Politica

PLAGIO MARCA A LOS POLÍTICOS

Hace 13 días, nuevamente volvió a saltar a la discusión pública el tema del plagio. No por poca cosa. Sucede que otra vez, la cuarta en cuatro años, alguien vinculado a la política guatemalteca es cuestionado por presentar un producto académico como propio, cuando no lo es. Algunos consultados creen que esto pone en duda la idoneidad de quienes son o quieren ser funcionarios públicos.

Ronald Mendoza

rmendoza@cronica.com.gt

El copiar y difundir obras ajenas como propias sin citar a los autores intelectuales, es una marca más que empieza a distinguir a la clase política guatemalteca en los últimos cuatro años.

Los escándalos por estas prácticas han dejado en entredicho la idoneidad y las calidades éticas y profesionales de los sindicados, quienes, a pesar de ello, no han enfrentado procesos penales.

El caso más reciente fue el de José Ramón Lam Ortiz, quien hasta antes de los señalamientos era el coordinador general del grupo de transición para el tema del presupuesto de la nación en el Congreso, del presidente electo Jimmy Morales.

Lam Ortiz fue señalado, el pasado 1 de noviembre, por el Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Ipnusac), de haber plagiado cuatro ensayos académicos en el 2014, cuando laboraba para dicho tanque de pensamiento.

El escándalo no solo le costó el cargo, sino también generó un desgaste  político innecesario a Morales, que ganó los comicios ondeando la bandera de la transparencia y lucha contra la corrupción.

Ello, debido que el presidente electo no quiso separarlo de inmediato de la coordinación del grupo de transición en el Legislativo, sino que lo hizo luego de series críticas en las redes sociales y medios de comunicación.

Mientras tanto, Lam ha negado todo, enfatizando que dejó el Ipnusac debido a una mejor oferta de trabajo en la Comisión de  Transparencia del Gobierno del expresidente Otto Pérez Molina, quien no terminó su mandato y se encuentra en prisión preventiva acusado de actos de corrupción.

Así, el asunto alrededor del mandatario electo para el período 2016-2020 no hizo sino resucitar viejos fantasmas del pasado, cuando en situaciones muy parecidas, personalidades vinculadas a la política guatemalteca fueron cachadas presentando un producto académico como propio, cuando no lo era.

 

Cortados con la misma tijera

En enero del 2014, en medio de una afanada carrera por la Presidencia guatemalteca, el entonces precandidato a la primera magistratura del país, por el partido Libertad Democrática Renovada (Líder), Manuel Baldizón, lanzaba a luz pública su libro Los desafíos del futuro: Rompiendo paradigmas.

Con ello, el candidato del partido rojo, que sorpresivamente quedó en tercer lugar en las elecciones generales del pasado 6 de septiembre y, por ende, fuera  del balotaje, quería presentarse como un destacado intelectual. Pero las cosas le salieron al revés, provocándole un desgaste político.

El excandidato no se imaginaba en ese momento, ni  en sus peores sueños, que tan pronto como la obra académica y literaria saliera a la venta saltarían las primeras objeciones a párrafos que eran extraídos textualmente de los trabajos de otros autores, e incluso, de escritos divulgados en monografías.com, Wikipedia y Yahoo respuestas, sin entrecomillados o citas a pie de página.

Verbigracia, el primer capítulo de la obra de Baldizón ofrecía temas sobre prospectiva, ofrecidos por el blog Prospectiva: Visión y construcción del futuro, de Yazid Soler.

El contenido tomado del referido blog ocupó siete páginas del libro del excandidato de Líder.

El asunto, como era de esperarse, causó revuelo y críticas al precandidato rojo, contra quien la abogada Karen Fisher presentó una denuncia penal por aparente plagio.

La querella no progreso y fue desestimada, aunque la jurista que le sindicó informa que el proceso aún continúa.

Exdiputado y ahora ministro

El actual ministro de Salud, Mariano Rayo, no ha escapado ha esta cuestionable práctica. Siendo diputado del Congreso de la República, por el Partido Unionista (PU), en agosto del 2011 fue descubierto publicando en el vespertino La Hora un artículo que previamente había sido divulgado por el diario argentino La Nación.

Baldizon

 

Tras desvelarse el asunto, se descubrió que Rayo no había hecho mayor intento por desvirtuar en lo más mínimo la esencia del escrito y, por ende, borrar cualquier vestigio de similitud entre uno y otro trabajo; es decir, copió literalmente muchos de los párrafos de la obra de La Nación.

Incluso, el titular resultó ser, en sustancia, el mismo: La Nación consignó Elecciones: Falta un debate de ideas, y Rayo tituló Falta un debate de ideas. Básicamente, el exdiputado solo suprimió el término elecciones.

Sí es cierto (el plagio), y estoy viendo los mecanismos para pedir una disculpa. Me abochorna y me avergüenza, expresó tras ser sorprendido el hoy ministro de Salud.

Tan pronto como este escándalo iba quedando atrás, otro traspié del mismo tipo fue alertado en septiembre del mismo año. En esta ocasión, Julio Ligorría, entonces columnista del matutino Prensa Libre, y hasta septiembre del 2015 embajador de Guatemala en Washington, era pillado en una práctica similar.

