Opinion

La teoría del péndulo no deja santo parado

RENZO ROSAL

Renzo Lautaro Rosal


En Brasil, el voto de desconfianza puso a Dilma Rousseff fuera de la Presidencia. Lo que fue concebido como la continuidad y consolidación del exitoso e impulsor gobierno de Lula, ha caído en desgracia. Entre la denuncia acumulada de corrupción de muchos de los funcionarios principales, el contubernio con empresas estatales y privadas, surge también la oposición política que quedó al margen o con poco espacio de maniobra por más de una década y ahora apuesta en volver por sus fueros. La mezcla perfecta para lograr más que un voto de desconfianza. Las reformas sociales, económicas y de variado menú afrontan posibilidades reales de echarse por la borda. Ese escenario reafirma que los pasos positivos, por mucho que se quieran consolidar, pueden retrocederse si se reúne la combinación que apuesta por la continuidad, el estatu quo; una muestra a lo latinoamericano de que el conservadurismo es una corriente vigente y ahora con mayor capacidad de diseminación. La nota risible radica en que el grupo de relevo es igual o peor que el grupo que sale. Cuando el político que ha encabezado las pugnas contra la hoy expresidenta, también ha sido señalado de corrupción a gran escala, nos preguntamos de qué estamos hablando.

Situación similar sucede en Argentina. Mauricio Macri aspiraba a la Presidencia, pero no se le daba. Los gobiernos del clan Kirchner crearon las condiciones. Otra vez se repite la ecuación: los gobiernos de corte progresista contienen los ingredientes de su propia caída. El ascenso cuesta, pero cuando comienza la consolidación, aparecen en escena los errores y escándalos. La oposición no tiene mayor merecimiento. El gobierno sucesor no ha tardado mucho en poner al desnudo que es igual de precario y cuestionado que el saliente. El presidente argentino apareció en los Panamá Papers, pero antes, cuando fue jefe de gobierno de Buenos Aires, también sacó las uñas.

La corriente se ha instalado a lo largo y ancho del continente. Las gestiones rupturistas con el viejo orden tomaron control en varios países, generaron una corriente que buscaba cambios profundos, especialmente en políticas sociales, redistributivas y generadoras de nuevas expresiones ciudadanas. Esa tendencia se debilita a pasos agigantados, especialmente con el ejemplo de Venezuela, donde se condensa la acumulación de males a gran escala. La derechización cobra vigencia, se envalentona, agrupa a los detractores de las reformas estatales, congrega a los amantes y defensores de la expoliación, la riqueza a costa de lo que sea, etc.

Se confirma que la teoría del péndulo, presente desde hace siglos, sigue vigente. No hemos logrado, a pesar de los diversos esfuerzos académicos, encontrar y dar viabilidad política a las corrientes intermedias. Tal parece que las tendencias moderadas no tienen cabida, porque no incentivan la continuidad del botín que unos y otros, tarde o temprano, ansían por igual. Lamentable que esta parte del mundo siga siendo sitio para la experimentación política, región ideal para continuar la explotación económica y laboral, la postergación del cambio social, la degradación del ambiente; en síntesis, para la ínfima valoración de lo humano.

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