Politica

Los tumbos de Jimmy

Han sido semanas complicadas para el presidente Jimmy Morales. Después de ocho meses de gestión, parece caminar en medio de una administración que no da muestras de transparencia, dinamismo ni efectividad. Decir no hay crisis no parece suficiente para ahuyentar los fantasmas que rondan la Casa Presidencial.


Un acto de corrupción en el Registro de la Propiedad, que involucra a su hijo José Manuel y su hermano Sammy, han puesto nuevamente en incómodo esca­parate al presidente Jimmy Morales, acostumbrado a las cámaras como ar­tista de comedias, pero incómodo ante la prensa y una opinión pública cada vez más crítica.

Perseguido por su promocionado eslo­gan de campaña de ni corrupto ni ladrón, el gobernante sufre también por críticas ante la falta de transparencia y la poca efectividad de su gestión administrativa. El resultado es el de mayor incertidum­bre política en el país.

Los alcances de la actual crisis, que es negada por el Ejecutivo, aún están por verse. En buena medida dependerá de cuán involucrados estén el hijo y el her­mano del gobernante. No obstante, exis­te la percepción de que lo descubierto solo es la punta de un iceberg que po­dría golpear fuerte a la administración de Morales y FCN-Nación.

De momento, el caso ya ha asestado un duro golpe al mandatario, al deslegi­timarlo para gobernar, porque aunque él no está involucrado y el hecho no ocurrió durante su mandato, está implicado su círculo familiar más cercano.

La investigación que sigue su curso, ya se emitió orden de arraigo contra José Manuel y Sammy Morales, complica, en principio, el nivel de gobernabilidad que se pueda tener.

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Refuerza, además, una creciente frus­tración entre la población hacia la nueva administración, ya que no está respon­diendo las demandas sociales expresadas durante las manifestaciones contra la co­rrupción y la vieja clase política, que se llevaron a cabo el año pasado a partir del mes de abril. Y esa percepción se man­tendrá, aun cuando pase la tormenta que en estos momentos está sobre Casa Presidencial.

Si a eso se suma que el Congreso de la República también da tumbos, el resultado es que el país está frente a dos poderes del Estado cuestionados y con poca credibili­dad. Una fórmula peligrosa cuando se quiere salir de crisis. El principal activo del gobernante, ni corrupto ni ladrón, ha sido puesto en duda.

En este contexto, y para colmo de males, el Ejecutivo, con el argumento de las fuer­tes y constantes lluvias, decretó el 20 de septiembre un Estado de Prevención que restringe las garantías constitucionales de libertad de locomoción, de manifestación y de expresión. Además, abre las puertas pa­ra que el Estado pueda hacer compras y contrataciones sin cotizar ni licitar. Esta de­cisión fue rechazada en las redes sociales y en medios y organizaciones de prensa.

Mal manejo de crisis

Los malos momentos por los que pasa el Gobierno, según expertos en políti­ca, se han agravado, porque no ha ha­bido un correcto manejo de la crisis política y a ello se ha aunado otros in­fortunios del gobernante.

Daniel Hearing, analista político, con­sidera que es una crisis de comunica­ción horrorosamente mal manejada, por­que el caso no afectaba de forma directa al mandatario, tomando en cuenta que es un caso que involucra a sus familia­res, pero esto no tenía por qué perjudi­carle directamente; sin embargo, el go­bernante le presta tanta importancia sin explicar y provoca rumores y falta de credibilidad.

Jorge Wong, politólogo y catedrático universitario, coincide al indicar que es una crisis mal manejada. Ahora enten­demos porque se quedaba dormido el pre­sidente, y es porque era algo grande que le quitaba el sueño. Creo que la crisis fue mal manejada, incluso contraproducente, ya venían minando su credibilidad con los tuiteros.

Está crisis también es catalogada co­mo típica de los gobiernos latinoameri­canos, en donde la familia del Jefe de Es­tado es señalada por casos de corrup­ción, que trabajan con el mismo modus operandi respecto de la persecución a la corrupción.

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Stephanie López, analista política del Instituto Centroamericano de Estudios Políticos (Incep), considera que es algo preocupante que no haya una estrategia de comunicación que logre apaciguar lo

que, de pronto, no es una crisis, pero no la logran manejar para que no se perciba de esa manera, por lo que se generaliza y se ve como una crisis del Ejecutivo.

Pierde el control

La administración del Ejecutivo no es una tarea simple; sin embargo, el presi­dente Morales se ha empeñado en com­plicarse el trabajo con las diversas accio­nes que ha presentado, lo cual incluso le ha generado pérdida de credibilidad y legitimidad ante un Gobierno que ofre­ció no ser ni corrupto ni ladrón.

Cristhians Castillo, analista político del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos (Ipnusac), co­menta que este último escándalo presi­dencial representa un revés muy directo al Presidente, que afecta de sobremanera su credibilidad, porque su principal activo de campaña —ni corrupto, ni ladrón y no ser de la vieja clase política—, es lo que precisamente se va desmoronando.

