Politica

Belice, un cuento de nunca acabar

El ministro de la Defensa, Williams Mancilla, asistió al velorio del niño de 13 años asesinado por tropas beliceñas en la zona de adyacencia.

Julio René Alvarado Ruano, un niño guatemalteco de 13 años, fue asesinado en abril pasado por las fuerzas armadas beliceñas en la llamada zona de adyacencia. El caso ha revivido la necesidad de encontrar una solución al diferendo territorial con Belice, el cual ni siquiera parece estar cerca de llegar a la Corte Internacional de Justicia para un fallo definitivo. Ahora la tensión ha vuelto entre ambos países.

Sergio Del Águila / sdelaguila@cronica.com.gt

Las relaciones bilaterales con Belice han vuelto a un nivel de tensión tras un período pasivo en el que; sin embargo, no se dieron los avances diplomáticos ni legales que ambas partes esperan desde hace muchos años, como parte de un diferendo territorial que data del siglo XIX y que nunca ha estado cerca de una solución definitiva.

La violencia generada por el ataque de soldados beliceños contra campesinos guatemaltecos en la zona de adyacencia el pasado 20 de abril —con saldo de un niño de 13 años muerto y su hermano de 11 y su padre heridos—, muestra nuevamente el delicado hilo sobre el que penden siempre las relaciones con el gobierno beliceño, a causa de no encontrar la fórmula para poner fin al conflicto territorial.

Pronunciamientos oficiales subidos de tono, e incremento de militares destacados a la zona de adyacencia —un área que se extiende un kilómetro a cada lado de la línea abstracta que se supone divide a las dos naciones—; exacerbación de sentimientos de nacionalismo y patriotismo e intranquilidad en la región son algunos de los elementos visibles que se han generado tras el trágico incidente protagonizado por tropas beliceñas.

A ello se suma el retiro temporal del embajador guatemalteco en la vecina nación —fase previa al rompimiento de relaciones entre dos naciones—, lo que muestra un marcado deterioro diplomático que exigirá habilidad para volver a la normalidad.

El más reciente incidente es considerado como el peor de los 10 que han cometido las fuerzas militares de la vecina nación desde 1999. De tal cuenta que ese hecho ha venido también a elevar la angustia y temor con el cual viven cientos de familias guatemaltecas en la zona de adyacencia.

Más leña al fuego

resguardando frontera de belice

Han contribuido a exacerbar los ánimos, las declaraciones del gobierno beliceño, que asegura que la muerte del menor de edad —atacado por la espalda y que estaba desarmado— se debió a un acto de defensa.

La maquinaria diplomática de ambas naciones ya se ha echado a andar para defender, cada quien ante la comunidad internacional, su posición, en tanto que la Organización de Estados Americanos (OEA) se mostró anuente a conformar una comisión ad hoc para que investigue lo ocurrido y rinda un informe para que se diluciden responsabilidades penales.

Pero las aguas siguen agitadas. Al extremo de que el Congreso emitió un punto resolutivo en el que recomienda a los connacionales no viajar a Belice porque es peligroso y se pueden exponer a violaciones de sus derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad beliceñas. El Legislativo también pidió al gobierno que haga una campaña para informar a la población guatemalteca sobre los peligros a los que se pueden exponer si viajan a la vecina nación.

Esa decisión de los legisladores ha sido calificada como un falso patriotismo; sin embargo, evidencia la exacerbación del nacionalismo entre la población guatemalteca. Mientras tanto, en la región centroamericana y entre organismos multilaterales existe preocupación.

De esa cuenta se prevé en la tercera semana de mayo los parlamentos de Centro América y el Caribe hagan un llamado conjunto para que Guatemala y Belice busquen una solución pacífica al problema y que todo se solucione por la vía diplomática.

Historia sin fin

2

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, durante una reunión con el presidente Jimmy Morales se mostró anuente a conformar una comisión ad hoc para investigar lo ocurrido en la zona de adyacencia.

El problema de fondo es el diferendo territorial que tiene sus orígenes en 1859, cuando Guatemala cede a la Gran Bretaña una porción de territorio a cambio de una carretera que nunca se construyó.

