Opinion

Los desafíos de ampliar la mirada

La mentalidad parcelar sigue vigente y se contrapone con la idea generalizada y profunda sobre el sentido de la democracia. Vemos a nuestro alrededor y mientras en el mundo se avanza en la agenda de los derechos humanos, en Guatemala seguimos anquilosados en el discurso de la libertad. En nuestro pedacito de tierra se reivindican las formas republicanas, sin asociar que la democracia es más que eso, siendo la participación de la ciudadanía su principal ingrediente. Acá insistimos con el libre comercio, en tanto en otras partes del mundo se promueve la humanización de la sociedad globalizada. El concepto de integración que se “alienta” en el terreno nacional tiene como puntas de lanza la promoción de mayores márgenes de ganancias a costa de lo que sea (imágenes tipo río La Pasión) en tanto los esquemas de avanzada promueven proyectos de infraestructura y energía limpia donde el Estado es el componente propulsor del desarrollo con sentido de sociedad. En resumen, nuestras concepciones siguen rezagadas motivado porque los centros de pensamiento, o han sido cooptadas por los esquemas dominantes, decidieron sobrevivir en sus modelos academicistas y envueltos en burbujas del mundo ideal, o se quedaron revoloteando en un pasado que no volverá.

Ese notable retraso se siente con fuerza en coyunturas de crisis. Hoy, libramos varias batallas donde es notorio esa disparidad en el pensamiento y en la acción. Aunque parezca positivo que el proceso político instaurado a partir de mediados de abril y alimentado casi a diario por diversos escándalos y episodios dantescos, esté dando como resultado que las organizaciones sociales tomen en sus manos agendas específicas; corremos el riesgo que eso dé paso a la atomización excesiva, donde las partes del todo pierdan forma. Eso sería una nueva imagen del predominio de las parcelas. A nivel táctico, es válido escoger frentes; pero sin perder el escenario estratégico de totalidad. Superponer capas de dilemas pueden causar ahogo o alejamiento de los asuntos de fondo. La insistencia sobre la necesaria renuncia de Otto Pérez está perdiendo foco, lo mismo sucede con el planteamiento de Justicia Ya para los implicados en los dramas de corrupción. ¿Dónde queda la exigencia para ir tras los que han salido huyendo y otros que lo harán en la medida que la persecución se retrase por burocracia o complacencia? 

 

El objetivo de todos los movimientos que se están dando en el mundo, donde Guatemala es una notable confirmación, es el ímpetu de caminar hacia la construcción de democracias plenas.

El costal se sigue llenando de pendientes y eso puede resultar en el acabose. Los partidos tienen varias brasas en sus manos y mientras tanto han tomado la decisión riesgosa de relativizar lo que sucede fuera de su castillo de naipes. Tienen el imperativo de aprobar reformas de fondo a la Ley Electoral y la posibilidad que algunas medidas tengan aplicación en el corto plazo. La democracia institucional es insuficiente, dando como resultado la reducción de las distancias entre los que se sienten autoridades con poderes ilimitados y una ciudadanía demandante y activa. Esta es una realidad global, que aunque tarde y con elementos provenientes de la gran finca local, ha llegado por fin sin posibilidad de retrotraerse. 

El objetivo de todos los movimientos que se están dando en el mundo, donde Guatemala es una notable confirmación, es el ímpetu de caminar hacia la construcción de democracias plenas. Aunque ese propósito requiera de varios ingredientes, los sucesos nacionales se enfocan, al menos por ahora, en una dimensión: redimensionar el sentido del Estado para que recobre su sentido y orientaciones que han sido despojados por poderes fácticos. Eso pasa por reconocer dos tareas pendientes: 1) históricamente hemos sido, como sociedad, altamente permisivos; tolerando muchos vejámenes. Por el contrario, intolerantes por la rémora de un tipo extremo de conservadurismo. Estamos ante un punto de inflexión que corrija esta notable alteración acumulada por siglos. 2) El modelo patrimonialista está fracasando. El objetivo de agenciarse del Estado, pasando por el control de la institucionalidad, se les fue de las manos. El nuevo intento por consolidar un nuevo pacto de dominación para lubricar el modelo a través de la alianza militar-empresarial-políticos-estructuras del crimen organizado, ha sido puesto al desnudo y contra la pared. 

Capitalizar los hitos pasa, necesariamente, por no caer en trampas disociadoras. La discusión sobre si postergar o no las elecciones generales, sin aclarar para qué se quiere el tiempo extra, suena a capítulo agregado. Lo esencial es lograr que hayan reformas con buena dosis de profundidad que modifiquen el sentido y contenido perverso del actual sistema de partidos. El cortoplacismo puede ser la antesala del fracaso; ese inmediatismo justificado por una historia de exclusión y ausencia de diálogo, pero posible causante de la inviabilidad por la carencia de visión de conjunto.

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