Notas Curiosas

Voluntad programada

Ordenadores, teléfonos inteligentes, internet, aplicaciones de chat, redes sociales y todo lo relacionado a la tecnología, ha venido a posicionarse como las nuevas adicciones, modificando las relaciones interpersonales a nivel mundial.
Marcela Marroquín Cabrera
mmarroquin@cronica.com.gt
No hay edad establecida para ubicar a personas que padecen de este mal, ya que la tecnología y sus redes están cada vez más a la mano de todas las personas, no importando su condición socioeconómica. Mark Griffiths, psicólogo de la Universidad de Plymouth, en el Reino Unido, afirma que esto se irá popularizando aún más.
Griffiths considera que las nuevas tecnologías son en sí adictivas, presentando patrones de comportamiento, similares a los del juego patológico, o la bulimia.
Del latín addictio, la adicción es el hábito que domina la voluntad de una persona. Se trata de la dependencia a una sustancia, una actividad o una relación que, en este caso, la tecnología y todo lo que tenga que ver con ella intervienen negativamente en el desempeño de las personas.
Las adicciones a la televisión, videojuegos, internet y ordenador tienen un factor común: el aislamiento, o tener pocos amigos, afirman especialistas en educación y psicología.
Al estar en casa solo, sin saber qué hacer y teniendo uno de estos aparatos a mano, es fácil que nos “enganchemos” a la televisión, al chat, a los videojuegos. De ese modo, cada vez ven más la televisión, chatean más y juegan más, porque, en este último caso, el retarnos a nosotros mismos o superar antiguas puntuaciones les lleva a tener tolerancia, puntualiza Susana Lidia Muñoz, del instituto superior de formación docente de San Buenaventura, Buenos Aires.

 

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Como primera aproximación al tema, hay que recalcar que se trata de una conducta obsesiva y compulsiva (necesidad de repetir cierta acción de manera ritual y estereotipada) que lleva a experimentar un estado afectivo positivo (placer, bienestar, euforia, sociabilidad, escape de la realidad, búsqueda o abandono de la identidad, exploración de nuevas sensaciones) o liberarse de un estado negativo, como el dolor, aburrimiento, estrés o timidez, en las cuales los niños y jóvenes que la experimentan adolecen de la pérdida de libertad ante sí mismos. Tal ausencia se refleja, sobre todo, en la incapacidad de regular la conducta, de acuerdo con las determinaciones propias; es decir, la incapacidad de autocontrolarse ante el objeto o conducta.
La tecnología es parte del día a día, nos sirve para estar en contacto con otras personas, informarnos sobre temas de la actualidad, estudiar, etc. En fin, la tecnología es útil para muchas cosas. Es un serio problema cuando las personas no están emocionalmente estables y abusan de su uso, convirtiéndolo en problema de adicción. Y, como toda adicción, se vuelve una necesidad para el cuerpo, que será necesario buscar ayuda profesional, afirma María Inés Elgueta, de Psicología Integral.
John Sule, psicólogo de Rider University, experto en el comportamiento humano y su interacción con la tecnología, señala la existencia de dos modelos básicos de la hipotética adicción a internet. El primero de ellos hace referencia a aquellos sujetos muy aficionados e interesados por sus ordenadores, que utilizan la red para recoger información, jugar en solitario, obtener nuevos programas, etc., pero sin establecer ningún tipo de contacto interpersonal (más que el necesario para lograr sus propósitos).
El segundo tipo lo constituiría aquellos sujetos que frecuentan los chats, moods (juegos en línea) y listas de correo. Todos ellos tienen en común la búsqueda de estimulación social. Las necesidades de filiación, ser reconocido, poderoso o amado, subyacen a este tipo de utilización de la red. Para ellos, la necesidad de control
y la predictibilidad son elementos
esenciales.
Cuando el uso de internet interfiera de un modo significativo con las actividades habituales, es cuando podrá ser considerado patológico. Sin embargo, la interferencia sobre los hábitos de vida no es un criterio estable, ya que varía tremendamente de unos sujetos a otros, variando en función de las disponibilidades de tiempo, dinero y de numerosas circunstancias, tanto personales como familiares.
Elgueta agrega que la baja autoestima (timidez, inseguridad, problemas de identidad) forma parte del problema para entablar relaciones interpersonales reales. También explica que muchas personas no catalogan esto como un problema, y que el porcentaje de personas que buscan ayuda es muy reducido, ya que no miden el daño que pueda estar causando
en su vida.

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