Editorial

PlazaMayor: La muni necesita cambio; alternabilidad es democracia

Ningún alcalde ha estado siquiera la mitad del tiempo que él al frente de la Municipalidad de Guatemala. Álvaro Arzú se ha convertido en virtual propietario del cargo de alcalde capitalino –sumará 17 años–, y ahora enfrenta una nueva campaña electoral con serias posibilidades de prolongar su mandato, ante la falta de interés que muestran la mayoría de partidos políticos para postular candidatos.
A los 69 años, Arzú mantiene el liderazgo de su pequeño Partido Unionista (PU), que ni siquiera hace campaña electoral, más allá de la publicidad solapada que recibe de parte de la televisión abierta. No asiste a debates, tampoco se acerca a la población para buscar los votos, simplemente confía en la debilidad de sus oponentes.
Pero después de cuatro períodos al frente de la comuna, muchos capitalinos empiezan a cuestionar si los resultados que están a la vista son suficientes para una administración que ha tenido tanto tiempo para cambiar la ciudad. Además, la falta de atención a la voz de los vecinos y la negativa a sumarse a la mancomunidad metropolitana para tratar con sus colegas vecinos la problemática integral, hacen que las dudas arrecien.
Por otra parte, los graves problemas de la ciudad siguen latentes, a pesar de tanto tiempo que Arzú y su equipo han tenido para solucionarlos: 1. Tránsito. La ciudad es una de las más caóticas del continente; 2. Transporte urbano.

El Transmetro ha sido positivo, pero sus ramales no han sido creados a la velocidad que la metrópoli demanda. La Municipalidad se ha desatendido del resto de transporte colectivo. La inseguridad y el pésimo servicio destacan; 3. Agua. Se explota el manto acuífero sin orden; 4. Drenajes. La falta de atención al sistema de toda la ciudad se ha mantenido como un peligro de alto riesgo. No hay tratamiento de aguas, y la capital contamina los municipios vecinos; 5. Desarrollo desordenado.
Lo peor de todo, es que no existe un plan maestro que permita suponer que los problemas están en agenda y serán atendidos de la mejor manera. Se observa un marcado acomodo de la corporación municipal, que además mantiene un aislamiento con los vecinos, que no tienen mecanismos para comunicar su malestar. Los alcaldes auxiliares, que con otras administraciones eran canal eficiente, ahora no son más que funcionarios a sueldo de la Municipalidad.
Uno de los peores defectos de la Constitución, es el permitir la reelección indefinida de alcaldes y diputados. Ello ha permitido que lo que hoy comentamos sobre Arzú, se replique en muchas comunidades, al mismo tiempo que la corrupción y falta de transparencia abunda. Los recursos municipales terminan siendo manipulados y aprovechados en cada proceso electoral.
La alternabilidad en el poder es una de las virtudes o valores de la democracia. En las auténticas democracias del mundo se prohíbe la reelección indefinida, aunque hay excepciones, sobre todo cuando se trata de legisladores que llegan a tener una especie de carrera parlamentaria. Hay también malos ejemplos de países en donde se ha reformado la Constitución para asegurar que las dictaduras que se imponen persistan. Los ejemplos más cercanos son Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia.
Arzú, hay que reconocerlo, ha sabido mantener su imagen como la de un político que alcanza cosas, como funcionario efi-ciente. Algo de eso tiene –aunque como hemos visto, no de manera suficiente–, pero tiene el defecto de que no gusta de la transparencia, uno de los atributos que van de la mano de la eficiencia auténtica.
Haber privatizado empresas bajo el argumento –válido– de que mejorarían los servicios públicos, sigue siendo algo que muchos recuerdan como positivo de su administración presidencial. Sin embargo, olvidan que fueron precisamente esas priva-tizaciones una de las fuentes de mayor corrupción que ha existido en el país.
No basta con hacer cosas. Hay que hacer lo que se necesita, de manera transparente y honesta. Se puede administrar una ciudad, pero no es correcto hacerlo de manera autoritaria, al extremo de que no se escuchan ni toman en cuenta los puntos de vista de vecinos y expertos en materia de desarrollo urbanístico. Arzú puede haber logrado avances para la ciudad, pero también es cierto que falta mucho por mejorar. Ya es momento de que alguien más pruebe hacer mejor las cosas.

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