocar sobre la mesa de discusión sobre la situación de la SAT.

Los problemas sociales que muestran los candidatos son ciertos, y el pueblo guatemalteco merece saber con qué se espera pagar los compromisos electorales. 

Muchos candidatos argumentarán que no pueden influenciar el trabajo del Directorio de la SAT, pero sí pueden exigir que el mismo cumpla con sus funciones, a fin que se adopten las medidas mínimas para que cuando llegue el 2016 la situación de la SAT sea mejor. Por ello, es impostergable que los presidenciables actúen en forma transparente y comuniquen a la sociedad cómo enfrentarán la situación fiscal actual. También es vital que los ciudadanos exijan a sus candidatos pasar de las canciones y los anuncios simplistas a la discusión sobre sus propuestas y el norte que seguirán para cumplirlas, especialmente en lo fiscal. 

Comentarios

comentarios

Mas en Opinión

Mario Alberto Carrera: VIVIR EN GUATEMALA

Opinión/Eduardo Cofiño: Carta de respuesta a Paco

La persistencia de la memoria y el abominable pecado de los llamados ‘políticos’

El país de ‘nada cambia’, porque ‘estamos mejor’

2017 ¿Pocas esperanzas?

Preguntas sin respuesta!!!

Más del ‘Gringo Perdido’

EN 2017: LA CONTUMAZ MEMORIA, MARTILLANTE

Máxima metida de pata: situar los Acuerdos de Paz en la misma categoría que los textos de Quiriguá

Hambre, pobreza y corrupción

Es conveniente una política salarial

El racismo y la actualidad de sus manifestaciones