Opinion

Seamos intolerantes

Astrid PerdomoAstrid Perdomo

Astripda@gmail.com


Hace pocos días se dieron una serie de sucesos que evidencian la debilidad del sistema, a pesar de los hechos que se dieron, el presidente pareciera seguir con miopía a la realidad tan grave que tenemos como país, se ha dado a la tarea de ir al interior del país, a inauguraciones, a visitar a los damnificados del mercado La Terminal y hacer una donación, que lamentablemente, a pesar de su buena intención, trae beneficio solo para pocos.

Todo lo que pasa pareciera ser normal, tanto así que concebimos que nuestra normalidad es aceptar muertes de seres humanos que no tienen ni la posibilidad de crecer y desarrollarse, porque, lastimosamente, tenemos un sistema frágil, que no tiene la capacidad de satisfacer las necesidades básicas de su población, facilitando acceso a la salud y educación como requisitos indispensables para crecer y tener una vida digna.

Las declaraciones de un expresidente que ahora, cuando se le ha dado vuelta al tablero y ya no se encuentra en su posición cómoda, se muestra inconforme de cómo funciona el sistema, un sistema al que opcional o no, durante su gestión, no priorizo para hacer todo lo necesario por fortalecer. ¿A esto y una buena lista de injusticias, desigualdades e incoherencias de cómo se administra la cosa pública estamos siendo tolerantes? Debemos preguntar ¿Por qué lo concebimos como normal? ¿Cómo exigimos que cambien las cosas?

No somos una sociedad que esté acostumbrada a que los culpables reciban su castigo, pero sí estamos acostumbrados a saber quiénes son los culpables y aceptarlo. ¿Queremos que todo sea diferente, pero qué diferente estamos siendo nosotros ante la realidad? Esperamos mucho de los que sabemos no harán más que lo que siempre hacen, ver como se llevan todas las victorias, y de quienes podemos exigir más, no lo hacemos, empezando por nosotros mismos.

Estamos en una encrucijada, no solo para cuestionar e involucrarnos, para generar cambios como sociedad, sino también como seres humanos, que necesitamos sensibilizarnos y darnos cuenta de que las problemáticas que se vienen después de lo que estamos viviendo serán más fuertes, no afectarán a un buena parte de la población, sino a toda, sin importar su estrato social.

Los ejemplos puede que no ilustren la gravedad y la inconformidad que se quisiera expresar, pero sí evidencian, en buena medida, que estamos mal, y que podemos estar peor y no estamos muy lejos de estarlo. Ante esto me pareció importante rescatar lo que se plantea en un documento elaborado por PNUD hace tres años, denominado Principios mínimos para una ciudad más justa, la cual representa una visión compartida de profesionales de múltiples disciplinas, y que marco algunos lineamientos interesantes y valiosos para medir qué tan justa es la ciudad donde vivimos.

1) igualdad en la ciudades, con garantías universales a los bienes públicos, 2) Integración urbana, tanto en lo social, de oportunidad y servicios en el territorio, 3) Gobierno urbano, para recuperar barrios vulnerables, impulsar zonas con potencial de desarrollo y planificar el crecimiento de las ciudades, 4) Participación ciudadana, para opinar sobre las decisiones que afectan nuestra calidad de vida 5) Restablecer el uso social del suelo urbano, 6) Sustentabilidad urbana, con la ciudad y previsión para el futuro, 7) Ciudades seguras, como reflejo de confianza y convivencia, 8) Movilidad y transporte, teniendo derecho a movilizarnos con la libertad y accesibilidad, 9) Migraciones e integración, generando programas de integración acorde a las necesidades de la población, 10) Integración tecnológica, aplicadas a la igualdad e incorporando procesos de información, gestión y participación, 11) Reconstrucción justa, enfocado a políticas públicas que promuevan cambios a largo plazo, 12) Rencontrar espacios de articulación política económica y social en la localización social.

Estos doce principios, a pesar de estar enfocados a una ciudad, muestran que no podemos aislar todos los factores que nos pueden fortalecer como sociedad, sin dejar a un lado que debemos enfocarnos en fortalecer cada segmento de la sociedad y cada forma de organización de la misma, no seamos tolerantes demostremos intolerancia e identifiquemos que todos somos un país.

No somos una sociedad que esté acostumbrada a que los culpables reciban su castigo, pero  sí estamos acostumbrados a saber quiénes son los culpables y aceptarlo.

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