Opinion

Jimmy Morales y el Principio de Hanlon

JUAN MANUEL RODRIGUEZ2

En este esquema tan, digamos, desordenado en el que se encuentra y se percibe el Gobierno, muchas veces, los analistas y la percepción pública en general caen en un problema de sobre análisis de la situación, llevando a conclusiones muchas veces desfasadas y sobredimensionadas de lo que en realidad está pasando. Es un problema que se da, porque en una gran parte de las situaciones, creemos que todo está planeado  estratégicamente y que siempre hay un plan detrás de cada acción de los políticos y del Gobierno como tal. Pero, ¡sorpresa!, muchas veces esas acciones no están planeadas ni consideradas ni el político es tan  calculador ni maquiavélico (porque su intelecto no se lo permite ni siquiera). Es en este caso que entra en juego el Principio de Hanlon, principio que debemos tener muy en cuenta en el Gobierno de Jimmy Morales.

Así es, señoras y señores, no debemos confundirnos: nunca le atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez. Este principio sostiene algo importante: los seres humanos nos caracterizamos más por ser estúpidos que malvados, y esto aplica directamente a la clase política de nuestro país. Lo torpe es más simple que lo perverso, un principio que debería ser tomado en cuenta si se considera el axioma de la Navaja de Ockham, que nos indica que usualmente la explicación  más sencilla suele ser la correcta. Y es que, los que nos encargamos de opinar sobre coyuntura, los analistas políticos, los estrategas, la ciudadanía en general, no podríamos concebir que una gran parte de las decisiones y acciones de los políticos guatemaltecos no tiene más explicación que una simple, mera y burda estupidez. No hay plan B, ni estrategia política, ni intelecto. El juego de ajedrez que debería ser el escenario político, en nuestro país se reduce a un juego de tenta, buscando quién la lleva, ajustándose al Principio

de Hanlon a la perfección.

Claro, sería torpe de mi parte aplicar el Principio de Hanlon a toda la clase política, y generalizar que todos los políticos trabajan bajo éste. Lo que sucede, es que, en este Gobierno, hay muy poco político preparado, o que su naturaleza sea ser, lo que se entiende por un político, y no digamos un Estadista. Acá lo que sobra son personajes de moralejas improvisadas; otros altaneros y brabucones; uno que otro representante de la juventud, pero sin estrategia; y un cúmulo de buenas voluntades empañadas por vieja milicia. Aquí

hay un grupo de personas que por chiripazo tienen poder y actúan bajo este adagio, el Principio de Hanlon. Y no porque su maldad sea nula, qué va. Es porque su intelecto no permite actuar con estrategia política.

Algunos se preguntan: ¿estaría Morales tramando algo con la decisión del Estado de Prevención que suspendía las garantías constitucionales? Es imposible que él y sus ministros no hayan medido las consecuencias que suponía el suspender las mismas, acá hay una acción de trasfondo que evidentemente tiene una estrategia política. No, no hay. Sí, él y sus ministros tomaron la decisión basada en el Principio de Hanlon. Es evidente que la declaración que dio Morales anteponiéndose al escándalo de sus familiares señalados de haber participado en el caso de Botín Registro General de la Propiedad es una cortina de humo para desligarse… Es otra acción hepática, nada estratégica. ¿Su denuncia en la ONU sobre la falta de colaboración de Belice para mantener el diálogo? Hanlon.

Aquí el problema es que hemos perdido el tiempo en buscarle lógica y estrategia a algo que simplemente  puede ser explicado por la estupidez. El escenario caótico que se avecina para la gobernanza y gobernabilidad de Morales, es explicado por las decisiones torpes que ha tomado, que hoy lo llevan a crisis y desgaste  exagerado en un momento donde pudo haber capitalizado todo lo ocurrido el año pasado y todo el momentum que se traía, pero, qué va, era pedirle peras al olmo. No ayuda en nada la actitud pretensiosa de Jafeth Cabrera, y sobre todo altanera, con comentarios que más que cortinas de humo son —a la Hanlon— mera estupidez.  Decisiones hepáticas, posturas retractadas, pasos torpes. Todo indica que este gobierno se decide por la estupidez más que por la maldad.

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