Politica

Muchas interrogantes, pocas respuestas

Luego de casi ocho meses, la administración del presidente Jimmy Morales ha dejado una huella marcada por la incertidumbre, con más dudas y cuestionamientos que con certezas. El efecto directo es que aumentan las críticas y las demandas de un pueblo que esperaba cambios radicales.

El 14 de enero pasado, en su discurso de toma de posesión, el presidente Jimmy Morales estuvo lejos de definir un plan de gobierno, pero hizo algunos compromisos puntuales, a manera de ha­cer un pacto con Guatemala, en los si­guientes términos:

  • Dar un giro a la vieja política de hacer las cosas. Accionar de manera diferente.
  • Una nueva Guatemala es posible y vale la pena (de la mano con el mo­vimiento ciudadano).
  • Pasar de la noche de la corrupción, al amanecer de la transparencia.
  • Debemos generar oportunidades.
  • Vamos a garantizar el suministro de medicinas y buen funcionamiento de los hospitales. Prometió la reduc­ción de un 10 por ciento, en 10 años, de la desnutrición crónica (la misma promesa que hizo Otto Pérez, para 4 años)
  • En economía ofreció un creci­miento al 6 por ciento, e impulsar el turismo, la construcción y vivienda, así como disminución de precios y generación de empleos.
  • Aspiremos alto y luchemos por ello (movimiento ciudadano), si es posi­ble que algo sea mejor, entonces debe­mos hacer todo lo humanamente po­sible para lograrlo.

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El balance, hasta la fecha, no parece tan efectivo como el discurso de prome­sas o compromisos. La prensa indepen­diente ha mostrado que el Gobierno ha tenido poca transparencia. De hecho, no se ha definido una política pública de transparencia. No se ha depurado a las empresas que suministran servicios o productos al Gobierno, como tampo­co se han revisado exhaustiva y profe­sionalmente las planillas de todas las instituciones, plagadas de plazas fantas­mas y burócratas innecesarios.

Al contrario, sigue aumentando el número de empleados públicos, pero tristemente con la marca de nepotismo, tal como se ha publicado en diarios, particularmente elPeriódico. No se ha percibido el famosos amanecer de la transparencia.

Otro aspecto muy criticado es que en la contratación y mantenimiento de los llamados cuadros medios de la burocracia, se sigue contando con funcionarios cuestionados de anterio­res administraciones, contrario al cambio que se espera.

A todo esto de la administración, hay que agregar la forma en que se supo de la famosa y controversial Juntita, un grupo de exmilitares que actúan como sus asesores: Édgar Ovalle, Herbert Ar­mando Melgar, Mario Paredes y Édgar Bustamante. Los dos primeros son aho­ra diputados, aunque Melgar asumió la curul cuando le señalaron por supues­tas escuchas y controles de parte de la SAAS contra personas particulares.

  • RECUERDA LEER

Jimmy Morales y sus seis meses de sufrimiento 

En este caso, el mandatario negó que Melgar fuera uno de sus asesores, pero su vocero, Heinz Heimann, confirmó su participación en algunas juntas de gabinete, por más que pretendió justifi­car que su presencia obedecía a su la­bor de asesor de la SAAS, cargo que tampoco tenía oficialmente.

El funcionamiento de la Juntita ha sido señalado como muestra de falta de transparencia, porque no solo se niega su existencia, sino que además se ase­gura que sus integrantes son asesores ad honorem.

En cuanto a la vieja política, se ha to­lerado una débil reforma a la Ley Elec­toral y de Partidos Políticos, la cual dijo, inicialmente, que vetaría, sin embargo, no lo hizo, y en vez de ello propició un proyecto de nuevas reformas, llamadas por él de segunda generación, las cuales  tampoco llenan las expectativas de obli­gar un cambio sustancial en la llamada y cuestionada clase política.

Aunque algunos analistas consideran que al menos hay una mejora al sistema de partidos políticos con la reforma, no cabe esperar demasiados cambios de cara a las elecciones de 2019, más allá del alto costo que tendrá la campaña electoral para la población y el erario. Los primeros efectos se verán en el Pre­supuesto 2027, cuando se tengan que incrementar los fondos para el Tribunal Supremo Electoral (TSE).

La reforma fiscal

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El último trago amargo del presidente Morales, la reforma tributaria, tuvo dos actos: primero, envía al Congreso, sin buscar consensos ni escuchar opinio­nes, una iniciativa de ley que incremen­taba impuestos al cemento, las gasoli­nas, regalías mineras y el ISR. Un pa­quetazo que afectaba a la construcción, vivienda y estabilidad de precios; segun­do, se retira la iniciativa, lo que confir­ma que se intentó impulsarla sin seguir los pasos adecuados.

