Opinion

Reacomodo de fuerzas y contraataque

 

Gonzalo Marroquin (3)Gonzalo Marroquín Godoy


 

Bien podríamos decir que 2015 fue el Año del Ataque. Cuando la clase política tenía el control de los tres poderes del Estado, reinaba en medio de la corrupción con total impunidad ante los ojos de una sociedad pasiva y tolerante –aunque sensibilizada por alguna prensa critica e independiente–, apareció la CICIG de la mano del MP con la mayor ofensiva de la justicia que el país haya conocido hasta ahora.

El resultado todos lo sabemos: el ex presidente Otto Pérez Molina y la ex vicepresidenta Roxana Baldetti, junto a más de 100 personas –la mayoría de ellas funcionarios públicos–, terminaron en la cárcel al quedar al desnudo un sistema político corrupto que alcanza los tres poderes del Estado, municipalidades, y las instituciones autónomas y semiautónomas.

Guatemala se fue convirtiendo poco a poco en un auténtico desastre a causa de la irresponsabilidad de la clase política, ávida de riqueza, pero poco efectiva en construir un mejor país y terminar con la pobreza, la desnutrición, y la inseguridad. Mientras escasean los recursos para escuelas y hospitales, no hay dinero para obras de desarrollo, ni para atender con eficiencia las emergencias causadas por desastres naturales, se engordan las cuentas bancarias y la lista de propiedades de gobernantes, funcionario, diputados y alcaldes.

Eso no sucedió de la noche a la mañana. Ha sido un proceso que abarca 30 años –lo que no significa que antes no hubiera corrupción, pero no era tan institucionalizada–, tiempo en el que la clase política dominante fue construyendo una plataforma de corrupción y poder que solo se renovaba con el cambio de color cada 4 años, con patrones que se perfeccionaban entre un período y otro.

¿Y todo eso ya terminó con la ofensiva de la Justicia?. Esa es la gran pregunta que debemos hacernos en estos momentos en que estamos a las puertas de un nuevo cambio de Gobierno. La respuesta es que las estructuras ilegales que han venido funcionando han sido golpeadas, pero no destruidas, el sistema no ha cambiado, y ante eso, mucho me temo, debemos esperar un contraataque, que podría estar a la vuelta de la esquina, si no es que ya ha principiado.

Los indicios son claros. No es por casualidad o simplemente por oportunidad de negocio que ha surgido ese bufete de la impunidad. ¡Ojo! se golpea por partida doble a la CICIG, porque no solo sus contrapartes de los casos presentes y futuros sabrán de su forma de actuar e investigar, sino que se envía a la opinión pública el mensaje de que los funcionarios internacionales pueden ser tan oportunistas y corruptos como aquellos a los que se persigue.

Golpe certero en su contra, sobre todo, si se toma en cuenta que este ente internacional necesita gozar de muchísima credibilidad ante la sociedad, ya que no son pocos sus detractores y enemigos, algunos de los cuáles han bajado la intensidad de sus ataques, simplemente por el buen momento de popularidad de la Comisión a causa de la ofensiva exitosa que ha encabezado.

Pero aun hay más. Tampoco ha sido algo al azar o por simple incapacidad, que el Congreso aprobó un enredado y poco eficiente Presupuesto’2016. No, lo que sucede es que a esa clase política le conviene que el nuevo gobierno se mantenga enredado entre la maraña de problemas que encontrará al asumir, porque los diputados –exponentes en su mayoría de quienes desean mantener el statu quo– quieren que el Ejecutivo tenga más ataduras que capacidad de acción. Saben que en río revuelto, ganancia de pescadores, y claro, ellos quieren ser los pescadores ganadores con sus partidos corruptos.

Por eso no aceptan una reforma electoral adecuada y profunda, prefieren aprobar una engañabobos que no cambie el sistema.

La contraofensiva está en marcha. La clase política no quiere perder el poder, como tampoco el acceso a los Q14 mil millones o más –según estimaciones de instituciones de transparencia– que se reparten cada año entre funcionarios y empresarios corruptos. Y, por supuesto, tampoco quiere ver en la cárcel a tantos de sus representantes.

Como han destacado en diferentes oportunidades, palabras más o palabras menos, tres mujeres dignas de elogio –Thelma Aldana, Nineth Montenegro y la ex jueza Claudia Escobar– la corrupción carcome al Estado. No es por casualidad o ambición individual de muchos, es algo que se ha logrado institucionalizar, y se resiste a desaparecer. Será una lucha intensa.

Jimmy Morales debe tener más claro que cualquiera de nosotros que él será un jugador importante en medio de este contraataque, porque intentarán volverlo víctima o aliado, dependiendo del lugar que él mismo escoja tomar en las batallas por venir.

La sociedad en general también debe estar atenta, porque será un nuevo desafío a ese movimiento ciudadano que vivimos entre abril y agosto. La clase política se prepara para un nuevo pulso y no da por perdida la guerra, por más que en 2015 tuviera que claudicar en varias batallas.

Esos políticos que no quieren perder sus privilegios y corruptelas se están preparando. Un nuevo capítulo en la lucha contra la corrupción y la impunidad está por abrirse… y todos seremos protagonistas, nos guste o no.

 

 

FRASE: La contraofensiva está en marcha. La clase política no quiere perder poder y dinero.

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