Opinion

La migración: Guatemala y  Estados Unidos de América

MARTA ALTOLAGUIRRE

Marta Altolaguirre


En la actualidad, el fenómeno de la migración es foco de especial atención en los países identificados con el mundo occidental, al quedar expuestos a un flujo masivo de migrantes irregulares, que huyen aterrorizados de su nación de origen, debido a las guerras y la represión de dictadores que desprecian la vida y los derechos humanos de sus propios ciudadanos.

Pero en el Continente Americano, y especialmente en Guatemala, la movilidad es motivada por la búsqueda de mejores oportunidades de empleo y superación, que es parte de la naturaleza humana. Ciertamente, en el denominado Triángulo Norte, la inseguridad amenaza indiscriminadamente a toda la población, ante la ingobernabilidad, la falta de protección al derecho a la vida, derecho fundamental, y la inconsistente creación de fuentes de empleo.

En nuestro país, los gobiernos debieran dar seguimiento a las políticas que han mostrado efectividad en proveer apoyo y reducir la persecución a los migrantes, quienes están contribuyendo a la economía del país receptor. Descartar los avances y logros de gobierno previos, para imponer proyectos que en esencia solo buscan dar protagonismo y más ingresos para los funcionarios de turno, es destructivo, y, peor aún, en el caso de Guatemala, en donde Congresistas aprovechados quieren apropiarse de la ejecución de políticas que son competencia del Organismo Ejecutivo.

En cuanto a la migración irregular hacia Estados Unidos, debemos mantener conciencia sobre el hecho de que los guatemaltecos emigran, debido, principalmente, a la crisis de empleo ocasionada por el bajo crecimiento económico, los altos índices de natalidad y la vulnerabilidad a las extorsiones, al sicariato y los desastres naturales, los cuales también ocasionan que la gente emigre en busca de mejores y más seguras locaciones.

De lo que sí debe hablarse con certeza, es del significado que tiene para esos guatemaltecos abandonar a sus familias; asumir los riesgos implícitos al cruzar la primera frontera norte (México), para recorrer el espinoso camino hasta llegar al país de destino. Sabemos de los accidentes, las extorsiones y los vejámenes sufridos, así como de las violaciones a sus derechos humanos durante el recorrido; y que debido a su calidad de indocumentados, en muchos casos, son sujetos a la explotación, la discriminación y la persecución.

Es difícil determinar exactamente la aportación fiscal y la influencia en el crecimiento económico que tienen los guatemaltecos en los Estados Unidos; sin embargo, podemos asumir que todos, o casi todos los inmigrantes en situación irregular, en adición a la generación de riqueza en ese país, abonan al Estado y aportan algún tipo de contribución impositiva. Algunos de esos pagos acumulan una gran cantidad de fondos en un archivo en suspenso de cotizaciones que, por razones obvias, no es posible determinar o imputar a nombres legalmente inscritos o registrados y que, por lo mismo, no generará prestaciones. De lo anterior se deduce que la fuerza laboral de migrantes irregulares es importante para los Estados Unidos y que, definitivamente, las actividades de éstos inciden en el crecimiento económico de ese país.

En cuanto al fenómeno de la migración y la amenaza del terrorismo, es importante destacar que Guatemala ha apoyado en los temas de seguridad nacional y de combate al terrorismo, y que nuestros compatriotas no emigran por fanatismos y menos por afán de provocar muerte y destrucción. Lo hacen en un afán de supervivencia y superación. Por eso se hace necesario trabajar en forma mancomunada hacia una política comprensiva que ayude tanto al país emisor de migrantes como al receptor, atacando las causas profundas de la migración. La inversión directa para el desarrollo es una solución que se perfila como la única con certeza de éxito, la más barata y viable, por contraposición al esfuerzo destinado a desarrollar acciones que tiendan a blindar las fronteras, como la absurda propuesta del candidato Donald Trump.

La inversión pública o privada, directamente dirigida a Guatemala, es lo que contribuirá de forma rápida y definitiva a generar las oportunidades que reducirán la migración de trabajadores hacia los Estados Unidos y, obviamente, desincentivará las actividades de tráfico de migrantes y la trata de personas.

Detener el flujo migratorio de guatemaltecos a los Estados Unidos es, en sí, un reto de enormes proporciones mientras no se pueda cumplir a cabalidad, con la prestación de servicios básicos que den seguridad (no estar sujetos a las acciones de sicarios que proliferan y eliminan a cualquiera), estabilidad y certeza jurídica, que siente las bases para atraer inversión y la consecuente creación de fuentes seguras y estables de trabajo. Los Estados Unidos deben buscar la regularización de los trabajadores que se han establecido en ese país, quienes le generan servicios y riqueza. Esa medida redundaría en beneficio no solamente de los migrantes, sino también del suyo.

En conclusión, se hace necesario un enfoque global de la migración irregular, pues este fenómeno no puede ser visto desde una sola perspectiva y menos aún delictiva, puesto que sus causas son diversas, pero, en general, es una respuesta a la necesidad de oportunidades que se ofrecen en las naciones receptoras.

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