Opinion

¿Pero qué diablos es cooptar?, o de los borregos en los medios de comunicación

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Mario Alberto Carrera 


Es el señor Iván Velásquez quien paladinamente respalda —en el campo de la semántica y la lexicografía españolas— el uso del término cooptación (del Estado) en la última redada que realizó, cuya acción bautizó, como digo, —porque siempre hay un bautizo en estos casos—: Cooptación del Estado.

Acto seguido, los medios de comunicación —lingüísticamente borreguiles— y no digamos las municipales y grises redes sociales —que se distinguen por ser acéfalas y descerebradas— se lanzaron a usar la nueva palabra que el docto doctor Velásquez academizó de golpe y porrazo —zote como Fray Gerundio de Campazas— dándole contundente aval como si él fuera el autor del DLE —antes DRAE— con irrespeto a la Academia, acción que quita el hipo por el estado de perplejidad en que nos pone, de cara a su audacia.

Muy conocidos son los libros, best-sellers, con el nombre de El Español y los Siete Pecados Capitales, de Fernando Díaz Plaja, o el muy famoso Gli Italiani, investigaciones muy celebradas en las que se plantea, festivamente, cuále es el perfil de los ciudadanos mencionados. Y, ahora que me acuerdo, hace unos años —cuando era yo embajador de Guatemala en Colombia— compré allá un libro: Los Colombianos, de intención similar.

Si yo fuera llamado a escribir y publicar un texto epígono de los arriba mencionados, obviamente  con el nombre de Los Guatemaltecos y sus Principales Rasgos, destacaría nuestro desbocado malinchismo por el seguimiento y hasta servilismo que otorgamos y concedemos a lo que nos viene de los que suponemos países o personas superiores y que se revela, como en este caso, por la sumisa adopción de extranjerismos-barbarismos; práctica frecuente en el caso de voces cuyo significado es distinto a la semántica hispánica establecida, aunque la palabra como signo (cooptación) sí existe en el DLE, en su vigésimo tercera edición, pero con significado distinto al que le da don Iván. Dicho más sencillamente: el signo cooptar sí que existe en el DLE, pero con una significación absolutamente diferente a la que el D. Iván Velásquez le otorga con una autosuficiencia ignara que pasma.

Puesto a escribir la obra con la que estoy fantaseando, destacaría, además y de bulto, en el perfil del guatemalteco, falta de sentido crítico que significa tener la capacidad de dudar ante algo que no nos suena, que no nos parece cierto y que debería ser más analizado. Digo crítica o criticar creativos, cuya naturaleza no es necesario que sea demasiado profunda y fatigosa, sino la simple consulta a un amigo académico de Letras o a una persona que consideramos más o menos letrada, pero no letrado en su significación de abogado.

Cooptar viene del latín cooptare y únicamente quiere decir: llenar las vacantes que se producen en el seno de una corporación mediante el voto de los integrantes de ella. Y punto en boca, docto-doctor Iván.

Y cooptación –del latín cooptatio/onis: acción y efecto de cooptar. DLE

Por si fuera poco, en el Diccionario Vox latín español, cooptatio-onis: nombramiento, elección. (Coopatio censoria: nombramiento hecho por los censores. Y cooptatio in pares: admisión entre los patricios).

Así que, docto comisionado de Naciones Unidas, nacido en Colombia, país que se precia de hablar el mejor español de América Hispánica, no me explico de dónde sacó —como del sombrero de un mago que busca maravillar al atontado público chapín— ese engendro de palabra, cuyo ADN usted mutó cual un nuevo Lamarck.

Por contexto he tratado de interpretar su inédito signo-significado y me imagino que, con Cooptación del Estado, usted quiere decir: posesionarse, poseer —como antes se decía poseer a una mujer—, secuestrar, tomar, asir, coger, ocupar, apoderarse, adueñarse al o del Estado, que es lo que han hecho —con el Estado— toda esa panda de sinvergüenzas, ladrones, putrefactos que ocuparon o tomaron el Estado en un golpe técnico fecálico y económico, por medio del cual nos dejaron casi sin un centavo y, con ello, un pecado sin absolución: robar a los más necesitados que no pueden pagarse una escuela, un hospital o una casita y unas cuantas cuerdas de tierra.

Y así no quiere —algún lector de Crónica— que no exija yo la reforma agraria y no apele por una Ley de Desarrollo Rural Integral y asimismo porque llegue Daniel Pascual a la presidencia y vuele cabezas. Porque esto está más podrido que la corte de la Austríaca en 1789.

Don Iván Velásquez: soy socialista, por no decir libertino marxista. Y creo —aparte del mal uso que usted hace de la voz cooptar— que usted ha venido a mi Patria a hacer mucho bien que no pudieron realizar ni Castresana ni D’alanesse, porque se los impidieron cuatrero militarmente. Usted, en cambio, apareció en el momento propicio, cuando el embajador Robinson y los Estados Unidos ya estaban hasta el gorro por  la rapiña de las Líneas 1 y 2 y, sobre todo, del narcopresi y de la narco vicepresidenta.

Admiro a su patria, a sus escritores, sobre todo y especialmente a José Asunción Silva: sus Nocturnos y sobre todo su novela De Sobremesa, de la que algún día espero hacer un estudio extenso, porque solo, y también en las novelas de su Fernando Vallejo, he encontrado tanta condición humana, únicamente que, en Vallejo, de otro modo.

Sin embargo, espero que, siendo de la tierra de los Caro y Cuervo, tenga más respeto por el español.

 

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