Opinion

Líder, pieza entre dos mundos

Renzo Lautaro Rosal


Sabemos que Baldizón representa una regresión como sociedad. Su figura y la de los cercanos, conforman un halo siniestro, no creíble, con personalidades volátiles, sin carisma, ni pensamiento propio.

Parto de ese punto, para afirmar que la crisis prevaleciente va más allá de la lucha entre impunidad vs. corrupción endémica. Esto último es una importante expresión, cuando no la única entre dos dinámicas del poder que van por líneas distintas, anteriormente en franca oposición, y ahora por rutas que por momentos se entrecruzan.

Me refiero a la pugna entre la visión institucional y la de los poderes fácticos. Cada una condiciona procesos políticos y económicos, tiene distintas interpretaciones sobre el sentido de las leyes y las instituciones, pero también trastoca el ejercicio de la ciudadanía. La primera corriente, la institucional, ha tenido como razón central la edificación de un pacto entre la oligarquía y los partidos, custodiada por el Ejército.

 

De esa construcción emergió la Constitución Política, como principal expresión de un pacto de largo aliento que logró recomponerse en momentos de crisis y amenazas, y cuando surgieron nuevos intereses. Los Acuerdos de Paz fueron unos de esos singulares momentos, cuando el pacto logró condensar nuevos reclamos, transformándolos en ingredientes que acentuaron el mismo pacto, imposibilitando la creación de uno nuevo. Ese modelo es centralista e impide que los subalternos pongan en aprietos a quienes detentan el poder. Los ascensos son posibles, producto de concesiones y solo en delimitadas porciones. Quienes se han querido salir de ese marco, han sido defenestrados. Ese pacto, vigente desde 1985, se concibió para que se dieran las condiciones para el adecuado manejo del juego político, siendo los procesos electorales su principal garante de continuidad al que acceden los partidos sistémicos, los interesados en administrar pequeñas concesiones siempre del mismo modelo. La marca insignia sigue siendo la misma.
¿Y quién dijo que ese pacto es único y ad eternum? ¿A cuenta de qué se debe aceptar, sin chistear, que ese acuerdo sea el único vigente? Primero surgieron más contradicciones y amenazas de mayor dimensión que las anteriores. Paliar esos juegos y los nuevos actores que estaban por detrás, no ha sido fácil. Al proceder desde espacios e intereses dispersos, el peso del centro ha marcado las pautas, y las amenazas se contienen. Eso fue lo sucedido durante el malogrado Gobierno de Serrano Elías, o cuando se contuvo al FRG y se eligió a Berger; o bien, cuando la UNE también quiso salirse del encuadre y se eligió a OPM.
La intención de los bloques emergentes llega de la mano de Baldizón. Su llegada a la Presidencia implicaría un movimiento de amplias consecuencias. Las redes del poder, provenientes de la periferia, harían su embestida mayor, no la única ni la primera, pero sí la más importante. El centro del poder asume otro lugar, otra naturaleza y orientaciones.

Esas redes serían las creadoras de un nuevo pacto. De poco les ha servido los intentos de provocar algunos cambios en el marco del pacto de viejo cuño. Ahora toca construir el propio. No es casualidad que tras Baldizón y Líder participen actores territoriales móviles, con capacidades y entendimientos de los territorios, urgidos de acumular riquezas y poderes, pero para consolidar el arrebato mayor y de larga vida. Líder quiere ser lo que la UNE no pudo hacer; lograr adhesiones de los poderes fácticos disgregados, a quienes el poder local no basta. Creen tener una importante ventaja, mientras los poderes institucionales son fijos, desde donde han dominado; los nuevos tienen un carácter dinámico y amplio conocimiento de actores y escenarios territoriales.

El pacto, bajo desgaste, ha tenido carácter nacionalista, los emergentes son globales. Su interés por apropiarse de corredores fronterizos y costeros, no es casualidad; son lugares de aprendizajes sobre cómo se mueven las cosas en otras latitudes. Los tradicionales necesitan de grandes aparatos para moverse; los nuevos saben más del manejo de redes. Los de Líder quieren darnos a entender que saben moverse entre dos mundos. Son partido en el mundo institucional, pero sus protagonistas provienen del submundo. El capital que representa es igualmente híbrido, y saben, superficialmente, que ese se refuncionaliza al tener control de sectores estratégicos, como energía y telecomunicaciones. La tracción de Baldizón, que no acaba con las elecciones, tiene una parte autónoma y otra dependiente. Defender y no prescindir de Barquín, es porque esa persona conoce del sistema financiero y sabe que los bancos con necesarios para articular esas dos fuentes de capital. El expresidente del Banguat es capaz de dialogar, por igual, con banqueros y lavadores. Ese carácter camaleónico la venden como ventaja, pero puede ser su entierro.
renzolautaro.rosal@gmail.com
Los de Líder quieren darnos a entender que saben moverse entre dos mundos. Son partido en el mundo institucional, pero sus protagonistas provienen del submundo.

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