Politica

Partidos políticos son aves de paso

Desde 1985 a la fecha no han existido proyectos políticos de largo plazo.

En las últimas tres décadas han dejado de existir 45 organizaciones políticas, lo que evidencia la fragilidad, debilidad y falta de arraigo de los partidos políticos. En muchas de esas estructuras que ya dieron el último suspiro existen paralelismos en lo que lograron en vida, las estrategias desesperadas de sobrevivencia y hasta en la forma que desaparecieron. El informe forense da cuenta de que la causa de la defunción, hasta la fecha, no ha variado.

Rodrigo Pérez

rperez@cronica.com.gt

Cada día que pasa, los partidos políticos guatemaltecos, en vez de fortalecerse, se debilitan, y, de la mano de ello, se acercan más a la muerte. Ese es el destino dramático y con desenlace funesto que les ha tocado vivir a estas organizaciones que han saltado al ruedo en los últimos 30 años     –desde el inicio de la nueva era democrática, en 1986–.

Mientras las estructuras partidarias sigan siendo efímeras, la democracia guatemalteca será incompleta y no alcanzará la madurez que el país y la sociedad necesitan para enfrentar de mejor manera los problemas sociales, económicos y políticos de la Nación.

Los casos más recientes de rompimientos de organizaciones políticas son la cancelación del Partido Republicano Institucional (PRI) y el Movimiento Nueva República (MNR), debido a que en las elecciones de septiembre de 2015 no alcanzaron el 5 por ciento de los votos válidos para seguir existiendo.

Al PRI y al MNR se suma Libertad Democrática Renovada (Líder), cuyo caso es inédito en la aún incipiente democracia chapina. La organización será cancelada, según lo anunció el Tribunal Supremo Electoral (TSE), por haber ignorado las advertencias de hacer campaña anticipada y haber irrespetado el techo presupuestario autorizado para campaña electoral.

Paralelismo entre Líder y UCN

baldizon

Líder podría desaparecer por haber ignorado reiteradamente la prohibición para hacer campaña anticipada. El PRI y el MNR serán cancelados por no alcanzar el 5 por ciento de los votos válidos en las elecciones del 2015.

Entre la posible desaparición de Líder, en proceso, y la muerte jurídica de la Unión del Centro Nacional (UCN) hay 16 años de diferencia; sin embargo, tienen una historia bastante parecida.

Los candidatos presidenciales de ambas organizaciones políticas, Manuel BaldizónLíder– y Jorge Carpio NicolleUCN–, estuvieron cerca, en dos ocasiones, de alcanzar el cargo político más importante del país, encabezaron encuestas y fueron favoritos para alzarse con la victoria, pero eso no se concretó a la hora de la verdad, en las votaciones. Ambas estructuras en su primera participación por la Presidencia de la Nación llegaron al balotaje, pero se quedaron en la orilla.

Líder, con Baldizón, fue a segunda vuelta en las elecciones de 2011, pero las perdió frente a Otto Pérez Molina, del Partido Patriota (PP). En los comicios de 2015, el candidato del partido rojo fue el hombre a vencer, pero no logró pasar a segunda vuelta, tras quedar fuera en una reñida batalla, que se definió hasta el último minuto, con Sandra Torres, de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE).

La UCN, con Carpio Nicolle, llegó al balotaje en 1985; sin embargo, fue derrotado por Vinicio Cerezo, de la Democracia Cristiana (DC). En los comicios de 1990 ganó en primera vuelta, pero perdió en la segunda frente a Jorge Serrano Elías, del Movimiento de Acción Solidaria (MAS).

Asimismo, las dos agrupaciones políticas fueron en su momento una de las principales fuerzas de oposición. En la legislatura 2008-2012, Líder se convirtió en uno de los principales bloques de oposición, con una bancada que alcanzó 27 integrantes, según el informe Monografía de partidos los políticos 2012, elaborado por la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes).

En la administración 2012-2016 se convirtió en la principal fuerza de oposición, al incrementar su bancada en el Congreso de 14, a base de promover el transfuguismo, a 63 parlamentarios.

Similar es el caso de la UCN. En 1985, según las memorias electorales del TSE, obtuvo 22 escaños –de un total de 100 que conformaban el Legislativo– y se convirtió en la segunda fuerza política, detrás de la DC, que ganó 51. En 1990, con un Congreso integrado por 116 curules, fue la primera fuerza política, con 41 diputaciones, y le seguía la DC, con 27.

Intentos fallidos por sobrevivir

perez-PRI

En la era democrática han existido y desparecido partidos políticos que ante la inminente muerte por el desgaste y descrédito, han intentado burlar o engañar a la guadaña al cambiar su imagen; no obstante, han fracasado y ahora forman parte de ese camposanto que crece con cada celebración de comicios.

En esta categoría entra el PRI, que en 2013 dejó de ser el Frente Republicano Guatemalteco (FRG), un partido venido a menos y totalmente desprestigiado luego de que en el 2000 llevara al poder a Alfonso Portillo, cuyo gobierno es recordado como uno de los más corruptos.

El FRG, fundado por el polémico militar y golpista Efraín Ríos Montt, tras convertirse en el PRI, nombró como secretario general a Luis Fernando Pérez, a quien postuló para la Presidencia en las elecciones de 2015; sin embargo, no obtuvo el 5 por ciento de votos válidos para seguir existiendo.

