Opinión

ENFOQUE: HELPS, trabajo desinteresado

Gonzalo Marroquín Godoy

Tejutla es un municipio de Guatemala situado a 271km. de la capital en el departamento de San Marcos. Aunque ahora parece una comunidad poco desarrollada, tiene un pasado rico en historia. A la llegada de los españoles en 1524 ya era un poblado importante de la etnia mam y cobró relevancia en la época colonial cuando se le conoció como la Villa de Santiago de Tejutla, con fuerte presencia de la orden católica de La Merced (curas mercedarios).

Fue parte del Estado de los Altos, que entre 1938 y 1940 se segregó de Guatemala y pasó a ser el Sexto Estado de la Federación Centroamericana. Menciono todo esto, porque en este municipio de cerca de 50.000 habitantes, marcado ahora por la pobreza, tuvo lugar esta semana la primera de diez jornadas que realiza anualmente en el país la organización HELPS, enfocada esta en el área de salud.

Hace más de tres décadas que HELPS realiza jornadas médicas en Guatemala –entre otros programas– y suple una deficiencia del Estado.

En realidad es grato compartir con los lectores que desde Estados Unidos vinieron 72 voluntarios entre médicos, enfermeras y asistentes, quienes durante cuatro días atendieron a 1.200 personas de la zona, entre las cuales 120 fueron sometidas a operaciones de otorrinolaringología, cirugías plásticas y ginecológicas, además de atender 219 consultas dentales.

Adultos y niños pudieron hacer consultas médicas gratuitas, algo que el Estado de Guatemala no logra realizar con su deficiente sistema de salud.

Lo admirable de estas jornadas es que son un ejemplo de solidaridad, sobre todo, porque cada médico o voluntario que viene, no solo aporta su tiempo y conocimientos, sino además cada quien paga sus pasajes y gastos, además de colaborar con equipo, medicinas y productos médicos.

He tenido la oportunidad de ver fotografías de niños con malformaciones por labio leporino tratados en estas jornadas en Tejutla, con resultados altamente satisfactorios, lo que permitirá que los pequeños tengan una vida completamente normal. Sin la intervención de estos “ángeles” que vienen al país a servir, los niños tendrían una vida más complicada, con dificultades para su alimentación, problemas dentales y retrasos en el habla. Es decir, que su desventaja en la vida sería enorme.

No es un secreto para nadie, que nuestro sistema de salud es deficiente de la A a la Z. El país carece de centros especializados y los dos grandes hospitales de referencia, el San Juan de Dios y el Roosevelt, quedan demasiado lejos de estas comunidades. Además, cuando las personas logran llegar, casi siempre se les presta mala atención.

La necesidad es tan grande, que en cada jornada que organiza HELPS hay siempre una gran demanda en los lugares que ellos seleccionan, precisamente por tener mayor necesidad.

Muchas de estas jornadas tienen poca cobertura noticiosa. De hecho, los voluntarios ni la organización buscan publicidad, simple y sencillamante porque se trata de una labor desinteresada que no tiene más objeto que el de llevar una esperanza de vida mejor a los pacientes que son intervenidos quirúrgicamente.

De acuerdo con la información que pude obtener en la web, HELPS fue fundado en 1984, cuando dos estadounidenses, Stephen Miller –hombre de negocios– y Paul Townsend –traductor que trabajaba en el interior–, unieron su esfuerzo en este proyecto. El empresario olvidó los negocios que había venido a realizar a Guatemala y emprendió el esfuerzo sin fines de lucro.

Desde entonces involucran a médicos estadounidenses en esta tarea, aunque se ha ampliado a otro tipo de programas, todos enfocados en contribuir a que disminuya la pobreza extrema que es evidente en las regiones más marginadas del país.

Cabe destacar también –de manera muy positivamente– la participación de voluntarios guatemaltecos que se suman en tareas de apoyo y logísticas, todo lo cual permite que cada jornada sea un éxito.

Según los datos conocidos, HELPS ha instalado en el país cerca de 100.000 filtros de agua y más de 150.000 cocinas limpias, es decir, agua segura y hogares sin humo, lo que se traduce en familias más sanas y felices.

No se trata de ninguna “intervención” ni pisoteo de nuestra “soberanía”. Es un esfuerzo internacional que llega al país, porque nuestro sistema de salud, el Estado de Guatemala, es incapaz de este servicio a la mayoría de habitantes que lo necesitan. Es una analogía eficaz para mostrar que cuando algo no funciona bien, como puede ser la educación, la seguridad o la justicia, cualquier ayuda debiera ser aplaudida y agradecida.

Ojalá, por supuesto, que llegue el día en que no se necesite de esta ayuda, porque tengamos un Gobierno eficiente que cumple con su deber. Mientras eso ocurre, hay que agradecer PROFUNDAMENTE estas acciones de corazón desinteresado.

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