Opinion

Los gobernantes no existen, si no sirven para servir

RENZO ROSALRenzo Lautaro Rosal


 

El título de la columna sintetiza el pensamiento de diversos colectivos sociales. Un poderoso indicador para analizar el estado de la gobernabilidad y del sentido profundo de la participación ciudadana, es cuando las decisiones sobre quiénes serán los gobernantes levanta interés porque existe la percepción que de ello depende el desarrollo de condiciones para el mejoramiento de las condiciones de vida. Las elecciones son más que porcentajes de electores; las vibras que se perciben son más que de entusiasmo; las pasiones son más que prácticas clientelares que dependen de cuánto paga el candidato. Pero cuando sucede lo contrario, es decir, cuando se sabe de antemano que no importan los resultados ya que quienes resulten electos poco o nada podrán hacer para modificar el entorno y las circunstancias de vida de las personas, sus familias y comunidades, entonces el festín solo es un gran teatro después del cual asoma la normalidad.  Esto último se siente con fuerza en la actualidad. Los aires que se huelen en casi cualquier espacio social se resumen en evidente desinterés por lo que el presidente electo, los diputados de la nueva legislatura y sus respectivas roscas vayan a hacer por delante. Si mucho, quien levanta algo de interés es el alcalde especialmente si se trata de un rostro nuevo; ya que si es reelecto, se sabe de antemano por dónde le aprieta el zapato y con quiénes hala.

Recuerdo que en los años de los conflictos armados internos en Centroamérica, desde la perspectiva de la sociología política, se nos enseñaba en la Universidad el desarrollo de las estrategias de sobrevivencia; consideradas como el conjunto de prácticas a nivel comunitario, particularmente en los directamente afectados por la guerra, orientadas a garantizar la vida y los derechos humanos de esos grupos humanos, a pesar de las constantes adversidades, el desinterés de los gobiernos y las acciones violentas impulsadas tanto por los ejércitos como por los movimientos insurgentes. Las estrategias eran los mecanismos que apelaban a los desplazamientos, a resguardarse cuando las acciones de violencia se encarnizaban; pero también a generar conciencia de esas condiciones para resistir, conformar alianzas entre los iguales, jugar la vuelta a los detractores. Esas estrategias se han transformado en estados permanentes, pero siguen vigentes. Frases como “la vida continúa”, “tenemos que ver cómo salimos adelante”, “los políticos nos utilizan”, son expresiones lapidarias y cargadas de filosofía popular. Lejos han quedado los períodos donde reinaba el engaño colectivo. Mucho se ha aprendido a golpe de mentiras y ofrecimientos lanzados al aire. Esas condiciones continúan, aunque cada cuatro años se reciclan para transformarse en otros lenguajes, signos y rostros; pero la esencia sigue siendo la misma.

Los espacios de movilización, adquieren en los espacios comunitarios, otras expresiones. Más que apelar a moverle la silla al alcalde o al diputado distrital, su aspiración consiste en recrear nuevas estrategias de sobrevivencia. Así como en los 80´s existía la solidaridad internacional, las operaciones tipo hormiga para trasladar alimentos, medicinas y artículos básicos hacia las regiones donde operaba el terror, ahora organizaciones no gubernamentales (no las creadas para hacer negocios con fondos públicos), grupos de las pastorales sociales de la iglesia católica, organizaciones cooperativas, redes de microempresarios y toda una diversidad de actores comprometidos, generan una dinámica social-organizativa que apela a crear ambientes para acciones educativas, de salud, emprendimientos rurales, mecanismos de incidencia local; sin importarles quiénes sean los gobernantes y menos preocupados aún por sus representantes en el Congreso. ¿Se puede cambiar esa percepción? quizás, pero a largo, muy largo plazo. ¿Cuál sería el factor de interés? probablemente que hayan respuestas concretas a demandas colectivas sin agendas ocultas. Vaya ecuación compleja, improbable bajo las actuales circunstancias.

 

renzolautaro.rosal@gmail.com

Frases como “la vida continúa”, “tenemos que ver cómo salimos adelante”, “los políticos nos utilizan”, son expresiones lapidarias y cargadas de filosofía popular.

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