Dos pasos en falso con un alto costo político. No hay que olvidar que, aun­que no lo mencionó en su discurso, en entrevistas durante la campaña electo­ral prometió no más impuestos, primero hay que apretarse el cincho. Incumplió, entonces, y luego mostró indecisión.

Desde que se advirtió la intención de incrementar los impuestos —por decla­raciones del mandatario—, se le indicó que cualquier reforma integral debía ser discutida, se recomendó retomar el llamado pacto fiscal, y que no se afectara la actividad económica. El clamor popu­lar mostrado en redes sociales apunta­ba a que primero se manifestaran muestras de transparencia, controlara la cantidad y calidad del gasto público y se tuvieran programas específicos. Ni una cosa ni la otra fue considerada ini­cialmente.

Al ver la avalancha de reacciones en contra de expertos, sector empresarial y, sobre todo, la opinión pública —redes sociales—, no quedó más remedio que retirar el maltrecho proyecto, que, ade­más, había encontrado ya oposición en el Congreso de la República.

En efecto, el partido Todos se pronun­ció en contra de la propuesta del Ejecuti­vo, mientras que la UNE estaba dividida. Un grupo de diputados, más cercanos a Mario Taracena, la apoyaban, en tanto que el ala de Sandra Torres estaba lista para introducir modificaciones o recha­zarla.

  • RECUERDA LEER: 

Las penas de Jimmy

 

Para colmo de males, la bancada ofi­cialista no mostraba ninguna fuerza pa­ra impulsarla.

El presidente Jimmy Morales cometió otro error que debilita su liderazgo, pues no ofreció una conferencia de prensa pa­ra explicar las razones que motivaron el retiro del proyecto de la Comisión de Fi­nanzas del Congreso. Debió dar la cara, consideran los analistas políticos.

Aún persiste en el ambiente que, aun­que apoyó el proyecto de Reformas Constitucionales al sector Justicia, luego de una reunión con los alcaldes se ex­presó en contra de la propuesta que in­cluía el retiro del derecho de antejuicio para los jefes ediles.

Titubeos, mal vistos

Jimmy y Julio Héctor

Estos cambios de opinión y de actitud que muestra el presidente Morales son desaprobados por analistas y la pobla­ción en general. Las opiniones popula­res han servido para nutrir las redes so­ciales. Aunque el vicepresidente Jafet Cabrera considera injustas las críticas que se vierten, porque hemos tenido lo­gros importantes, este punto de vista pa­rece no ser muy compartido.

Crónica consultó a un panel de exper­tos analistas políticos, los cuales con­cuerdan con que el presidente no muestra liderazgo y titubea demasiado en sus de­cisiones.

Consideran también que debe escu­char antes de tomar soluciones y no ha­cerlo después, porque no ayuda a su credibilidad y liderazgo, pero, sobre to­do, debe presentar iniciativas consis­tentes y claras, porque de lo contrario aumenta la incertidumbre sobre la conducción del país.

Crónica publicó, al cumplir 6 me­ses del gobierno de Morales, un son­deo con analistas, líderes de opinión y politólogos, el cual concluía que no se percibe que Morales sea quien manda en el país. Por lo contrario, se men­cionaban con mayor insistencia nom­bres como Iván Velázquez (CICIG), Thelma Aldana (MP), y hasta el del embajador estadounidense Todd Rob­inson, lo que contrasta con un senti­miento presidencialista que ha predo­minado en el país.

Pero esas irresoluciones y cambios de opinión se han visto desde la ins­tauración del Gobierno, porque aún se recuerda otra promesa de campaña de Morales: no aceptaremos tránsfugas en el partido. Lo primero que se hizo fue fortalecer la bancada de FCN-Nación con tránsfugas de cualquier partido y al costo que fuera. Hoy es la bancada ma­yoritaria, pero casi todos sus diputados son mediocres o están cuestionados, al extremo que se han producido constan­tes roces y conflictos internos. Esto ha derivado en otro dolor de cabeza para el Presidente, que no tiene un respaldo importante en el Legislativo y depende demasiado de la gestión que por él pue­da hacer el presidente del Organismo, Mario Taracena.

En resumen, el Gobierno y el presi­dente Morales siembran más incerti­dumbre que certeza en la población y con el paso del tiempo, el desgaste de   la imagen del mandatario se hace más sensible, pero también peligroso.

 

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