Cultural

La organización de los pueblos previo a la llegada de los españoles Señoríos Mayas

El ocaso de la civilización maya principió a mediados del siglo X. Las invasiones toltecas encontraron pueblos dispersos, que dieron lugar para el surgimiento de algunos Señoríos, una estructura social que permitía la organización y control de los territorios. Entre todos, destacó el Señorío K’iche’, pero también el Kaqchikel y el Mam, entre otros.

Redacción Cultura/Crónica

La organización en base al poder político ha existido en casi todas las culturas y sociedades. Cuando cesó el desarrollo de los mayas, cambiaron las estructuras de los diversos pueblos mayenses que surgieron en la mayor parte del territorio nacional. Esto fue lo que vinieron a encontrar los conquistadores españoles: Señoríos Mayas.

El primer Señorío que surgió con fuerza fue el K’iche’, aparecido como tal en el siglo XIV. La capital del Señorío fue Gumarkaj o Utatlán –a solamente 3 kilómetros de Santa Cruz del Quiché– en el territorio que hoy es el departamento del Quiché. Su expansión fue muy grande, en tiempo relativamente breve.

Lo que se ha logrado establecer por parte de historiadores –con documentos como el Popol Vuh o el Memorial de Sololá, entre otros–, es que este Señorío surgió bajo el poder del rey Gucumatz, una divinidad que aparece precisamente en el Popol Vuh, como padre del pueblo K’iche’.

Este Señorío logró conquistar a los habitantes –muchas veces dispersos– de la región de la Verapaz, Totonicapán, el norte de Quetzaltenango y una parte del norte de Suchitepéquez, hasta convertirse en un poderoso grupo dominante en el país.

Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, en su Recordación Florida, dice de los recursos que vinieron a encontrar los españoles al Reino de Guatemala: Que en él había numerosísimas y grandes ciudades, con magníficos y decorosos edificios, lo asienta así la verdad indeleble de mi Castillo, llamándolos recios pueblos, por lo numerosos que eran, pues había poblazones de ocho y diez mil casas; siendo de tal calidad lo que hallaron erigido los conquistadores gloriosos de este Reino de Guatemala, que, hablando con Alvarado, alegres y consolados le decían que no tenía que echar de menos a México con lo que había descubierto.

 

Camino ascendente

De acuerdo al fraile Francisco Ximénez, quien transcribió y tradujo el Popol Vuh, señala sobre este Señorío que tenían unos como alguaciles que servían de llamar y convocar al pueblo y andaban de casa en casa señalando el tributo que cada uno debía de pagar al rey o al señor. Siempre sobre el tema impositivo que los k’iches’ tenían, destaca que en lo tocante a las rentas del rey y señores había este orden, que todo venían a un montón y de allí le daban al rey su parte, después daban a los señores según cada uno era y después daban a los oficiales y a quienes el rey hacía mercedes.

Esta forma de recaudar entre los pueblos que conquistaban, hizo que el Señorío se fortaleciera y tuviera el poder militar que le sostenía. La organización político-social llegó al pueblo K’iche’ a estar formado por tres ramas: Nima K’iche’, Tamub e Ilocab. La primera controlaba el poder por medio de las autoridades superiores (señores, caciques, jefes, etcétera). Quienes se sostenían en la segunda, integrada por subalternos, unidos por medio de lazos familiares, como funcionarios, religiosos, militares o comerciantes.

Los Ilocab eran, en cambio, por llamarlos de alguna manera, la tribu que seguía a los poderosos. Durante el siglo XV, que es cuando se ve consolidado el Señorío K’iche’, los Ilocab se rebelan al ver los abusos que cometían los Nima K’iche’, que no se quedaban únicamente con los puestos de poder, sino que les limitaban a los demás la posibilidad de tener mejores viviendas y otros beneficios.

El Popol Vuh relata la forma en que esta rebelión fue aplastada: Solo llegaron a molir, fueron capturados y cayeron en cautividad y no fueron muchos de entre ellos los que lograron escapar. Enseguida principiaron a sacrificarlos. Los de Ilocab fueron sacrificados ante el dios, y este fue el pago de sus pecados por orden del rey Cotuhá. Muchos fueron también los que cayeron en esclavitud y servidumbre; solo fueron a entregarse y ser vencidos por haber dispuesto la guerra contra los señores y contra la ciudad. La destrucción y la ruina de la raza y del rey K’iche’ era lo que deseaban sus corazones, pero no lo consiguieron. Allí creció el temor a su dios, sentían terror y se llenaron de espanto todas las tribus, grandes y pequeñas, que presenciaban la llegada de los cautivos, los cuales eran sacrificados y matados por obra del poder y señorío del rey Cotuhá…

Este tipo de rebeliones continuaron sucediéndose, hasta que, aparentemente, el grupo Nima K’iche’ se vio obligado a una apertura hacia los demás grupos o estratos socio-políticos.

Los vecinos y también rivales fueron los Kaqchikeles, que llegaron a ser otro importante Señorío, aunque durante algún tiempo sirvieron como pueblo aliado al Señorío K’iche’, con el que compartieron parte de su conquista.

Ya más independientes de los K’iches’, los Kaqchikeles se establecieron en Iximché como su principal ciudad, precisamente en el mismo lugar en donde los españoles asentarían Santiago de los Caballeros de Guatemala, como capital de lo que llegaría a ser la Capitanía General de Guatemala, también conocida como Reino de Guatemala.

Otros Señoríos que alcanzaron relevancia fueron los Tzutujiles, dominantes en la región sur del lago de Atitlán, desde donde dominaban un amplio territorio hacia la costa sur. Finalmente cabe mencionar también el Señorío Mam, que se ubicó en la región más occidental del altiplano guatemalteco, en la región de lo que hoy es Chiapas, en México.

Desarrollo

Este sistema de Señoríos permitió que los pueblos mayenses se desarrollaran en aspectos culturales y religiosos, como la astrología, asimismo en lo que concierne a lo mítico-religioso, herencia del pasado maya que recibieron. Todo esto está bastante documentado por medio de hallazgos arqueológicos, pero también en los documentos históricos existentes, como pueden ser los Códices Mayas.

Esta fue la Guatemala que vino a encontrar el conquistador Pedro de Alvarado, quien, sin embargo, supo aprovechar las diferencias que existían entre los Señoríos o pueblos mayas. Los K’iches’ intentaron enfrentar la expedición que encabezaba Alvarado, pero tanto Tzutujiles como Kaqchikeles se resistieron al llamado que les hicieron los señores K’iches’. Después de dos cruentas batallas, los españoles salieron vencedores, y fracasó también su estrategia de atraer a los conquistadores hacia Utatlán, su principal centro ceremonial, en donde pretendían darles muerte por la noche. Alvarado, al descubrir lo que pretendían, ordenó que se quemara vivo a los más destacados señores k’iches’.

Con la conquista, la organización de los pueblos mayas se fue transformando, hasta quedar completamente integrados al ordenamiento que mandaban los españoles. Posiblemente si los grandes Señoríos hubieran estado unidos a la llegada de los españoles, la conquista hubiese sido más compleja y seguramente más prolongada y sangrienta. En vez de eso, Alvarado tuvo una tarea relativamente fácil, si se compara con la que tuvo que realizar Hernán Cortés en el vecino México.

Utatlán, en el departamento de Quiché, es el vestigio más claro del Señorío K’iche’.

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