Politica

¡Tusha, tusha…!

(Dícese para echar mala suerte a alguien. Se dice ¡tusha, tusha… matatusha!  Se tushó al pobre tipo (a))

En el argot político, el calificativo de júnior se da a los hijos de funcionarios y dirigentes –aunque no lleven el mismo nombre del padre–; sobre todo, cuando empiezan a figurar en sociedad, ya sea por su estilo de vida o porque se vuelven piezas clave en los negocios de sus señores padres –o madres–, que les hacen partícipes del abuso de poder que cometen, y no se dan cuenta de que en realidad es como si les dijeran ¡tusha, tusha…!

La lista de los júnior principia con Roberto Arzú, hijo del entonces presidente  –ahora Virrey– Álvaro Arzú, quien cobró relevancia, ya que su padre le delegó participación importante en negocios del Estado, como privatizaciones, la remodelación del Campo Marte… y otras cositas, suficiente para que llegara a tener una regular fortuna que, aunque no duró mucho, fue del conocimiento público.

Lo que no sabía el mandatario, es que desde que le encargó la organización y contacto con la gente que formaría a la carrera Luca S.A., para comprar Guatel, le estaba diciendo a su propio hijo ¡tusha, tusha…!, con el agregado de ¡matatusha!, que le trajo a pique su explosiva fortuna.

Le hizo también que fuera el contacto oficial con el ángel de la antidemocracia –Ángel González–, lo que le llevó incluso a perder el club Comunicaciones, que terminó en manos del magnate de la televisión en Latinoamérica. De verdad que papi lo tushó

No se imaginan los informes de La Red de meseros que me llegaban en aquel ya lejano tiempo de la vidaza que se daba en bares y restaurantes el famoso júnior original, siempre rodeado de sus amigotes, a los que convertía en funcionarios o en operadores de negocios con la administración del serio de su papi, quien, por cierto, le vedó luego que participara como candidato a alcalde, seguramente porque ya su sueño era que fuera su feudo en propiedad exclusiva.

Por supuesto que muchos de los papis gobernantes, funcionarios o diputados tienen cuidado de no decir ¡tusha, tusha…! a sus hijos, y prefieren apartarlos de sus business, para que no se den color.

Pero con el Gobierno del PP los Júniors volvieron a cobrar relevancia, pues brillaron por todos lados. Mi Red de meseros puede llenar un libro completo de anécdotas escuchadas o sucedidas aquí en Guatemala –bares, restaurantes y casas en la capital, Marina del Sur, Antigua, en yates en Río Dulce y Belice, o en jets privados–. Hasta los Grayson, de la serie de TV Revenge, se morirían de envidia de algunas de las parrandas que han montado los patojos. El silencio permisivo de sus padres ha sido el ¡tusha, tusha…! para ellos.

Pero déjeme contarles que quienes han vuelto locos a mi Red de meseros, han sido los Júniors de la Roxy Baldetti –de apellido Paz–, porque Peyo (Luis Pedro) y Marito se rayaron con su estilo de vida, que les llevó por todo el mundo… sí, los cinco continentes, pero al mismo tiempo fueron quienes destaparon la Caja de Pandora, porque su afán por presumir, terminó mostrando lo que su ahora enferma madre estaba haciendo desde el poder. Sus parrandas aquí, en New York o Asia fueron épicas y aún se recuerdan, mientras que aquí, ni medicinas hay en los hospitales que, según mami, son rebonitos.

Y para nada se quedó atrás Otto Pérez Jr., porque, no contento con su cargo público, se ha dado a la tarea de evidenciar todo lo que ha acumulado para comprar su sencillito carrito Ferrari, uno más de la flota. Su padre le dio el ¡tusha, tusha…! en el momento en que le permitió su incursión en la política.

Ah, los casos de Arzú y Pérez tenían una justificación, que se manifestaba en los   brindis que repetían Robertío y Ottito –¡por la dinastía…(Arzú o Pérez)!–. Claro, ahora el único que sigue con el sueño es el alcalde Arzú, pero cambió a su preferido, y confía más en su otro júnior, Álvaro, quien debutará como diputado, aunque ya tenía hueso de asesor en el Congreso, sea su honorable y digno sucesor.  En él tiene ahora puestas las esperanzas el Virrey, para volver algún día al reinado completo.

Y el último júnior al que su padre le ha echado el ¡tusha, tusha…!, es Juan de la Cruz –la que tendrá que cargar–  Rodríguez, hijo del expresidente del IGSS, Juan de Dios Rodríguez, quien resultó ser un multimillonario inversionista a sus cortos veintipoquitos años, seguramente porque no sabían qué hacer con tanta plata. Lo malo ha sido utilizar a su propio hijo, porque ahora estará implicado en la investigación de la empresa Comar S.A., en donde habría metido unos Q15 millones, pero ¡por supuesto!, para recibir más de Q68 millones en contratos dudosos con la SAAS. ¡Qué bonito ser un júnior exitoso!

Con tanto experto en negocios familiares, no faltará que pronto alguien vea la veta de oro que puede haber en un seminario dirigido a políticos y funcionarios, que pudiera llamarse algo así: Negocios familiares, cómo no involucrar a los Júniors para no echarlos a perder. O simplemente: Negocios familiares: no les eche a sus hijos nunca el ¡tusha, tusha… matatusha!

Cuando descubren a los júniors…

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