Opinión

Enfoque: Se escapa el triste Año Viejo; lo que viene no es mejor

— Gonzalo Marroquín Godoy

Sandra Torres y Álvaro Colom les llamaron Comedores Solidarios, Otto Pérez y Roxana Baldetti los bautizaron como Comedores Seguros, y el creativo Jimmy Morales les puso Comedores Sociales. Los primeros se crearon para ganar simpatía y –por supuesto– votos para la UNE, los segundos pretendían fortalecer al PP y los últimos apuntan a un oficialismo amorfo, que ni siquiera ruta tiene, pero el fin es el mismo en los tres: populismo electorero.

Pero eso no es lo peor. Hay que recordar todo lo que se dijo de la falta de transparencia y corrupción que había en los famosos programas sociales de Torres y en los de Baldetti, Sinibaldi y compañía. Esta vez tampoco ha sido diferente, al extremo que ya ha salido a luz la forma en que los desayunos, almuerzos y cenas se pagan a precios exagerados –¿a quién le irá a parar la mordidita por los sobreprecios?–, lo que significa que la vieja política, persiste.

Al término de 2018 no se ve en el país un cambio en el quehacer político, ni en la forma de gobernar, a pesar de las ‘sacudidas’ que se les ha dado.

Como cada presidente ha hecho, a lo largo del año hemos escuchado repetidamente frases de Jimmy Morales asegurando que se hacen cosas como nunca antes. Habla maravillas sobre la construcción o mantenimiento de carreteras –muchas de las cuales siguen en mal estado y otras empezaron a mejorarse solamente después de los dos primeros años del Gobierno–, asegura que los hospitales funcionan y están abastecidos a las mil maravillas, pero el movimiento de los médicos deja al desnudo que la situación no es como se pinta. Además, una visita a cualquier hospital nacional muestra que el sistema dista mucho de ser del color de rosa como el Presidente lo ve. Joviel Acevedo y su movimiento magisterial se han vuelto parte de ese panorama desolador con sus actitudes de chantaje permanente, sin promover nunca el mejoramiento del sistema educativo. Sube el presupuesto, pero la calidad de las escuelas e institutos no mejora para nada.

Cuando un año que vivimos ha sido malo –en lo nacional y/o en lo personal–, queremos que se vaya pronto. Se quiere dejar el Año Viejo atrás, con la esperanza que el Año Nuevo –2019– llegue con cosas mejores y esperanza. El punto es que esa esperanza no existe en esta ocasión. De hecho, lo que hay en el ambiente es incertidumbre, sobre todo, porque el proceso electoral no parece garantía de que nos puede ir mejor.

Conversando el otro día con un analista –y estudioso– de los temas sociopolíticos, me decía que es preocupante ver el desencanto que se muestra entre los más jóvenes –18 a 22 años–, el cual se refleja en la falta de interés por empadronarse. No me pareció extraño, para nada, porque si siempre a esa edad hay poco interés en la política y los problemas nacionales, lo que ahora hay es un malestar generalizado por toda la porquería que ha salido a luz a causa de la corrupción y la impunidad. Es lógico entonces que los más jóvenes manifiesten así su rechazo a esa vieja política que tanto daño y pobreza ha traído a Guatemala. Para las generaciones más viejas –como la mía– todo lo que estamos viviendo debe ser motivo de reflexión, porque en el fondo todo esto ha podido suceder porque lo hemos permitido de alguna manera.

Los políticos tradicionales siempre se escudan en la trillada frase que los cambios tardan años o decenas de años y que no se logrará en cuatro años, lo cual es engañoso, porque si bien las principales problemáticas son tan complejas que requieren más tiempo, si se plantean las soluciones adecuadas, el cambio debe sentirse o verse de inmediato.

Ahora que han principiado a salir los nombres de los presidenciables, hay tiempo para analizar a cada uno. Hay que ver su pasado y trayectoria, el partido político que los respalda, el equipo o la gente que les rodea. Aquella frase que dice dime con quién andas y te diré quien eres, es absolutamente válida en política. Por eso, mucha atención, para que no nos sigan sorprendiendo los politiqueros de siempre. Si la mayoría de políticos se ha encargado de matar cualquier esperanza, en nosotros estará el próximo año el poder recuperarla. No es fácil la tarea, precisamente porque el sistema está corrompido, porque los diputados se encargaron de asegurarse que –salvo una esperanzadora sorpresa–, todo siga igual.

Pero hay algo que no podemos negar: hay más conciencia de la necesidad de cambiar. No se sabe cómo, pero hay conciencia de que es algo necesario… ¡Y vaya si no!

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