Ese litigio territorial, que ya lleva 157 años y que es uno de los más añejos del istmo, y la indefinición de una frontera ha provocado a lo largo todo este tiempo relaciones agrias entre los dos países.

Y; sin embargo, no existe certeza de que en el mediano o largo plazo esta disputa territorial tenga fin. El 8 de diciembre de 2008 ambas naciones, bajo los auspicios de la OEA, llegaron a un Acuerdo Especial para someter el diferendo ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ).

Pero el proceso para que la CIJ conozca la disputa territorial y emita una resolución al respecto ha avanzado poco y cada vez el camino se torna más empedrado y cuesta arriba.

La importancia del acuerdo radica en que las partes se comprometen a resolver la disputa ante la Corte y aceptan que la naturaleza jurídica de este diferendo es de carácter territorial, insular y marítimo, afirma el canciller Carlos Raúl Morales.

En el acuerdo estaba previsto que, previa aprobación de los congresos de cada nación, Guatemala y Belice celebraran de forma simultánea una consulta popular el 6 de octubre de 2013, pero esto no ocurrió.

Y en mayo de 2015, ambas naciones, de muto acuerdo, modificaron ese punto y determinaron que las consultas populares se llevarán a cabo de forma simultánea o separada, en las fechas más convenientes para las partes.

Sin embargo, no se fija una fecha concreta y queda a discreción de cada país cuándo hacerlo. Tras la muerte del menor de edad en la zona de adyacencia, la OEA pidió a ambas naciones agilizar la consulta popular.

En torno al momento actual, el canciller dijo que estamos en la fase previa a la consulta popular, la cual no pudo ser realizada simultáneamente en ambos países, pero ya firmó un Protocolo que permite separar las consultas, el cual aún no ha sido aprobado por el Congreso.

Cuesta arriba

Por si fuera poco, Belice cambió su legislación sobre consultas populares y estableció que para que el resultado sea vinculante, debe acudir por lo menos el 60 por ciento de la población apta para votar y que los sufragios deben ser del 51 por ciento.

Esa modificación fue calificada como absurda por el excanciller Fernando Andrade Díaz Durán. Pero Guatemala tampoco ha mostrado un interés real en resolver el problema. Así lo considera el exministro de Relaciones Exteriores, Gabriel Orellana.

A Belice no le conviene delimitar, ni a Guatemala, porque políticamente es un tema demasiado sensible y difícil de manejar al interior del país, y en el caso del gobierno de Jimmy Morales, apenas tiene tres meses y está buscando su rumbo, mientras que durante el gobierno de Otto Pérez no quería tener sobresaltos ni turbulencias y buscó la vía fácil para terminar su administración, como lo hicieron Óscar Berger y Álvaro Colom, afirma Orellana.

Para el también excanciller, Eduardo Stein, el estancamiento no favorece a nadie positivamente porque genera constantes riesgos en la zona de adyacencia; como por ejemplo, el muy lamentable accidente del niño baleado en territorio beliceño.

En río revuelto…

Pero las consecuencias de la indefinición de la frontera entre Guatemala y Belice, va más allá de muertes y pérdida de cosechas de connacionales que viven en la zona de adyacencia.

El excanciller Stein llama la atención en que se debe reflexionar sobre algunas afirmaciones que apuntan a que el narcotráfico es el más interesado en que los límites no se marquen, porque eso les permite una porosidad constante, sabiendo que toda la cuenca del caribe es una zona de intenso tráfico de estupefacientes y de trata de personas.

Provoca; además, que al no tener resueltos los límites, ambos países impiden las posibilidades de desarrollo, colaboración, cooperación industrial, comercial, agrícola y empresarial, porque esa imprecisión impide inversiones en ambas naciones, subraya Stein.

Al respecto, el excanciller Edgar Gutiérrez afirma que en los registros de la Oficina contra la droga y el delito de Naciones Unidas se identifica la zona entre Belice y Guatemala como un área de alto tráfico ilícito de armas Belice a Guatemala y Guatemala al resto de Centroamérica y de cocaína Honduras hacia Guatemala y a Belice, así como de tráfico de personas y otros.

 

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