Opinión

Más Matices Baldizón: el Príncipe, de Maquiavelo

JUAN MANUEL RODRIGUEZ

Juan Manuel Rodríguez G.


Para algunos, lo más importante es su reputación y dignidad. Por eso, robar, mentir o ser deshonesto no es algo que siquiera consideran porque, en su escala de valores, lo más cardinal es mantener siempre su integridad. Para otras personas, la escala de valores está invertida a la anterior, y lo principal se convierte en poder y dinero, sin importar a qué costa. El fin justifica los medios, que hoy aplica el partido Líder y, como representante, su exponente máximo, ese líder autoproclamado que, con un perfil mesiánico, se hace llamar al que le toca.
Baldizón es el nuevo Príncipe, de Maquiavelo. Hace más de 500 años, el autor italiano escribió, cuando estaba encarcelado, su famosa obra El Príncipe. En síntesis, esta es una obra de cómo un gobernante debería comportarse ante sus súbditos y cuál debería ser su relación con el poder. Es una obra que hoy calificaríamos como radical, tiránica, que deja fuera toda moral y ética, en donde lo único que interesa es tener el poder y conservarlo.
Este libro debe ser el que Baldy tiene en su mesa de noche y, junto a su ego, antes de dormir, deben compartir las encíclicas de su Príncipe, para aplicarlas en pleno siglo 21, en el país en que el príncipe está listo para coronarse rey. Si es necesario, el príncipe debe obrar contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad y contra la religión.
Veamos algunas frases famosísimas del libro, que nos confirman nuestra teoría, hoy más que nunca.
1. Un príncipe no debe tener otro objetivo, ni otra preocupación que el estudio de la guerra, su organización y su disciplina. Porque este es un arte necesario, exclusivamente para quien manda. Guerra es la que ha causado Baldizón, porque él sabe que un pueblo dividido es lo mejor que puede tener para lograr su objetivo, con tácticas de guerra que no contemplan ética, sino resultados. Lleva más de 10 años en campo de batalla.
2. El que no coloca los cimientos con anticipación, podría colocarlos luego si tiene talento, aun con riesgo de disgustar al arquitecto y de hacer peligrar el edificio. Las leyes y los cimientos, Baldizón sabe cambiarlos a su antojo o utilizarlos según su interpretación. Campaña anticipada en forma de vendedor de libros, mesías, fundaciones de papel a su merced, partidos políticos de papel para su apoyo, campañas de expectativa. Ha utilizado todos los recursos para colocar nuevos cimientos, llegando a niveles en donde la ley ha sido burlada, porque nadie había traspasado las fronteras de tal cinismo.
3. La mayoría de los hombres, mientras no se les prive de sus bienes, viven felices; entonces, el príncipe es libre para combatir la ambición de las minorías. Con discurso populista, qué mejor que equilibrar sus descalabres con Barquín (antes del desastre), que representaba a la banca y a alguien respetable en la iniciativa privada…
4. El Príncipe, cuando es querido por el pueblo, debe cuidarse poco de las conspiraciones. Pero cuando es aborrecido, debe cuidarse de todo y de todos. Baldizón viaja en su helicóptero, con su séquito de seudozetas, muy similar a lo que vemos en las series de los cárteles, porque él sabe que el poder económico lo aborrece.
5.Un príncipe, para conservar el poder, es a menudo obligado a ser perverso, porque cuando el grupo del que juzga necesario para mantenerse, está corrompido, es conveniente seguir su capricho para satisfacerlo, pues las buenas acciones serían sus enemigas. Todo su partido político está corrompido, y la gran parte de sus cabezas son corruptas. Sin embargo, es mejor seguir los caprichos para satisfacerlos y tapar absolutamente todo, llegando a querer negar la realidad, más que contundente: corrupciones y narcoactividades. Una cabeza del Líder en un mitin, dijo: Ustedes no son nadie sin Baldizón, y Baldizón no es nadie sin ustedes.
6. Hay que tener como enemigos a los que impidieron llegar al principado, y no se puede conservar como amigos a los que lo colocaron en él. Los enemigos públicos que Baldizón y su equipo proclaman en mítines: prensa, clase media y media alta (que curiosamente el desprestigia en el interior, con su campaña Los ricos no quieren a Baldizón), CICIG, Todd Robinson. Cuando llegue el príncipe al poder, sus aliados estratégicos en estos tiempos (Otto Pérez y compañía) no lo seguirán siendo, porque a un ególatra no le gusta compartir la gloria, por lo que querrá verlos desprotegidos y hundidos.
7. Es indispensable que al derramar sangre de algunos, debe hacerse con justificación y patente de delito. Con bandera de víctima, a un paso de crear un Jueves Negro, pero con la excusa de que el pueblo ya eligió y se está judicializando la política. Que corra la sangre, entonces.
8. El Príncipe debe tener siempre contento al pueblo. Pan y circo, y Baldizón es el experto: Bono 15; radionovelas, en vez de campañas serias; regalos y rifas en mítines. Nadie sabe de qué se trata su plan de desgobierno, pero vaya que todos han salido felices, con vales de pollo, almuerzos, láminas y canciones.
Señoras y señores: con ustedes el príncipe de Guatemala, figura trillada, pero altamente reconocida, lista para autoproclamarse rey de esta sufrida nación. ¡Ah, pero lo olvidaba!, Maquiavelo también mencionó algo importante al terminar su obra: “He enseñado a los príncipes a ser tiranos, pero he enseñado a los pueblos a destruirlos.”
jmanuelrodriguezg@gmail.com

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