De concretarse las acusaciones con su nú­cleo familiar, el impacto va a ser a nivel mo­ral y ético y una pérdida de credibilidad en la palabra del señor Presidente. Me refiero a que habrá muy poco margen de credibili­dad que le quede al Ejecutivo en sus próxi­mos años de gobierno, indica Castillo.

En estos casi nueve meses se han ido acumulando situaciones que le han qui­tado el sueño al gobernante, temas co­mo la conformación de la Juntita, poste­rior a ello un grupo clandestino de es­pionaje dentro de la Secretaría de Asun­tos Administrativos y de Seguridad Presidencial y ahora el posible involucra­miento de su hijo y hermano en un caso de corrupción.

Realmente, en el poco tiempo, ha habido situaciones importantes, no precisamente positivas, lo principal es la imagen de que, definitivamente, no hay una dirección clara en este gobierno, indica Alejandro Agui­rre, director de Coordinación de ONG y Cooperativas de Guatemala (CON­GCOOP).

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Víctor Gálvez Borrel, director de Inci­dencia Pública de la Universidad Rafael Landívar (URL), explica que es una cri­sis real la que vive el Gobierno, pero también comenta que ve en el Ejecutivo dificultades para encontrar su curso, cause y estilo de lo que se llama geren­cia política, es decir, cómo conducirse y hacer las cosas adecuadas.

Parte de los problemas están exacer­bados por los pésimos manejos de la opinión pública que ha hecho esta ad­ministración, por lo errores que ha co­metido y ahí sí podría evitarlo si tuviera un buen equipo de manejo de medios, añade Gálvez Borrel.

Debe enderezar el rumbo

Los expertos consultados no tienen la menor duda de que los señalamientos de corrupción contra el hijo y hermano del mandatario han afectado su credibi­lidad, la cual se deteriora y que es necesa­ria para gobernar, y ante ello le recomien­dan a Morales retomar el camino y hacer cambios drásticos, tomando en cuenta que es su primer año de Gobierno.

Wong insiste en que si no existe cre­dibilidad en un gobernante se complica toda su gestión. En este sentido explica que la decepción de la ciudadanía res­pecto de las autoridades se está incrementando, debido a que hay varias ac­ciones que han demeritado la credibili­dad del Gobierno, por lo que recomien­da se trabaje en una estrategia para tratar de clarificar las cosas y mane­jar mejor las crisis.

El problema es que, aunque quieran, no lo harán, porque no pueden, re­flexiona luego el entrevistado.

Castillo, del Ipnusac, resalta que se va perdiendo la credibilidad del gober­nante, presentándose un vaciamiento de contenido y de poder respecto de la figura presidencial. Situación que afecta negativamente al país, sobre­todo en una república presidencia­lista en donde tendemos como so­ciedad a personalizar el poder.

Esto lo comparte Aguirre al indi­car que estas acciones le afectan bas­tante al Jefe de Estado, consideran­do que en el poco tiempo de gobier­no ha tenido un impacto y un debi­litamiento bastante fuerte, partiendo del hecho de que la gente se disgusta principalmente de los actos de corrupción.

La situación fuerza al mandatario, consi­deran los analistas, a gobernar en verdad y hacer cambios de su equipo de trabajo pa­ra enderezar el barco.

A finalizar el año debe de estar pensando en una reanimación en su Gabinete en sus equipos, esto para presentar para el segundo año un rescate que tal vez no todos tienen tanta urgencia como él, por el balance tan crítico que ha tenido, subraya Gálvez Borrel.

Para el Director de Incidencia Pública de la URL, este fin de año es vital para eliminar a la gente que no colabora, aun­que sean sus amigos. Debería de hacer un anunció en cadena nacional con sus minis­tros atrás y hacer un buen discurso para plantear estas expectativas de reanimación de su gobierno.

En este mismo camino se orienta la opinión de Hearing, al indicar que lo que debe hacer y no hará es limpiar a su Gabi­nete de asesores y sacar al personal que le lleva la comunicación y contratar a perso­nas capaces que no sea de su confianza, pero le pueden apoyar bastante. Sin em­bargo, asegura que esto no lo hará porque le ha tomado cariño al equipo de asesores, entre ellos los temas de comunicación.

El analista del Ipnusac le recomienda al mandatario asumir una actitud seria y res­ponsable respecto de la relación con los que están señalados. También tiene que tener respeto en relación con la in­dependencia de poderes. Sin embargo, lo más importante es que se abra a la comunicación.

Esto lo respalda Aguirre, quien argu­menta que Morales debe tener una comu­nicación fluida con los medios y debe mantener una coordinación fuerte entre los distintos ministerios; pero, sobre todo, tener un plan de gobierno estructurado, con dirección, y ponerlo en práctica lo más rápido posible. Así como hacer mejo­ras a su estrategia de comunicación y ser transversal para que todos se basen en los mismos métodos.

*Reportaje realizado por Alvaro Alay, Pavel Arellano y Rodrigo Pérez

 

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