Opinión

El “subibaja” de los movimientos sociales en el contexto de la guerra

(Primera parte)

José Alfredo Calderón E.

Desde 1954 a 1986, el movimiento social y la protesta política se caracterizaron por tres cosas:

  1. La unificación ante un enemigo en común: las dictaduras militares;
  2. El carácter oscilante entre el auge, el declive y el resurgimiento ante la represión del Estado y sus agentes anexos y conexos;
  3. La orientación ideológica del movimiento de masas, fuera esta socialdemócrata, socialcristiana, socialista o claramente marxista.

Con el descabezamiento del movimiento social y popular, sindical, campesino, estudiantil, académico, artístico y, sobre todo, político, que significó la contrarrevolución mediante la intervención norteamericana[1], pocos se atrevían a presagiar un resurgimiento del movimiento de masas. Sin embargo, la inestabilidad provocada por la falta de legitimidad del gobierno de Castillo Armas que culmina con su asesinato en 1957; el tránsito turbulento hacia las elecciones de 1958, que resultaron fraudulentas y provocan una repetición que es ganada por el General Ydígoras Fuentes; así como el malestar dentro de las filas del ejército que se corona con el Movimiento 13 de Noviembre de 1960, fueron creando condiciones para el resurgimiento de la actividad sindical, gremial, estudiantil e intelectual, que tienen en las Jornadas de Marzo y Abril de 1962 su principal apogeo.

Luego viene una reedición conservadora, una burda copia de 1954 en la que el Coronel Enrique Peralta Azurdia, con su golpe de Estado del 31 de marzo de 1963, aplaca toda actividad democrática y de disenso, descabezando nuevamente al movimiento social y reeditando el exilio forzoso de cientos de intelectuales y dirigentes populares guatemaltecos, lo cual incrementó a miles la diáspora de connacionales en México, Argentina y otros países. Sin embargo                                          –paradójicamente– las dictaduras militares daban a las masas, ese sentido aglutinador, ese espíritu de cohesión que brinda un enemigo en común y una sólida formación política en sus cuadros dirigenciales y líderes. Así las cosas, no fue sorpresa que las libertades mínimas que brindó el gobierno de Julio César Méndez Montenegro[2] en 1966-1970, resultaran suficientes para rearticular el movimiento de masas.

Aunado a ello, la actividad de la primera guerrilla[3] se incrementa y la respuesta violenta del Estado no se deja esperar. Al coronel Carlos Arana Osorio, “ganador” de las elecciones de 1970, le antecede un tristemente célebre desempeño como “El Pacificador de Oriente”[4], aludiendo a la represión que desató en ese sector del territorio nacional, la cual se extendió a los espacios urbanos, logrando aniquilar la primera fase de guerra de guerrillas del siglo XX. Sin embargo, muchos cuadros seguirían –ya sea en la clandestinidad o en el exilio– tratando de rearticular el movimiento guerrillero e influir en el movimiento social, lo cual se logra durante el férreo gobierno de Arana Osorio, muy a pesar del constante Estado de Sitio y sus acciones dictatoriales con las que gobernó.

Pero el péndulo continúa, y a pesar de la represión Aranista, el movimiento social vuelve a rearticularse y hacerse más fuerte, sobre todo por la fortaleza del sector magisterial, que en 1973 pone en jaque al gobierno militar por medio de la huelga general de maestros, provocando una efervescencia social y política que se cristaliza en el apoyo al Frente Nacional de Oposición –FNO– que impulsaba la candidatura de Efraín Ríos Montt y Alberto Fuentes Mohr, en torno a la coalición de la Democracia Cristiana Guatemalteca (DCG), el Frente Unido de la Revolución Democrática (FURD)[5] y el Partido Revolucionario Auténtico (PRA)[6], así como un amplio frente de organizaciones sociales de todo tipo. Continuará…

José Alfredo Calderón E.

Historiador y analista político

[1] Interesante como por muchos años, la intervención norteamericana fue negada a pesar de la obviedad de las pruebas y testimonios. Hoy en día, ninguna persona con información básica puede negar dicha intervención. Al respecto, cabe esperar la distancia histórica de los acontecimientos de La Plaza en 2015 para confirmar o desechar la manipulación de la misma, sin que por ello, restemos legitimidad a la protesta.

[2] Recordemos que a pesar de su naturaleza “civil”, este fue un gobierno “militar” más, gracias al “Concordato” con el que los militares maniataron al abogado Méndez Montenegro durante su gestión.

[3] Se habla de una primera guerrilla, esencialmente urbana, ladina y con fuerte presencia “clasemediera”, con expresiones aisladas en el oriente del país. Se calcula que nunca fueron más de 400 hombres mal armados y con entrenamiento militar muy pobre, que en ningún momento representaron una amenaza militar al sistema.

[4] Comandante de la Zona Militar de Zacapa “General Rafael Carrera”, la Zona más importante dado el movimiento guerrillero, formado básicamente por las Fuerzas Armadas Rebeldes –FAR–

[5] El FURD todavía no era partido político, siendo hasta 1979 cuando logra su inscripción (ya solo como FUR), lo cual –trágicamente- coincide con el asesinato de su líder: Manuel Colom Argueta.

[6] Posteriormente Partido Socialista Democrático en 1983.

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