Opinion

El director de la tropa loca defiende a sus correligionarios; la CICIG es una entrometida que mancilla nuestra soberanía

MarioAlberto-0009Mario Alberto Carrera


Estos dos trepidantes temas ocupan mayoritariamente la atención de los ciudadanos de las Batuecas, es decir Guatemala, y que seguirán dando que hablar porque en cada uno de ellos hay tela marinera.

En el imaginario general de los guatemaltecos clasemedieros, y no digamos en los estratos 1 y 2 (para usar una terminología bogotana, ya que Iván está tan de moda) integrada por respetabilísimos miembros del CUC, CODECA o CONIC —y a los que este escribidor se adhiere— el glorioso Ejército Nacional tiene una pésima figura o representación.

Casi cuarenta años de guerra —en la que cayeron miles de miles de personas no beligerantes, niños y ancianos— y cuyo genocidio recae bestialmente en las fuerzas armadas del país, y casi absolutamente nada en la guerrilla ¡información y dato que corroboran la Organización de Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos, entre otras del mismo tamaño y magnitud!, hace que las declaraciones del Director de la Tropa Loca —también conocido por Black Pitahaya— en defensa del Ejército (elPeriódico 6/7/16), caigan sobre la mayoría de los habitantes del país como una grosera, grotesca y poco considerada andanada, por alguien que dice llamarse presidente de la República.

Ello nos conduce, por enésima vez, a la convicción de que estamos ¡nuevamente!, bajo otra bota militar que, también obviamente, es una ampliación de la de Pérez-Baldetti, o la de Berger: consumador de miles de ejecuciones extrajudiciales; o la de Portillo, vendido a una caterva de milicos y amiguetes que lo hundieron en eme hasta las narices. Con gran dolor para mí, que lo fie.

Y la demostración de lo que sostengo es el calor con que morales saca la cara por su partido militar FCN-Nación —fundado por miembros del Ejército de baja, de muy poco prestigio humano humanista— y por militares en general, al intentar —desde luego sin fruto algunos— disminuir, con paupérrimos argumentos —como todo lo que proviene de su pobre imaginación e inteligencia— el tortuoso y obsceno averno que fue nuestra guerra civil ¡absolutamente genocida!, porque a personas de mi edad usted ¡Jimmy Morales!, no nos puede contar cuentos ni babosadas. A los 23 años yo ya era periodista conocido en esta plaza y todo lo que pasó en Guatemala, desde la época de Castillo Armas, lo llevo bien ensartado en el corazón, con un tormento inmarcesible. Así que no me venga a decir usted a mí, ¡Jimmy Morales! “que todo consiste en que hay gentes que quieren lucrar con el conflicto armado”. ¡A otro perro con ese apestoso hueso! Yo sé bien lo que ha sido el Ejército de Guatemala desde la tahurera Liberación.

Y el otro tema:

Son tantos los dimes y diretes al respecto, que yo ya he empezado a pensar que el tal Iván es un verdadero agente 007 injerido en las más apretadas y discretas entretelas de la soberanía nacional para hacerla añicos. Pocos meses después de su arribo al país —con ese aire de seductora templanza que le atribuye una ocurrente entrevistadora en muy reciente nota— despertó diversas dudas a su alrededor que, poco después de la orden que dio el Embajador a Pérez y a Baldetti, en el sentido de que pusieran sus plazas a las órdenes del Imperio, ellas —las dudas— se fueron aclarando, a veces, y a veces oscureciendo, edulcorándose o tornándose ácidas o amargas. La principal de ellas: ¿Cuál es el verdadero y más profundo sentido que tiene la persona del comisionado, en su segunda etapa ya reivindicado, en la etapa en que, con doña Thelma, ha conquistado un poder sin límites, ¡porque claro que hace temblar! —hoy por hoy— a la misma cúspide de la oligarquía nacional, en la figura del señor Montenegro Castillo, ¡que ya es decir!

La puntilla, en y con todas estas deducciones, inducciones, silogismos y lógica simbólica que se han puesto en juego, para conocer la esencia del Visitador de Milla, la ha colocado -con mano de mataor– las declaraciones del Foro de Sao Pulo (una de las varias, claro) ofrecidas en San Salvador y en las que el Foro mismo respalda la idea ¿o clara acusación?, sobre que el señor Iván —dueño de vidas y haciendas extinguidas— no es más que un agente secreto —por eso hago la divertida comparación— que con completa abuso se injiere en la soberanía guatemalteca (¿cuál soberanía me pregunto a la vez?) para cumplir directamente las órdenes, acaso ya ni de Obama sino del Pentágono.

Como todos, yo siempre he tenido serias dudas sobre la imparcialidad —que yo no llamo injerencia— de este don Iván made in USA y ONU. Al principio lo defendí a capa y espada, pero cuando la candidatura para la presidencia de Baldizón    estaba en lo mejor y nadie sospecha siquiera que el director de la tropa loca tuviera el menor chance, dejé de creer. Porque ¡trac!, que el comisionado degüella a Baldizón ¡y lo noquea de una!, con el golpe a los testículos que significó la lavandería de Barquín, dicho sea de paso hoy casi olvidada… Lo que aumenta mi sospecha.

Aquí sí ya no comulgué con ruedas de molino. ¡El tajo fue demasiado bien dado y recontra oportuno! Esos balazos sólo se fabrican en los Estados Unidos, y a petición de la oligarquía nacional, que no podía pensar que la Tarántula o Baldizón llegaran a la presidencia.

Advierto: Yo no cuento políticamente. No voto. Soy nihilista y antes me matan que entrar o simpatizar con un partido. Vade retro Satanás.

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