Opinion

La rebelión de los internautas o las masas redero sociales que se creen inteligentes

MarioAlberto-0009Mario Alberto Carrera

Masas son los grandes grupos sociales —generalmente muy heterogéneos— que se funden y se confunden entre sí —que tienden a razonar poco por pereza mental— y que, por lo mismo, se oponen dialécticamente a los grupúsculos de élite; de élite por su dinero o por su instrucción.

Siempre han existido masas y élites. Generalmente, las primeras contienen enormes segmentos de ignorancia y des o mal información. Y, en nuestro caso esperpéntico: analfabetismo. Pero hoy se creen inteligentes porque muchos manipulan una computadora-Internet. Las segundas, las de élite, son las que se creen aristócratas de sangre y de etnia, que manosean la información, que presentan como verdad —la mentira— por los medios y que no son necesariamente cultas —de kultur—, sino tecnócratas a morir y medio instruidas. Y, ¡cómo no!, las que presiden los medios de comunicación social —hoy más que nunca, porque jamás les convino tanto— la Internet y los medios cibernéticos y digitalizados. Estas élites son la madres aberradas e insensatas, del señorito satisfecho de Ortega  y Gasset, George Orwell, Ray Bradbury y Anthony Burguess, entre unos pocos más.

El otro día, en una clase particular que me han organizado —porque en las universidades que hay, soy en ellas, un hereje de cara a ¡todo!, stablishment—, me peguntaban ¿por qué continúo otorgándole mejor función y derecho al libro de papel y no ¡de ninguna manera!, al libro y a las enciclopedias de Internet? Porque el libro de papel es incorruptible y sus miles de copias ya editadas no se pueden trucar, mientras que todo lo que aparece en el perverso monitor de la PC, es por esencia corruptible, desviable, putefractible. El Big Brother está detrás de la Internet, el Big Brother es el rey de los hacker, el Big Brother puede hacer que el bien parezca el mal y el mal el bien. Oler a Femme de Dior y a no a lo que debería oler, que es al azufre tan pregonado por Chávez, hasta en la ONU.

Y aquí es donde entra y cabe —en el contexto de este artículo— el tema de nuestro tiempo —título de un libro de Ortega—: el de las masas que nunca habían sido tan oceánicas —somos ya 7 mil millones—, pero tampoco nunca tan ignorantes y ¡nunca, jamás!, tan creídas de su instrucción y capacidad de opinar —en las redes suciales— como en éste 2016.

Creídas y creyendo que de veras saben y conocen, los internautas ¡tan lejos, pero tan lejos de los argonautas!, dicen a más y mejor lo que opinan, y tienen enormes espacios en los medios de comunicación, tan avaros, en cambio, para  minorías intelectuales que no convienen a la manipulación que ejerce el Big Broter desde la Internet, hoy enriquecida —tal manipulación de las masas— por el hackear que, aunque de suyo no legalizado, se practica hasta en Guatemala y se emplea para corromper las elecciones presidenciales de México y de Colombia, por mencionar algo.

Sí, ya lo creo que se da la impresión de apertura y opinioneo, cuando cualquier hijo de vecino —ejerciendo la aparente libre emisión del pensamiento— dice literalmente cualquier cosa que se le viene a las mientes, aun cuando sea el despropósito más bárbaro, descabellado ¡e insensato! Y ¡qué democracia!, en la que vivimos: las redes sociales son —por una parte— la tribuna asnal por donde las masas y las musas ciegas y cuasi analfabetas dicen sus burradas; e Internet —por otra— es la nueva Biblioteca de Alejandría, de donde brota toda las sabiduría y el pensamiento contemporáneos. Mas, asimismo, el sitio digital mediante el cual se puede manipular y dirigir todo el pensamiento de la Tierra; planeta dirigible hacia donde le dé la gana al Big Brother —que puede  ser propiedad de dos o tres en el mundo— con una perversión como nunca se había conocido hasta el sol de hoy.

Juan sin Pensamiento opina sobre Black Pitaya. Y este, Aristónteles a morir, le contesta personalmente. Juan sin Pensamiento cree que, efectivamente, es el jefe de la Tropa Loca quien le ha respondido, y eyacula patriotismo al leer la respuesta en Prensa Libre del 15 de éste mes. Juan sin Pensamiento no sabe mucho de cibernética ni tampoco quién es el Big Brother de George Orwell ni, menos, de que éste tiene un montón de aberrados hermanitos en cada uno de los paisotes y paisitos  de la tierra. Menos sabe  de goepolítica ni, gran cosa, de los hacker. Y no sabe, por lo mismo, que es una pinche máquina ¡programada! la que le responde por la tele o por el diario mencionado y no su Jimmy del alma.

Juan sin Pensamiento fue pintado ya durante la segunda, tercera y cuarta ápoca del siglo pasado en El Tema de Nuestro Tiempo y La rebelión de las Masas, o en 1984, de Orwell. Libros videntes de un futuro donde se terminará de destruir al intelectual y al escritor —este, el nuestro— mediante Internet y se consumará la muerte del libro de papel. Sobrevivirá solo lo que puede ser hackeado, adulterado y putrefactible desde Internet ¿sabe usted quién escribe y por qué y para qué todos esos articuletes?  Y quienes manejan las redes sociales que pueden encausas y conducir las masas —ahora sí y mañana no— a mi Parque Central, donde concurrieron personajes en contra de la corrupción, que ayer no más consumaban sobrevaloraciones inverosímiles y asesinaban  a estudiantes de la USAC.

Seguimos siendo el eterno cura de aldea que contradice altanero al maniqueo, sin haberse ocupado de averiguar lo que piensa el maniqueo, dijo Ortega.

 

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