Opinion

No es lo mismo gimnasia que magnesia

Gonzalo Marroquin

ENFOQUE: 


El presidente Jimmy Morales se confunde de cabo a rabo.  Como se siente acosado por las críticas de la prensa –y seguramente las redes sociales, que son más duras en sus comentarios–, sale con el disparate ese de decir que perdonen señores de la prensa, porque se acabaron las fafas y la publicidad, con lo que pretende dar a entender que si hubiera dinero de por medio, encontraría halagos de parte de la prensa.

Vamos por partes, porque de una frase sencilla, pero abusiva, se puede decir y aclarar muchas cosas y conceptos.  Antes de entrar a comentar el ofensivo comentario del mandatario, quiero aclarar para la mayor parte de lectores algo que seguramente no saben.  Cuando el presidente menciona la palabra fafa, se refiere al dinero que algunos periodistas reciben para dar o callar alguna información.  Hay que reconocer que ha sido una práctica bastante común en el pasado y que persiste entre algunos colegas y medios.

Ahora vamos por partes:

PRIMERO: Si en el Gobierno se ha dado fafa a periodistas o medios, el Presidente está en la obligación de denunciarlo, porque se trata de un ilícito en el que es culpable el que soborna, tanto como el que recibe el dinero.  Esta es una práctica que ¡de ninguna manera! Se debe tolerar, tanto en medios, como entre las autoridades.

SEGUNDO: La publicidad es diferente, pero de ninguna manera se puede hacer como premio y castigo.  Es decir, que se premia con publicidad al que es dócil y servil, porque sirve a los intereses oficialistas, y se castiga retirando la publicidad al que es independiente, crítico y comprometido con la búsqueda de la verdad.

Aquí cabe destacar que las cifras que mencionó el presidente Morales, pagadas a algunos medios,  son efectivamente escandalosas para un país que tiene tantas necesidades.  Sin embargo, él cuidó de no mencionar que el mayor receptor de esa suma millonaria ha sido nada menos que el magnate de la televisión, Ángel González y González, quien siempre pone a disposición de los gobiernos sus medios y telenoticieros.

Los presidente Arzú, Portillo y Colom intentaron utilizar las pautas publicitarias como castigo a la prensa que les criticaba.  No tuvieron resultado, porque las criticas no obedecían  a un interés por publicidad, sino apuntaban a sus acciones.

Los presidentes deben ser tolerantes y tomar las críticas como campanadas de alerta.  Si se pide más transparencia, es porque no la hay como debiera.  Si se dan a conocer actos de nepotismo y contrataciones adecuadas, es para que se corrija.

Si la prensa publica sobre hechos de corrupción, es una oportunidad para combatirlos.

Se equivoca don Jimmy Morales.  Se ha subido al carro de su vicepresidente, que se la pasa peleando con la prensa.  Mejor que cumpla con sus obligaciones a cabalidad, y entonces verá que las criticas disminuyen.

Otra vez vuelve con la VIEJA POLITICA de hacerse la víctima de la prensa.  Es víctima de sus acciones, omisiones, intervenciones erráticas y, en general, de todo lo que haga o deje de hacer.  Si lo hace bien… nos alegramos, estará cumpliendo con su deber, que no espere aplausos.  Si se equivoca, es triste para Guatemala, se publica y punto.  Tampoco se trata de disfrutar con su derrumbe.

Presidente, no confunda gimnasia con magnesia.

Comentarios

comentarios

Mas en Opinion

Gonzalo Marroquin

Reformas al sector justicia: polémicas y sin estrategia

JUAN MANUEL RODRIGUEZ2

Una Cuba fría

luis fernando copy

Quizá la forma de empezar sea tirar los inútiles propósitos y plantearnos una linda pregunta

EDUARDO COFIÑO

Me muero triste

MarioAlberto-0009

¿Un insensato dirigirá los destinos del Planeta? O Donald Trump y el narcisismo político

mario-fuentes-destarac

¿Puede la esposa del Presidente de la República optar al cargo de presidente o vicepresidente?

Renzo Rosal

Cuando se acomoda el discurso por conveniencia  

Gonzalo Marroquin

La globalización languidece

rodolfo  bay1

El retorno a la era de China

Pedro Cruz

Amigos y enemigos, mejoremos Guatemala

opinion-gustavo-leiva

La lepra se cura, pero la falta de conciencia no

Renzo Rosal

Un Gobierno funcional, pero ¿para quiénes?