Politica

LaRed: ¡Qué grueso!

Por Crispino Picón Rojas

Expresión que se utiliza para señalar a una persona turbia o referirse a alguna acción deshonesta, o algo que provoca mucho daño.

Vaya pacayita la que le ha quedado entre las manos a Jimmy Morales y su cantaleta de ni corrupto ni ladrón, porque un negocio de esos que arrancan un ¡qué grueso! en cualquier reunión, le llega como herencia podrida de las dos administraciones anteriores: El contrato con la empresa Security Assistance Group (SAG).

Como el temita está cobrando notoriedad, les pregunté a mis colegas meseros en la reunión semanal de La Red si habían escuchado algo sobre el asunto, ahora o antes, porque esta es una nigua que se viene calentando desde 2014, cuando desde el norte bajó un diplomático, pero de los nuestros, con la falsa cantaleta de que había que hacer algo para contentar a Washington con el tema de control migratorio, y qué mejor que incrementar los controles con tecnología de punta y con un contrato que supera los US$100 millones de dolorosos —en total, serían más de Q800 millones—.

Pues uno de mis colegas recordó que, precisamente, aquel diciembre le tocó atender, en un privadito de restaurante, una reunión en la que corrió el champagne, porque se había cerrado un negocito que él recuerda tenia que ver con mejorar la identificación de las personas que entran y salen del país —así como pasa en los yunaites, en donde le sacan a uno huellas y foticas con una compu—.

Él recuerda que uno de los presentes era nada menos que el ex ministro de Gobernación, Mauricio López, un señor que hablaba como argentino, uno al que le decían asesor, y uno, ¡qué grueso!, al que le decían Señor embajador. Ah, el diplomático chapín le recordaba al ministro que, cuando estaba en la llanura, él le enseñó todo el rollo de manejo de crisis, por lo que empujar ese negoción sería pan comido.

Entre risas y brindis, comentaban que nuestro país se pondría arriba de Honduras y Panamá, que ya pusieron este sistema, pero con gobiernos más pendejos, que compraron el hardware y software y así apenas gastaron menos de la décima parte de lo que le costaría a nuestro pobre y desvalijado pueblo hacer lo mismo.

Pero no contaban con la astucia de el Peladero, y el Chepe Zamora, porque pronto se enteraron y destaparon la olla. Por los tips de ese mesero chispudo y la info publicada podemos atar cabos y saber que otros dos de esa cena mágica de celebración pudieron ser Gustavo M. Brignone, el mero, mero de SAG, y el embajador, entonces, de Guatemala ante Estados Unidos, Julio Ligorría. ¡Qué grueso!

Cuando la cosa se le puso peluda al gobierno de Otto Pérez y de la Roxy Baldetti por la persecución de la CICIG y el MP, le temblaron la canillas al pobre y aún ministro López Bonilla, quien para no verse en el tambo esperando un paquetito de cigarrillos, prefirió suspender aquel negocito y después de eso se puso pies en polvorosa, renunció y hasta se cambió de look.

Para que lo comprendan mejor, mis querido lectores de La Red, si este negocio multimillonario en dolarucos se hace, haría que el de la famosa agua mágica de Amatitlán pareciera un Monopoly para niños, ¡qué grueso!

Los de esa empresa SAG y El Grueso no se quedaron quietos tras la salida de López Bonilla y se fumaron aquello de que México y Estados Unidos estaban exigiendo controles migratorios como los que ellos proveerían. Ni uno ni otro. No hay una solicitud específica, como intentaron hacer creer a la opinión pública y a funcionarios de Gobernación. Claro que en eso de la migración los controles son necesarios, pero no es una exigencia para que un país, con tantas necesidades y pocos recursos, use ese dinero que bien podría servir para equipar hospitales, mejorar la educación o la seguridad, por ejemplo, va.

Aunque el negocio ya fue considerado lesivo para los intereses del país, estos señores siguieron con su plan original, sabiendo que la ganancia es tan grande, que salpica a todos. ¡Qué grueso!

Al oír ese comentario, otro mesero brincó y dijo: ¡Ahora entiendo! Se refería a una conversación que escuchó hace unas semanas, en la que un personaje, que no conocía, aseguró que estamos alineando nuevamente a medio mundo para que se apruebe el negocio de Migración. Recuerda que en esa plática se mencionó a la procuradora general de la Nación, María Eugenia Villagrán, quien ¡oh, sorpresa! está cambiando su postura sobre impugnar el negocio y ahora le parece favorable.

Como son chispuditos para sus negocios, resulta que se pretende crear otro impuesto de salida de los aeropuertos —ya hay dos—, para pagar la gracias. La empresa del San Brignone solo cobraría unos Q20 quetzales, en dólares, por supuesto, por cada persona que ingrese o salga del país. Eso por 6 años. ¡Qué grueso!

Me cuentan que Ligorría, quien antes asesoró y participó en los contratos de las barcazas de Enron, y el hasta hoy negocio más oscuro y más jugoso en ganancias para los intermediarios, la venta de Guatel, está feliz y pegando de brincos, porque cree que otra vez la hizo… A VER QUÉ FINAL HAY. ¡QUÉ GRUESO!

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