Opinión

Enfoque: ¿Estupidez, torpeza o brillantez?

— Gonzalo Marroquín Godoy

El Congreso de la República es auténtica caja de Pandora –de donde salen todos los males–, que además intenta mantener al país sumido en el oscurantismo causado por las prácticas de la llamada vieja política, que tanto daño han causado, al extremo de mantenernos, de manera permanente, sumidos en la pobreza y desesperación.Esta vez ha trascendido que un grupo de diputados –burdos remedos de aquellos parlamentarios que alguna vez fueron llamados Padres de la Patria– buscan apoyo entre colegas que piensan como ellos, con el fin de lanzar una iniciativa que promueva reformar la Constitución para eliminar la Corte de Constitucionalidad (CC), aduciendo que es una institución que no cumple con su cometido.

Cuando se habla de eliminar la CC, es fácil la respuesta a esta pregunta: es una mezcla de estupidez y torpeza, digna de muchos diputados.

Aunque la noticia se dio en varios medios, pocos nombres han trascendido de los brillantes ponentes –torpes idiotas o diputados perversos, como se quiera ver–. Entre quienes admiten estar detrás de esta iniciativa, figuran los cuestionados José Conrado García (Independiente y antes de Líder) y el Kaibil Estuardo Galdámez (FCN-Nación y antes PP), este último también impulsador de otra iniciativa que nació muerta por pretender crear una censura previa contra la prensa y las redes sociales.

Si bien la CC ha tenido fallos equivocados –no solo esta sino algunas anteriores también–, cierto es que ha cumplido con su papel de ser uno de los contrapesos del poder político, como incluso se demostró cuando jugó un rol determinante para rescatar la democracia durante el fallido intento de golpe de Estado de Jorge Serrano.

Se podría hacer una lista de resoluciones malas o regulares de la CC pero no por eso se puede borrar de un manotazo una institución de carácter constitucional tan valiosa en el andamiaje del sistema de justicia. Si así fuera, cabría preguntarse cuántas instituciones del Estado debieran ser suprimidas en base a sus resultados.

Para empezar, habría que suprimir la Presidencia y Vicepresidencia de la República, la Corte Suprema de Justicia, la Contraloría General de Cuentas, el MP –que ha tenido períodos realmente oscuros para favorecer la impunidad y la corrupción– y la lista podría continuar con ministerios y dependencias gubernamentales, autónomas y semiautónomas. ¡Ah!, pero sobre todo, habría que borrar de nuestro esquema al Congreso de la República, que ya ha demostrado –hasta la saciedad–, que no responde institucionalmente a los intereses de la población, sino a los intereses partidarios y personales de los diputados.

Para cualquiera que sea auténticamente democrático no cabe pensar en una estupidez como esta. La institucionalidad no se debe destruir, sino más bien construir. Si fueran –que no lo son, obviamente– diputados serios, estarían buscando la manera de mejorar esta o cualquier otra institución y no simplemente eliminarla. Por ejemplo, aunque muchos chistes dicen que la mejor solución para el país sería que cayera una bomba sobre el Congreso, y aunque yo y muchos pensamos que ese Organismo es un absoluto desastre –por culpa de tanto diputado mal intencionado–, no por eso hay que pensar siquiera en deshacerlo, sino más bien se debe luchar por rescatarlo, por limpiar toda la porquería que hay y elevarlo de nivel.

Solamente en los regímenes autoritarios se destruye la institucionalidad. En los sistemas democráticos se trabaja, aunque sea con lentitud, en mejorar lo que tenemos. En Guatemala está costando muchísimo, precisamente por la actitud de esa clase política que representan diputados como los mencionados –y tantos que a Ud. apreciado lector y a mí, se nos pueden venir a la mente–, que no hacen más que mantener un sistema caduco y corrupto al que se aferran zara seguir campantes, sin que nadie les moleste.

Hay que recordar que los diputados pueden influir –y lo hacen– en la elección de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y magistrados de sala. No hablan de eliminar estas instancias, porque sobre ellas tienen gran influencia. Eso sí, engavetaron la reforma constitucional al sector justicia, entre otras razones, porque se les quitaba la potestad de seguir manipulando esas elecciones y de poder influir sobre jueces y magistrados para mantener impunidad.

Esta iniciativa no va a prosperar, al igual que la mencionada contra la prensa y redes sociales. Hay muchos pendejos en el Congreso, pero entre todos los que quisieran que estas dos iniciativas prosperaran, hay muchos que sabe que son batallas que no pueden ganar y solo les provocan más desgaste. Ellos saben que no alcanzarán los 105 votos necesarios y, si se diera el caso, el pueblo la rechazaría!!!

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