Opinion

Un mes con Mr. Jimmy

MarioAlberto-0009Mario Alberto Carrera


Las normas de la concordancia exigen que no haya desarmonía ni enemistad  entre un término y otro: un artículo masculino con un sustantivo del mismo género. Es por eso que, en el titular de arriba, he preferido emplear el tratamiento abreviado de mister, para referirme al Presidente, porque si se llamara Jaime-Jacobo-Santiago ¡de Compostela!, no habría dudado en anteponerle un castizo señor don. Sin embargo, él cambió de James a Jimmy, de manera que hay más concordancia con Mr., dada su anglófila inclinación. Por primera vez en la historia de Guatemala un presidente de la República tiene un nombre británico y un vicepresidente, judío. Aliviados estamos. Mal se anuncia el futuro de los onomásticos cuando se escuchan voces tan poco nacionales desde las primeras magistraturas.

Y otra excepción casi de antología: por primera vez, también, tenemos un presidente cómico o un cómico presidente. Cómico porque cree que La Divina Comedia está llena de comediantes y es cómica. O porque su situación es tan cómica que no sabe diferenciar una obra épica (un poema épico como La Divina, así adjetivada por Boccaccio) de los sketchs de teatro de bataclán que, con su hermano, tuvieron la ocurrencia de llamar Moralejas, término usurpado a las fábulas que termina con tal lección. Cómico, además, porque escribe paíz por país y confunde lo tiempos verbales del pasado con el futuro.

Pero absolvámoslo de ignorar la esencia de la obra fundamental del Dante, de cambiar su nombre de James a Jimmy o de confundir los tiempos verbales. Al fin y al cabo no es más que licenciado en algo de las Ciencias Económicas y no doctor en Filología.

Mas de los pecados que no podremos otorgarle jamás el perdón, es de los que ha cometido tan descaradamente –respecto de sus promesas– en este primer mes de mandato. Ya la mayoría de medios ha hecho recensión de los mismos. Y yo quiero recalcar solo en dos o tres de los más rumbosos, no sin antes hacerle notar y sentir que si así son las vísperas, cómo irán a ser las fiestas. Las primeras cuatro o cinco semanas han sido fatales y le quedan aún como doscientas por delante. Un mes con Jimmy ha sido peor que una temporada en el infierno, con perdón del ilustre escritor que de tal manera bautizó un libro que admiro.

Un mes con Jimmy –representando al Señor Presidente y no al dulce Big Pitahaya de Amatitlán–  es peor que una Semana Santa en Xibalbá o más nefasto que unas Navidades con los Kamec. Sugiero estos títulos a los muchachos del Honorable Comité de Huelga de Todos los Dolores, para posibles sketchs de su desfile bufo.

De tan malhadado mes quizá lo más conspicuo haya sido: lo del señor Ovalle y lo del transfuguismo en el Congreso de don Taraorate.

Es menester que Mr. Jimmy y toda la genial panda que forma su gabinete y demás hierbas del poder (públicas y privadas, en el Guacamolón o de la oligarquía) entiendan que hay algunos pecados que el Tío Sammy medio perdona, pero otros, no. Entre estos últimos: el pecado del tráfico –a lo Gruesa– de perico, como le llaman en Colombia al polvo que se esnifa. Nada es tan sensible para los Estados Unidos que el hecho de proveer, sobre todo a sus rubias juventudes como las de Hitler, de esas recreaciones nasales. Una cosa es que EE. UU. se esté haciendo baboso con la maría y, otra, con el perico.

Y allí es donde entra el tema del señor Ovalle. Porque él es paradigma-estigma de muchos de sus compañeros de casta –desde la época de Tito Araña, pasando por tata Lapo Ortega y llegando, acaso, al señor Ovalle– que han estado viéndole las caras de… a los últimos señores del imperio.

El milagroso señor de la 20 calle (como lo llama don Mario) y todos sus amiguísimos de los países cooperantes, le habían puesto un alto muy bien marcado a Negoción y a la Gruesa, como los llama mi querido José Rubén. Mas estos no acataron las órdenes del Señor del Gran Poder. Y este, pequeñín de estatura, pero los tumbó. Moraleja: no le tientes las narices a Mr. Tío Sammy, porque aunque seas del army, del partido oficial, diputado al Congreso y con inmunidad, puede ser que vayas a parar a una cárcel de Miami como la íntima de la Gruesa. Preciso es pues, Mr. Jimmy, que entendás que, con lo del perico, hay que andarse con muchísimo tiento.

Y el otro asunto, como ya lo insinué, que nos ha dejado entre perplejos y patidifusos, también tiene que ver con el FCN-Nación.

Dijo Mr. Jimmy en su campaña, de mucha maña: ¡Ni corrupto ni ladrón! Y hoy –añado yo– ¡pero sí bocón! No permitiré, prometió embustero y mendaz, el transfuguismo. Mas ni lerdo ni perezoso, a la primera de cambio, soltó a su voraz pelotón, poco antes de que una cabra fingiera salirle al paso con un reglamento más elástico que himen complaciente de niña bien. Y en menos de decir ¡Jesús!, de la 20 calle: todo está consumado: ¡treinta diputónteles exprés…!

Un mes y días con Mr. Jimmy. Y, en tan breve lapso, vemos que ha querido escarnecer a Mr. Tío Sammy, haciendo pasar –de momento– al señor Ovalle por nene de Primera Comunión. Y hemos observado, también en estos treinta días del glorioso régimen de Draculillo y Aristónteles Alighieri, que FCN-Nación se convierte –mañoso– en la primera bancada de nuestro Senado, intentando debilitar a doña Thelma, entre otras aberraciones que se propone. De momento no lo logró, solo si consigue que la señora Aldana vaya al bote, en el futuro.

Un mes con Mr. Jimmy. Corto ha sido el tiempo para mostrar el cobre. No a mí, porque a mí no me engañó. Lo caté antes de que fuera candidato. Alguna vez vi sus Moralejas. Su mejor interpretación: Aristónteles, disfrazado de pastorcito de mega templo evangélico.

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