Opinión

Enfoque: Caravana de la REALIDAD

— Gonzalo Marroquín Godoy

Juancho es un hondureño, padre de cuatro hijos, desesperado porque no consigue trabajo desde hace casi dos años y no encuentra oportunidades para él y su familia. El sábado pasado partió de San Pedro Sula con la caravana de migrantes que se encuentra en Guatemala y tiene como fin recorrer más de 3 mil 500 km. de distancia hasta la frontera con Estados Unidos.

Los retos que encontrará Juancho y las cerca de 2 mil 500 personas –hombres, mujeres y niños– son gigantes. No solo caminar esa distancia, sino además sufrir por las condiciones del tiempo, hambre, sed y la angustia de no saber exactamente qué les depara el futuro inmediato, tomando en cuenta las presiones a las que el presidente Donald Trump está sometiendo a los gobiernos de Honduras, Guatemala y México, son muy fuertes y pueden llevarles a la represión, de una u otra forma.

Son hondureños, pero bien podrían ser guatemaltecos, pues les mueve la misma causa: falta de oportunidades y un Estado ausente.

Para Juancho, quien no ignora los peligros que le esperan, no existe alternativa. Él le ha contado a un periodista de la televisión que su desesperación llegó al límite porque no consigue trabajo y en la aldea en que vive –en el departamento de Olancho–, ni siquiera hay escuela para sus hijos, mucho menos atención médica indispensable. Dice que si no corona el sueño de ir a Estados Unidos y conseguir un trabajo, ninguno de mis hijos tendrá la oportunidad de superarse y cambiar de vida –palabras más, palabras menos, pero testimonio dramático–, por lo que él marcha sin dudas, sabiendo que el sacrificio bien puede valer la pena. Total, no tiene nada que perder y sí mucho que ganar.

Al ver las imágenes y escuchar los testimonios de los integrantes de esta caravana, pienso en nuestro país que, como Honduras, tiene una triste realidad socioeconómica a causa de la pobreza, falta de oportunidades –mala educación y falta de atención en salud– y la desesperanza, tres factores que mueven a cientos de miles a marchar también hacia Estados Unidos en busca del afamado “sueño americano”, que tantas veces se convierte en pesadilla para quienes lo buscan.

En esta era trumponiana se ha satanizado a los migrantes, incluso en nuestros países. Estados Unidos presiona para que se controle la inmigración, como si esa fuerza superior de anhelo de algo mejor pudiera contenerse simplemente con campañas publicitarias o amenazas. ¡No! La única manera en que el flujo migratorio se detendrá, es mejorando las condiciones de vida en el interior, con oportunidades de educación, salud y empleo. Solamente cesará si la pobreza disminuye y el Estado asume el rol que le corresponde.

¿Cuántos padres que ven morir a sus hijos por desnutrición crónica infantil no están dispuestos a arriesgar su vida caminando, subiendo a La Bestia –el famoso tren de la muerte–, cruzando la frontera y el desierto, con el fin de llegar a Estados Unidos para trabajar, ganar dinero y enviarlo a sus familias para que tengan una vida mejor? Seguramente son muchos, tantos, que en este momento se estima que hay cerca de 3 millones de guatemaltecos indocumentados en aquel país.

La caravana nos debe llamar a la meditación como sociedad, como país. Habrá guatemaltecos que se sumen a esta marcha, porque viven la misma realidad que los vecinos hondureños y están dispuestos a arriesgar su vida en la búsqueda de un mejor futuro. En Honduras, como acá, los gobiernos han sido incapaces de mejorar las condiciones de vida y crear oportunidades para las grandes mayorías.

Ese enorme esfuerzo y sacrificio que llevan a cabo no es más que un grito desesperado para que todos lo escuchemos. Ojalá nuestras autoridades cobren conciencia de las causas. De nada sirve un discurso presentando el país de las maravillas ante las autoridades estadounidenses, si a los pocos días este tipo de noticias dejan al desnudo la cruda realidad. No hablo de la de Honduras, sino la nuestra… que es similar o incluso peor.

Trump debiera dejar de patalear y proferir amenazas –que como hemos visto, las cumple–. Mejor sería trabajar verdaderamente como buen vecino para promover desarrollo auténtico en la región. Si algún día logramos tener gobiernos probos, capaces, bien intencionados y con visión de Nación, entonces las caravanas cesarán. Mientras esto no ocurra, la inmigración hacia Estados Unidos continuará.

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