Opinion

Tendencias, más que hechos sueltos

RENZO ROSALRenzo Lautaro Rosal

renzolautaro.rosal@gmail.com


 

Lidiar con el ejercicio del poder no es cosa fácil. Menos cuando la combinación entre expectativas, improvisación y juego de intereses hacen su asomo en una realidad que está lejos de ser la prevista, y menos la deseable. Ese pasaje ha sido, en parte, lo mismo que han vivido todos aquellos que se han erigido en gobernantes en coyunturas que son adversas. Lo que en realidad interesa ver es la capacidad de reaccionar a tales circunstancias, aprender a modificar las rutas de acción, generar puentes de diálogo, manejar las adversidades y canalizar las oportunidades. Las recientes dos semanas se resumen en dos platos: muestra una porción representativa de lo que está en juego y advierte las posibilidades para gobernar. Han sido quince días de aprendizaje, siempre y cuando haya disposición para tal tarea y se cuenten con las capacidades mínimas para leer las dosis de realismo que han pasado velozmente.

 

Más que de eventos, analicemos agendas y tendencias. Cerrar filas para defender el nombramiento de la ministra de Comunicaciones a pesar de la serie de ilegalidades que hay por detrás, es un craso error y una muestra que tras esa designación coexisten intereses de tamaño mayor que impiden una solución tajante e inmediata. Error imputable única y exclusivamente al nuevo mandatario; muestra una tendencia a la subordinación de intereses que detienen una decisión que se traduce en desgaste inicial e innecesario. Asignar tarea esencial, como el mejoramiento de la infraestructura vial, es decisión tomada con sentido estratégico: se elevan los bonos de esa institución en momentos de cuestionamiento, se le posiciona a nivel nacional y se da la impresión que tal medida es oportuna, visible y eficiente. El tablero del ajedrez comienza a moverse; los primeros movimientos para ver cómo reacciona el escenario y el conjunto de actores que cuestionan y no se la creen para nada. Ha sido un primer tanteo en un ambiente de incertidumbre para medir si las tensiones ciudadanas del año pasado siguen vigentes, visualizar cómo se mueven los actores cuestionadores, observar las reacciones ante el juego de decisiones e imprecisiones.

 

Como si los titubeos no fueran suficientes, dos hechos adicionales y llamativos. 1) La disputa entre el ministro de la Defensa y el destituido jefe de Estado Mayor. Más que la firma de un documento que pretendía lavar la cara a la generación más cuestionada de oficiales retirados, representa el choque entre dos corrientes: la institucional, interesada en tomar distancia de los oscuros y los que aún quieren seguir asumiendo el papel de protectores de intereses sucios. 2) Una serie de decomisos de drogas y dinero en efectivo, señales inequívocas de que estamos ante un repunte de acciones criminales y la reconfiguración de redes con mayor presencia territorial. Son dos expresiones que marcan los límites del ejercicio del poder formal; el real se mueve bajo otras coordenadas y obedece a otras lógicas que, a lo sumo, se reacomodan con cada cambio de gobierno.

 

OPM quiso representar a un conjunto de actores que estarían jugando en la cancha y no querían ser representados por otros. De esa forma, se ahorraban intermediarios y costos adicionales, las decisiones serían inmediatas. El resultado de esa ecuación salta a la vista, resultó totalmente defenestrada y sumamente costosa para quienes apostaron por esa jugada. Ese capítulo no puede repetirse como tal. Ahora toca volver al juego de las representaciones políticas. Poco importa quién y cómo se asuman los desgastes, en tanto el escenario mayor apunta a abrir espacios para las maniobras de los intereses protagónicos. Mientras nos entretenemos con lo que haga o deje de hacer J. Morales, se recomponen los contubernios. Así como en su época de candidato se benefició del apoyo de actores fantasmagóricos que actuaron tras bambalinas para crear imaginarios mientras trascurría la ola de demandas ciudadanas, ahora comienza a ocurrir el mismo planteamiento para distraer mientras los conjuros gradualmente se van consolidando.

 

 

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