Opinión

JOSÉ ALFREDO CALDERÓN: El general histrónico (final)

José Alfredo Calderón E.*

Aunque sin éxito, el alzamiento militar del 13 de noviembre de 1960 debilitó aún más al alicaído binomio gubernamental de Miguel Ydígoras Fuentes y el ganadero Manuel Ralda Ochoa. No había llegado ni a la mitad del mandato (32 de 72 meses) y el malestar social ya era manifiesto en toda la población. Un hecho poco conocido lo debilitaría aún más, las fraudulentas elecciones municipales y legislativas del domingo 3 de diciembre de 1961, en el que la extrema derecha se repartió los escaños (50 de 66). La alianza entre Reconciliación Democrática Nacional –REDENCIÓN, el partido de Ydígoras–, el Movimiento Democrático Nacionalista[1] y el Partido de Unidad Democrática –PUD– pronto se desgranó y el gobierno del general histriónico ya no solo tenía la animadversión de todos los sectores populares y progresistas, sino también de la oposición política, también de derechas. No está demás indicar que la participación ciudadana no alcanzó ni la mitad de votantes (44.48%).

Los alegatos de fraude contra el gobierno de Ydígoras[2] encendieron más a la población y el 1 de marzo de 1962, fecha designada para que los nuevos diputados tomaran posesión, el pueblo organizado ya estaba en pie de lucha. Los estudiantes de la USAC y de “postprimaria” (AEU Y FUEGO) lideraron las protestas. Un mes antes, el 7 de febrero, surge la primera organización guerrillera[3], el Movimiento Revolucionario 13 de noviembre –MR-13– liderado por Yon Sosa, Turcios Lima y el civil César Montes (Julio César Macías).[4]

Paros de labores en las facultades de la USAC (dispersas por la ciudad), banderas negras denunciando la “muerte de la democracia” y apoyos de sindicatos y gremios, alentaron manifestaciones cada vez más grandes. Los paros estudiantiles se trasladaron a las calles y las principales entradas y salidas de la ciudad capital fueron tomadas para impedir el paso de vehículos. El gobierno corta las redes telefónicas mientras los manifestantes toman las radiodifusoras para difundir sus mensajes. Ya no solo ardía la ciudad capital: Jutiapa, Chiquimula, San Marcos, Huehuetenango, Retalhuleu y, sobre todo, Quetzaltenango, se habían unido a las protestas populares. El movimiento surgido al calor del descontento social se fortalece, al unirse campesinos, pequeños empresarios (sobre todo del comercio), mujeres (de muy destacada participación por cierto), colegios profesionales, autoridades universitarias y claustros de profesores; artistas, intelectuales, académicos y el poderoso Frente Unido del Magisterio Nacional –FUMN–. El conato de guerra civil había iniciado en marzo y abril de 1962.

Las demandas contemplaban la anulación de las elecciones legislativas, la renuncia de Ydígoras, la disolución del Congreso, reforma agraria, la derogación de la Constitución anticomunista de 1956 y el restablecimiento de la de 1945, entre otras demandas menores. La represión oficial no se hizo esperar[5], así como el manido discurso de que las protestas eran provocadas por “comunistas”. El general histriónico utiliza su último y desesperado recurso: transar con las fuerzas armadas del ejército, cambiando todo su gabinete por ministros militares. Por otra parte, proporciona un dulce a la ciudadanía al invitar públicamente al Dr. Juan José Arévalo Bermejo para que regrese al país y participe en las elecciones a finales de 1963, como un ardid para salir de la crisis y evitar su caída. Las protestas continúan aunque sin la contundencia de marzo y abril. El 29 de marzo de 1963, los diarios anuncian la presencia del primer gobernante de la Revolución en territorio nacional. El contubernio entre el gobierno, los militares de línea dura, empresarios ultraconservadores y el departamento de Estado norteamericano se concreta. La tradición de deslealtad castrense continúa y el coronel Enrique Peralta Azurdia, ministro de la Defensa de Ydígoras, encabeza el golpe de Estado del 31 de marzo de 1963, confirmando que: “La historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa”. 1954 y 1963, los escenarios que coronan la histórica frase…

* Historiador y analista político, eterno soñador de un país diferente.

[1] El MDN se convertiría después en el tenebroso Movimiento de Liberación Nacional –MLN–, liderado por Mario Sandoval Alarcón, quien lo autodenominó en los años setenta como el partido de la “violencia organizada”. Llama la atención el mote de “democrático” que usaban casi todos los partidos, en una competición en la que –prácticamente– solo competían las derechas.

[2] Paradójicamente, el mismo representante de REDENCIÓN NACIONAL alega propaganda anómala en favor del MDN y el Partido Revolucionario durante los comicios.

[3] Srictu Sensu las primeras guerrillas surgen en el siglo XIX con el movimiento de los Montañeses y los Lucíos en Oriente. Pero en su sentido moderno, el MR-13 es el primer movimiento guerrillero revolucionario en Guatemala.

[4] Un año más tarde se formarían las Fuerzas Armadas Rebeldes –FAR– y para entonces la guerrilla conformaba un frente unido con el Partido Guatemalteco del Trabajo, el MR-13 de noviembre y el “Movimiento 12 de abril” formado básicamente por estudiantes. Los civiles Bernardo Alvarado Monzón, Mario Silva Jonama, Joaquín Noval y Bernardo Lemus completaban el círculo principal. Como dato curioso, fue en el Fu Lu Sho de la sexta avenida de la zona 1 donde se celebró la reunión fundatoria del Frente Guerrillero, nombrando a Yon Sosa como su jefe militar.

[5] En un inicio el ejército no interviene en la represión e incluso algunos oficiales ya habían iniciado pláticas con el movimiento social para un posible escenario “post Ydígoras”.

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