Politica

“LAS ELECCIONES NO SON UNA SOLUCIÓN A LA CRISIS”

Eduardo Stein Barillas, experto en temas políticos.

Las elecciones generales no darán una solución a la crisis política que se vive en la actualidad, opina el exvicepresidente de Guatemala, quien califica como una bocanada de aire fresco a los grupos sociales que han salido a protestar contra la corrupción, ya que, lamentablemente, los partidos políticos no representan al pueblo, pues obedecen a intereses mezquinos.

Álvaro Alay / aalay@cronica.com.gt
El clamor de los grupos sociales ha desatado toda una serie de denuncias contra la corrupción en el país, ¿Cómo analiza usted este tipo de movimientos? Son una bocanada de aire fresco en un sistema político y administrativo asfixiante que necesita desesperadamente de una reforma profunda. Los escándalos destapados por el Ministerio Público y la CICIG han viabilizado ese clamor, con elementos probatorios judiciales de validez penal. El rechazo a la corrupción y a la política tradicional, que han sido el pegamento original de las protestas, son un principio de renovación. Pero está creciendo la frustración al ver que no es posible lograr los cambios pretendidos.

En la actual coyuntura son los políticos los más señalados. ¿Cómo evalúa el sistema político guatemalteco?

La gran tragedia de nuestro sistema político es que se ha vuelto disfuncional para la legitimidad, porque no nos representa. Además, los partidos secuestran nuestra representación y la comercian, poniéndole altos precios a quienes quieran ser candidatos a puestos de elección por su partido. Y luego, los funcionarios electos abandonan su responsabilidad de atender las necesidades ciudadanas y canalizar sus demandas, y se dedican más bien a un inmenso mercado con los recursos de inversión pública. Alcaldes y diputados, igual. En el Congreso, la mayoría de diputados se cambian de partido cuantas veces les convenga, despreciando a la ciudadanía que los eligió. Y, por último, en el Congreso arrastran los pies, postergando la discusión y aprobación de leyes importantes para el país.

¿De qué forma se puede dolver la credibilidad en los políticos?

Lo primero es reconocer el problema: la ciudadanía en general ha calado como nunca la gravedad, la extensión y la profundidad de la corrupción, y quieren que el Estado se limpie. No solo en la capital, sino también en el interior, la gente es consciente de la corrupción de sus alcaldías. Vivimos en un Estado infectado. Los tres poderes del Estado necesitan reformarse y trabajar por la transparencia de su desempeño y la responsabilidad con que asumen su mandato y sus funciones. Sin ello, no se recuperará nunca la credibilidad.

Este despertar ciudadano también ha sido reforzado por la persecución penal a exfuncionarios. ¿Qué ejemplos deben tomar de ellos los siguientes Gobiernos?
Lo más importante es la clara demostración de que sí es posible aspirar a un régimen público de trasparencia y probidad. Pero igualmente importante es la constatación de que no habría sido posible sin el trabajo de la CICIG, al mando de Iván Velásquez, en soporte y en plena coordinación con la fiscal general Thelma Aldana y los equipos del Ministerio Público. De aquí en adelante habrá más atención ciudadana, más auditoría, más vigilancia, más supervisión. Los futuros Gobiernos deberán tomar esto muy en cuenta.

Se menciona falta interés por estas elecciones ¿Considera usted que es importante que la gente vaya a votar?
Debemos respetar escrupulosamente la decisión individual de cada persona. Pero es claro que estas elecciones son una tremenda contradicción para la ciudadanía: un sistema lleno de insuficiencias y trampas que las mayorías quieren cambiar, pero que el marco legal no nos deja. Con una campaña que depende de las chequeras y no de la validez y pertinencia de las propuestas. Sin embargo, ese es el camino que marca nuestra Constitución y nuestras leyes actualmente. Las alternativas son riesgosas y caóticas. Así que el voto responsable es un primer paso para poder promover el cambio de forma sistemática, con una fiscalización organizada de la sociedad. No votar o votar nulo es regalar la elección.
Otro son las reformas constitucionales. ¿Considera que se deben llevar a cabo con este Congreso desprestigiado por señalamientos y antejuicios?
No existen condiciones actualmente para acometer reformas constitucionales que nos encaminen a una verdadera transformación estructural del Estado guatemalteco. No solo porque no hay tiempo, sino porque no hay voluntad. Una Asamblea Nacional Constituyente, nutrida por partidos corruptos, solo produciría una nueva Constitución hecha para facilitar aún más la perpetuación en el poder, favorecer sus negocios y la succión de recursos del Estado impunemente.

Ya faltan casi seis meses para que termine el Gobierno de Otto Pérez Molina. ¿Cómo lo evalúa usted?
Tuvieron una extraordinaria oportunidad para ser ellos los que condujeran los esfuerzos de transformación, en el marco de una reforma estructural del Estado, que encarara cambios a la Constitución y a leyes fundamentales; y de convocar a un acompañamiento ciudadano múltiple para esa transformación y para conjurar el triángulo perverso de nuestros problemas fundamentales y atávicos: uno, la pobreza estructural, la exclusión y el racismo; dos, la inseguridad y la violencia; y tres, la corrupción y la impunidad. No se hizo.

Estamos a menos de un mes para las elecciones. ¿Considera que los candidatos presidenciales llenan las expectativas?

En circunstancias normales, tendríamos varias opciones creíbles de gente competente y capaz. El problema es el telón de fondo de la corrupción, el descreimiento y el rechazo rotundo a este sistema, contra el que se presentan las 14 candidaturas. A ello se añaden los señalamientos con consecuencias judiciales hacia varios candidatos, asimismo los límites constantemente traspasados por varias campañas de partidos grandes y las cataratas de promesas de la propaganda electoral, que abiertamente no se podrán cumplir. De allí el voto indeciso tan grande.

¿Percibe que habrá abstencionismo?
Definitivamente sí. Mucha gente está harta de verse nuevamente burlada ante reformas que no se pudieron iniciar, de un Congreso que no ha querido hacerse cargo de estas demandas ciudadanas y que, en su mayor parte, son los mismos actores dudosos los que están compitiendo. ¿Para qué molestarse? Pero el Tribunal Supremo Electoral todavía puede hacer uso de su legítima potestad, dentro de la ley vigente, de sancionar partidos que la transgreden.

¿Qué se puede esperar de las elecciones?, ¿solventarán la crisis política?
No, porque suponen una camisa de fuerza jurídica, en donde la legalidad conspira contra la legitimidad y termina forzándonos a tragarnos por cuatro años más la evidenciada corrupción de un sistema político podrido que traiciona la voluntad de cambios que quiere la gente. Como muchos analistas han comentado, estas elecciones así practicadas por primera vez en mucho tiempo, no representan ni una solución y ni una salida a la crisis, porque no brindan una clara esperanza de mejoría política para el país. El día de la votación podrá transcurrir procedimentalmente con normalidad. Pero solo postergan los líos de fondo y agravan la frustración ciudadana.
La mayoría de las poblaciones de Guatemala no quieren seguir siendo víctimas del secuestro de su representación por parte de los partidos políticos. La misma ciudadanía de diferentes clases sociales, que ha salido con todo civismo a las calles por todo el país, no ha querido que este aire fresco de la esperanza de reformas se convierta en huracán destructivo… por ahora.
Así que el voto responsable es un primer paso para poder promover el cambio de forma sistemática. No votar o votar nulo es regalar la elección.

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