Opinion

¿Quién va a ponerle ventiladores a nuestros microclimas?

GUSTAVO LEIVA

Gustavo Leiva


Ahora tiene que ser un buen negocio vender ventiladores y equipos de aire acondicionado para refrescar las casas. Tengo varios amigos que, finalmente, tomaron esta decisión. No son tan baratos, pero te los dan para que se paguen a plazos. Pero no hay otra. Nos morimos del calor en las noches. Voy a comprar uno para mi cuarto y otro para el de los niños.

Antes, cuando algún amigo extranjero  me preguntaba cómo era el clima en la ciudad de Guatemala, yo recurría a esta lección que me había aprendido de memoria: La ciudad de Guatemala está a más de mil quinientos metros sobre el nivel el mar.  Vivimos en un paraíso. La ciudad está construida sobre una meseta que está rodeada de montañas que están a más de una milla de altura sobre el mar. La temperatura es fresca.

El otro comentario que necesito para seguir con este artículo, es el reporte que me hizo el jardinero de la colonia donde vivo,  después de haber tomado sus tres días de descanso: En los últimos 15 años que llevó haciendo lo mismo, irme los Viernes para regresar a regar los Martes, nunca había visto al jardín tan marchito. Las plantas se están muriendo. ¿Qué fue lo que pasó?

El titular de Prensa Libre del día Domingo 22 de Mayo, captó este problema dando esta noticia: Las noches son más cálidas. Sube el calor. Aumento de la temperatura oscila entre 0.5 y 1.5 grados (celsius) en algunas regiones. Si un experto en cambio climático lee los informes que se reportan en este artículo sobre las temperaturas en Petén, en Huehuetenango, en la Costa Sur y Zacapa, tendría que anunciar que algunos territorios de Guatemala ya llegaron al punto del colapso previsto para el mundo entero. Walter Bardales, citado en este mismo artículo de Prensa Libre como autoridad de la Sección de Agrometeorología del Insivumeh, tradujo esta situación del idioma del termómetro climático a la vida real con estas palabras: … si se consolida un aumento en las temperaturas podría provocar que a largo plazo algunos microclimas del país desaparezcan.

Decidí escribir la columna de esta semana sobre este tema, porque, el riesgo que amenaza a que algunos microclimas desaparezcan, no puede dejarse pasar así nomás. Somos un país cuya bendición de la vida es haber sido organizados como un conjunto de microclimas cuya virtud especial es apoyarse uno al otro para sobrevivir, crecer y evolucionar. Quedarse sin uno de estos microclimas, equivaldría a perder a uno de nuestros órganos vitales, como el hígado, los pulmones o al corazón. También podemos verlo como perder a uno de nuestros sistemas esenciales, como es el respiratorio, el digestivo o el circulatorio, que si llegan a estar mal y se enferman, pueden matarnos. ¡Y eso es precisamente lo que nos está pasando! Por eso las noches son más cálidas. Por eso se marchitaron las plantas de los jardines de mi colonia la semana pasada. Por eso se venden ventiladores en las calles como si fueran tortillas, y por eso se compran equipos de aire acondicionado donde, antes, todo lo que hacía falta,  era simplemente abrir bien las ventanas, y ya. Pero, lo peor, es tener que reconocer que nos estamos quedando sin varios de estos microclimas al mismo tiempo. Por ejemplo el que va de la Costa Sur hacia los microclimas de la boca-costas que suben hacia las montañas. Cuando se junten estos dos ecosistemas  devastados, harán añicos los 70 millones de años que le tomó a la cordillera volcánica haber creado este puente de microclimas que, como oasis, existen entre los dos mares que antes eran uno solo.

¿Quién va a ponerle ventiladores, o sistemas de AC, a nuestros microclimas que se están muriendo? ¿Cuánto cuesta? ¿Cómo se hace? ¿Qué podemos hacer cuando nos enfrentamos ante problemas que son mayores a nuestros conocimientos, fuerzas y recursos disponibles? ¿Qué cambios tendríamos que hacer para estar en condiciones de imaginar que podemos salvarlos antes que sea muy tarde? ¿Y si nuestro microclimas desaparecen, qué va a pasar con nosotros? ¿No es acaso este el problema principal que tenemos que resolver?

La única solución que existe es que nosotros, como sociedad, también nos transformemos y vivamos como un ecosistema siguiendo el modelo de la naturaleza. Este el tema central del libro Servir a la Vida: un nuevo sistema de gobernanza para el siglo XXI del Dr. Rodolfo Paiz Andrade que he venido comentándoles. ¿Imposible? No hay otra salida.

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