 

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El consultor político, como se le refiere en su sitio web personal julioligorria.com, publicaba en aquel año una columna que contenía apartados textuales de un artículo del peruano Sebastián Ortiz Martínez, sin reconocerle la autoría.

El texto redactado para El Comercio de Perú había sido integrado parcialmente en la publicación del guatemalteco: Los rivales directos de Toledo lograron poner en la agenda política la prueba toxicológica. Keiko Fujimori, Pedro Pablo Kuczynski y Luis Castañeda se sometieron a los exámenes y descartaron que consuman drogas. Por su parte, el chacano evadió el tema y sostuvo que un exjefe de Estado no podía caer en aquellos juegos, planteaba Martínez.

Mientras tanto, Ligorría lo reprodujo de la siguiente forma: Los rivales directos de Toledo lograron poner en la agenda política la prueba toxicológica. Keiko Fujimori, PPK y Luis Castañeda se sometieron a los exámenes y descartaron que consumían drogas. Por su parte, Toledo evadió el tema y sostuvo que un exjefe de Estado no podía caer en aquellos juegos…

Al ser expuesto y comparado el artículo original con el de Ligorría en una publicación en Slideshare, el excolumnista de Prensa Libre respondió: El día de ayer publiqué, en mi columna de los miércoles, un artículo sobre el proceso electoral peruano, que recoge información diversa sobre lo acontecido en ese hermano país. Por razones de espacio, no cité fuentes peruanas de análisis, lo que con gusto hago, respondiendo a la amable sugerencia de una lectora, pero que, además, es como debe ser. Varias de las informaciones trasladadas fueron recogidas en el sitio de rpp.com, amerciatv.com y El Comercio, en información de Sebastian Ortiz. Por demás interesante lo que ocurre en Perú y más luego de las declaraciones de Mario Vargas Llosa, que dice apoyará a Humala antes que a Keiko… ya veremos. Ni aceptado ni totalmente desvanecido quedó el aparente plagio cometido por el consultor y exembajador en Washington.

 

Un golpe a la idoneidad

Sobre esta práctica, Edgar Gutiérrez, coordinador del Ipnusac; Alfredo Solórzano, jefe de la Fiscalía de Delitos Contra la Propiedad Intelectual, del Ministerio Público (MP) y Fisher, coinciden en que junto con el ilícito que esta práctica puede significar, el problema también es ético y moral, lo cual deja en entredicho la idoneidad y las calidades éticas y profesionales de quien incurre en esta.

El plagio, los títulos falsos y reconocimientos dudosos son recursos ilegítimos que algunos políticos emplean como medios para alcanzar un fin. De tal cuenta, la idoneidad para el desempeño de un cargo de la persona que cae en esto, queda en entredicho, manifiesta Gutiérrez.

Fisher añade: Como defensora de los derechos de propiedad intelectual, considero que esta práctica es gravísima. No solo denota la calidad de personas que pueden estar o estuvieron en la función pública, sino también plantea una contradicción desde el Estado, en función de que no podemos signar tratados y convenios internacionales que protegen el derecho de autor, cuando consentimos que nuestros propios funcionarios, o que quienes quieran llegar a serlo, sean proclives a transgredir dicho derecho.

Mientras tanto, Solórzano enfatiza al ser consultado por qué el MP no actúa de oficio, que la acción entorno a estos casos es de carácter privado; es decir, nosotros actuamos a partir de la denuncia del agraviado, en este particular, del autor original de la obra plagiada. Sin embargo, más allá de las diligencias penales y las pesquisas, creo que si alguien comete un error de este tipo o deja el camino abierto para las suspicacias frente a la sociedad, planta la semilla para que la ciudadanía dude sobre lo que eventualmente puede ser como funcionario público. Asimismo, lacera su credibilidad. Entonces es un problema ético profesional.

Según la citada fiscalía, las querellas por plagio son escasas, de tal cuenta que en el último año no ha existido ninguna denuncia al respecto.

Con todo, debemos estar conscientes de que esta práctica es más común de lo que parece, por lo cual no debería sorprendernos que en uno u otro momento un escándalo similar sacuda nuevamente a la casta política o académica del país.

Delito y castigo

El artículo 274 del Código Penal es el que plantea las sanciones para estos casos, las cuales van desde prisión de cuatro a seis años y multa de cincuenta mil a cien mil quetzales, aunque existe cabida para la conciliación entre las partes, aclara Alfredo Solórzano, jefe de la Fiscalía de Delitos Contra la Propiedad Intelectual del Ministerio Público (MP).

Marina Girón, subregistradora del Registro de la Propiedad Intelectual, reflexiona que es importante tomar en consideración que existe deficiencia en la difusión sobre los derechos que se generan en el uso de la propiedad intelectual, por lo que es inminente impulsar campañas de sensibilización que promuevan la creatividad, la innovación, el  respeto y reconocimiento de los derechos, evitando con el conocimiento e información que los mismos sean vulnerados.

Tras el escándalo y constantes críticas al presidente electo por no despedirlo de inmediato, Lam Ortiz fue separado de la coordinación del grupo que negocia el presupuesto de la nación en el Congreso.

Baldizón quiso presentarse como un intelectual connotado, pero las cosas no le salieron  bien.

Ligorría dijo, en su momento, que no había citado las fuentes de información por falta de espacio.

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