Otras organizaciones han intentado en el pasado, al igual que el camaleón, cambiar su apariencia, aunque, al final, eso no las salvó de la desaparición y solo las prolongó por un breve tiempo.

El PRI hizo lo mismo que el MAS, que llevó a la presidencia a Serrano Elías en los comicios de 1990. El exmandatario es recordado por su intento de autogolpe de Estado del 25 de mayo de 1993 –disolvió el Congreso y destituyó a los magistrados del Organismo Judicial–.

La decisión dictatorial de Serrano, la cual que rompía con la incipiente democracia, fue rechazada por diversos sectores sociales y no fue apoyada por el Ejército. El 1 de junio de 1993 dejó el poder y huyó por El Salvador a Panamá, donde actualmente vive.

Como una estrategia de sobrevivencia, el MAS se convirtió en 1996 en el partido Acción Reconciliadora Democrática (Arde), que participó en los comicios de 1999 y por haber obtenido menos del 5 por ciento de votos válidos fue cancelado por el TSE.

Existen otras organizaciones que no gobernaron y que también intentaron sobrevivir cambiando de nombre e imagen. Así lo evidencia el informe Guatemala: Monografía de los partidos políticos 2000-2004, realizado por Asíes.

Entre los que intentaron una metamorfosis está el Partido Revolucionario (PR), que en 1995 se convirtió en el Frente Democrático Nueva Guatemala (FDNG) y desapareció en febrero del 2000, así como el Partido Social Cristiano (PSC), que en 1998 se convirtió en Alianza Democrática (AD) y se extinguió tras las elecciones de 1999, y el Frente de Avance Nacional (FAN), que en 1997 pasó a ser Unidad Nacionalista (UN) y fue cancelado en enero de 1998.

Debut y despedida

MNR 2

Existen agrupaciones que han tenido un paso fugaz por la arena política, ya que desaparecieron luego de su primera y única participación en comicios. La última de ellas, pero no la única, es el MNR, que vivió solo tres años y nunca se consolidó.

El MNR fue formado por Aníbal García e inscrito como partido el 16 de mayo de 2012. En las elecciones de 2015 postuló a la Presidencia a García, quien no obtuvo el 5 por ciento de votos válidos y, por lo tanto, la organización desaparecerá, como ya lo anunció el TSE.

El partido Acción de Desarrollo Nacional (ADN) corrió la misma suerte, pues postuló en 2011 a Adela de Torrebiarte y desapareció inmediatamente al no obtener el mínimo de sufragios válidos para seguir con vida.

Informe forense

El motivo de las defunciones en los últimos 30 años es el mismo, debido a que los partidos no encuentran o no quieren la cura para corregir las malformaciones de nacimiento que les impiden fortalecerse y tener una larga vida.

La tesis Causas que motivan la desaparición de los partidos políticos en Guatemala, escrita por Rudi Ariel Ruano González para la Escuela de Ciencia Política de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), indica: Durante la transición política iniciada en 1985, han desfilado en el contexto político una gran cantidad de partidos políticos, lo cual denota la fragilidad del sistema político partidista y a la vez representa la falta de proyectos políticos a largo plazo.

Asimismo, sostiene que el ejercicio del poder representa un desgaste para los partidos, y eso se traduce en un rechazo en las urnas por parte del electorado. De hecho, hasta el momento, ninguna agrupación política ha hecho gobierno por dos administraciones consecutivas y la tendencia es que estas organizaciones desaparezcan con el paso del tiempo.

La falta de renovación de liderazgos es una de la causas de la desaparición de bancadas. Al respecto, la citada tesis señala: Otro ingrediente que erosiona la vida de los partidos políticos es la concentración del liderazgo en una sola persona. Cuando falta, el partido automáticamente se debilita y comienza un proceso de extinción, que con el pasar del tiempo se materializa. Otros factores son la carencia de una ideología y de una base social amplia.

Además, la tesis Desintegración de los partidos políticos en Guatemala, elaborada por Guillermo Gerardo Alonzo para la Escuela de Ciencia Política de la Usac –agosto de 2012–, expresa: Para poder ser un vínculo efectivo entre la ciudadanía y el Gobierno los partidos necesitan ser organizaciones fuertemente arraigadas y estructuradas, esto se refiere al fortalecimiento institucional, la democracia interna, la identidad ideológica.

Luego refiere: La desintegración de los partidos políticos es efecto de su misma debilidad institucional y del incumplimiento de su tarea como mediadores y representantes de la ciudadanía ante el Estado.

El informe Guatemala: Hacia un Estado para el desarrollo humano 2009-2010, efectuado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), también apunta en la misma dirección.

El texto de la PNUD manifiesta: Los partidos políticos se han distanciado de la ciudadanía a la que dicen representar y su papel de intermediación se ha desviado hacia el aprovechamiento de la gestión de negocios de naturaleza paternal o clientelar, el uso de recursos en obras públicas para intereses electorales, el tráfico de influencias.

Desde el inicio de la  nueva era democrática, los partidos han funcionado como maquinarias electorales, sin ideologías y sin democracia interna, y se han olvidado de representar los intereses de los ciudadanos. Mientras eso no cambie, estaremos siendo testigos, cada cuatro años, de los funerales de otras agrupaciones políticas.

 

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