Lugares turísticos y su profunda crisis a mediados de los años cuarenta | EL UNIVERSAL

Los habitantes del albergue turístico Zarabanda, abandonados, se sienten como una aldea ubicada en la carretera que une Cartagena de Indias a Barranquilla y que dependen totalmente del turismo que ha desaparecido del Caribe colombiano debido a la pandemia de coronavirus.

Los aproximadamente veinte puestos de comida en la carretera, generalmente llenos de viajeros y turistas que se detienen para almorzar o simplemente comen una arepa de huevo tradicional o beben un refresco, hoy se parecen a un pueblo fantasma.

Durante dos meses, cuando comenzó la cuarentena y se prohibieron los vuelos nacionales e internacionales, más de 70 familias de esta comunidad quedaron en el limbo porque, además de perder su fuente de ingresos, no tenían servicios básicos como agua potable o gas natural y, para colmo, no llegó ayuda. También puede leer: Un totumo seco espera entre el pantano y el volcán.

La comerciante Yolanda Montes, propietaria de un restaurante en Zarabanda donde trabajan 12 personas, le dice a Efe que no entiende por qué los funcionarios que hoy eran sus clientes no los tienen en cuenta, “nos ignoran por completo”. ella dice. .

Cita al presidente del Senado, Lidio García, de Bolívar, departamento del cual Cartagena es la capital, que, hace muchos años, cuando era cantante de Vallenatos, siempre se detenía a comer allí.

“Le enviamos mensajes pidiéndole ayuda, pero nada … No creo que sepan que existimos, incluso si todos vienen a aprovechar las arpas”, dijo.

Montes ha cumplido con todas las medidas de bioseguridad ordenadas por las autoridades, pero aún no ha recibido autorización para reabrir su negocio. “Después de vender 150 o 200 almuerzos por día, continuamos vendiendo 5 almuerzos por día”, dijo.

Volcán Totumo

En esta área, también está Totumo, un volcán de lodo de unos 15 metros de altura al que los turistas acuden a menudo para los baños exóticos dentro de su cráter y por las propiedades medicinales atribuidas a sus humos.

Hace unos 15 años, este lugar se convirtió en una de las atracciones de la región y ha sido visitado por miles de turistas nacionales y extranjeros.

Unas 45 familias del pueblo de Loma de Arena viven en el volcán Totumo, ofreciendo planes diarios como la inmersión en el cráter, una visita al pantano de Totumo y comida típica de la región, pero con circulación restringida y falta de turistas Esta comunidad también pasa semanas blancas.

La tierra de la India Catherine en el olvido

Galerazamba es un punto ubicado en la frontera entre los departamentos de Bolívar y Atlántico. Hay una comunidad de ascendencia africana de unas 300 familias que han vivido durante décadas en la mina de sal cerca del pueblo.

A mediados de la década de 2000, disminuyó la explotación de sal en Galerazamba, y con ella la calidad de vida de la mayoría de sus habitantes, que hoy viven de las pequeñas pensiones que reciben por su trabajo en el edad de oro de la mina.

“La mayor parte de la contribución económica resultante proviene de las pensiones”, explica el jefe de la comunidad, Enrique Porras Díaz, quien dice que a pesar de estar frente al mar, la pesca es escasa y que las salinas ahora emplean Menos de 20 personas.

Esta ciudad con calles polvorientas y temperaturas que generalmente no caen por debajo de los 33 grados centígrados al mediodía, experimentó una pequeña recuperación económica en 2018 gracias a los turistas que fueron a ver las piscinas que se vuelven rosas entre diciembre y abril debido a la sal y Ofrecer un espectáculo para los anteojos de los visitantes.

Pero la ilusión de encontrar una fuente estable de ingresos en el turismo se ha diluido, primero con el cierre del acceso de los visitantes a la mina, ordenado en 2019 por la empresa concesionaria que lo administra, y ahora porque de la llegada de la pandemia que ha paralizado el turismo en el mundo.

Los habitantes de Galerazamba, como los trabajadores de Zarabanda o los del volcán Totumo, pasan sus días entre la ansiedad por el agotamiento de sus pocas fuentes de ingresos y la desesperación ante el olvido de las autoridades, más notorio que nunca en tiempos de coronavirus.

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