Opinion

Señalamientos neoliberales

MARTA ALTOLAGUIRRE

Marta Altolaguirre L.


Muchas personas consideran que el buen gobierno depende de la ideología que supuestamente identifica a las autoridades que integran la administración del Estado. Sostienen que son esas ideas preestablecidas en algún momento de la historia, las que van a determinar el éxito o el fracaso de la gestión gubernamental.

En mi opinión, esa identidad rígida, basada en lo ideal y que se torna dogmática, lejos de aportar a una gestión óptima de quienes en representación del pueblo ostentan el poder, sacrifican políticas sanas como el libre mercado, que en el mundo real han demostrado plenamente y sin ambigüedades, ser las que conducen a una mayor producción de bienes y servicios o a mejorar la calidad de estos. Inexorablemente, esa producción termina siendo directa o indirectamente, consumida por los pobladores, lo que eleva su calidad de vida.

La realidad de cada país en el mundo entero, varía de conformidad con su situación geográfica, su población y la evolución de cada territorio, impactado también hoy en día por los avances tecnológicos y la globalización, que en general, han contribuido a mejorar los niveles de desarrollo de todos los Continentes.

Resulta lamentable escuchar o leer los comentarios y opiniones de personas serias e ilustradas, que plegadas a las ideologías que radicalizan la línea socialista, ignoran evidencias concretas, tanto en el ámbito interno como internacional, sobre aquellas regulaciones y políticas que muestran ser las mejores medidas a adoptar, para el desarrollo sostenible de las naciones.

Por supuesto, más penoso resulta escuchar los comentarios dogmáticos, agresivos y muchas veces insolentes, —demasiados en la comunicación virtual—, que ajenos a la objetividad, atacan sistemas que han mostrado exitosos avances, por el hecho de discrepar con su afiliación ideológica.

Tal es el caso absurdo de quienes quieren vincular la perniciosa cooptación del Estado, que tanto ha dañado a Guatemala, con frecuencia al neo-liberalismo, que falsamente se asocia a las políticas que han predominado al desviarse de principios y regulaciones que sí se identificarían con una filosofía liberal.

En primer lugar, lo de neo es un término que se utiliza por los críticos para demeritar la política liberal clásica, ignorando el hecho de que en todo sistema abierto y objetivo recoge las lecciones de la historia en la evolución del mundo.

Hablamos de un sistema en el que priva la economía de mercado, y una filosofía que precisamente establece la igualdad de derechos, abriendo los espacios para que todo ciudadano pueda ejercer su libertad de manera óptima, limitado únicamente por el obligado respeto de los derechos de los demás. Ese fundamento es el que sienta las bases para el desarrollo progresivo de toda persona consciente de sus derechos, pero también de sus responsabilidades.

Otro beneficio del liberalismo, es la identificación de los elementos que limitan el ejercicio del poder, por parte de los gobernantes, como son los principios republicanos calcados en la Constitución Política de Guatemala y buena parte de países, principalmente del mundo occidental.

Comparto absolutamente lo expresado por Alberto Benegas Lynch, escritor, doctor en economía y excatedrático de la UFM, cuando afirma: […] Es por cierto también paradójico que resulte muy frecuente que los partidarios de sistemas autoritarios tilden de ideólogos a los que se inclinan por la sociedad abierta que son, por definición, los que promueven procesos pluralistas en el contexto de debates en los que se exploran y contrastan todas las tradiciones en libertad, cuando en realidad aquellos, los autoritarios, son por su naturaleza ideólogos impermeables a otras ideas en libertad debido a su cerrazón mental. Hay que distinguir con claridad los que reclaman que entre aire fresco a una habitación con un pesado tufo a encierro, de los que pretenden mantener y acrecentar esa situación hasta la asfixia total. *(Blog. El Instituto Independiente. 1 de junio, 2016)

La realidad nuestra es que en Guatemala hemos estado sujetos a gobiernos, que aun cuando a partir del 1985 han llegado al poder democráticamente, hemos quedado cortos en verificar y medir los resultados concretos de cada gestión.

Han crecido los montos presupuestarios exponencialmente, sin que paralelamente se vean resultados; y por supuesto, como bien ha sido expuesto a través de las acciones promovidas por el Ministerio Público y CICIG a través de FECI (Fiscalía Especial contra la impunidad), se ha robado a los ciudadanos de los recursos que hubieran permitido implementar programas esenciales para la superación de las regiones más pobres y el desarrollo sostenible del país.

Ridículo y negativo para la nación es condenar sistemas que han mostrado los efectos positivos para el desarrollo nacional, calificándolos de ideología neoliberal, cuando la realidad muestra que los principios que sostiene, como la libertad individual y el libre mercado son esenciales para la optimización del ser humano y de la nación, y que por cierto no son las neo-socialistas.

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