Opinion

Institucionalización o muerte

rodolfo bayRodolfo Bay


En memoria del Doctor Raúl González, economista muy querido por todos los que le conocieron, por la buena referencia que tengo de él por terceros, estoy seguro de que su muerte, como la de gente como él, es una gran pérdida para la sociedad. El nivel de conocimiento que él poseía es muy necesario para el mundo en que vivimos.

En estos últimos tiempos he tenido la dicha de asistir a muchas presentaciones de prestigio, a las que siempre he tenido el honor de escuchar la práctica de diversas eminencias de varios sectores económicos y políticos. En todos ellos, ha habido siempre una repetición constante sobre un asunto que todos juzgan, juzgamos, fundamental para el desarrollo del país, que es la institucionalización de sus entidades a lo largo de la República, para que se conviertan en entes que realmente transciendan a sus ciudadanos.

Parecería que sin dicho proceso, nunca se llegará al progreso social nacional, es como la fuente principal de la que todo evolucionará.

Mi escrito de hoy no es para apoyar, ni contradecir dichos argumentos, realmente válidos. Mi artículo solo quiere preguntar, más que afirmar, si primero viene el huevo, o la gallina.

A veces, y cuando uno tiene demasiados retos, se puede desenfocar intentando hacer todos, para al final no hacer ninguno bien. Como dice el refrán, el que mucho abarca, poco aprieta. Este, quizás, es el dilema de todo un país, por dónde empezar; y la palabra institucionalización suena como demasiado abarcadora.

Me pregunto si en vez de pensar tan ambicioso, no podemos por el contrario recomendar a nuestros políticos y gestores que comencemos por temas más pequeños y alcanzables. Y quizás ellos nos dirijan hacia el camino correcto.

Me pregunto si como gobierno o país se establecieran solo cinco objetivos para este cuatrienio, y si se cumplieran, ¿no estaríamos más cerca del objetivo de desarrollo y por ende de la institucionalización del Estado?

Yo recomendaría, así, dos ejes clave a nivel infraestructura, el primero, finalizar el anillo periférico de la ciudad, aunque sea privatizando su última parte, estableciendo al respecto unas leyes de expropiaciones justas por dicha privatización. Aunque dichas leyes van en contra de mi pensamiento liberal, son un mal necesario. Estoy seguro de que cualquier ciudadano de los que hoy tarda una o dos horas por llegar a su lugar de trabajo o regresar del mismo, estará dispuesto a sacrificar unos pocos quetzales diarios para ahorrarse una hora sino más, diaria. Tiempo es dinero.

El otro eje a trabajar es el de finalizar la autovía al Atlántico, para así tener ya el corredor seco entre Océanos, que no solo beneficie al individuo, sino que también al comercio. De nuevo, y como anteriormente, la privatización de su parte final, con el uso de una ley justa de expropiaciones, más el ahorro en tiempo y gasolina —que no había mencionado anteriormente, pero que también aplica al caso anterior—, justifican claramente a cualquier usuario un pago por el uso de dicha vía.

Fuera de las infraestructuras, también hay varios temas clave a solicitar, primero el de salarios diferenciados, un tema que se cerró a medias por presiones políticas, pero que es clave para generar empleo formal, tan vital para el Estado.

El Estado debe dar el primer paso, que seguro el sector privado dará el segundo y podrá ampliar de una forma importante el empleo formal como garantía en la durabilidad de dicho programa, garantía que debe ser el arma del Estado para fomentar el desarrollo integral de esta iniciativa a todos los sectores y regiones clave, sin interferencias políticas de otros actores.

Un año o dos años de prueba darán la formalidad al número suficiente de empleos, para que nadie dude y reclame sobre su efectividad, y si no fuera el caso, el gobierno siempre puede comprometerse a rectificar. Eso sí, quien para entonces no cumpla como empresario con formalizar el empleo, sí debe tener una responsabilidad económica además de pública al respecto, para que no quede duda del camino a seguir.

El siguiente punto clave es cómo hacer más productivas las remesas para sus remitentes, receptores y el Estado. Aunque todos estamos de acuerdo a que Guatemala debe dirigirse hacia una economía productiva, exportadora, competitiva, en donde ya no se produzca la fuga del capital humano, mientras se realiza dicho proceso que invite al guatemalteco a buscar oportunidades en su país de origen, en el mismo, se debe utilizar todas las armas que encaminen hacia ese rumbo, y si hay que sacar rédito de algo tan duro como le emigración forzada, si es para que en el futuro deje de existir, bienvenido sea.

Así, como principal fuente de ingresos del país, me parece que se esta desaprovechando una oportunidad única —y esperamos temporal— para el país.

Tan sencillo como incentivar que en vez de usarse dichos fondos para hacer segundas residencias, que pocas veces cumplen criterios básicos de urbanidad, o para gastos superfluos de sus receptores, qué pasa si el gobierno creara unos incentivos para que los usuarios de dichas ayudas usaran las mismas para desarrollar empresas.

Pudiera crearse unos incentivos fiscales para el que desarrolle un negocio con dichos fondos, y; sobre todo, para que aquel que origine empleo con dichas empresas, tenga ventajas fiscales especiales, tales como costo de un 50 por ciento sobre los costos gubernamentales para la creación del negocio, ahorro de un 50 por ciento en el IVA y los costos laborales a asumir por el empleador en los primeros tres años, así como también el ahorro de un 50 por ciento en la fiscalidad a pagar por los dividendos generados en ese mismo periodo.

El Estado, así, crecería exponencialmente en sus ingresos, y aunque sacara un menor margen por empresa, al final lo importante es el resultado total, con la generación de riqueza que ocurriría en el sector privado. Una política en la que nadie perdería, solo aquel que le gusta malgastar su dinero.

Acabaría con una última recomendación dada por la eminencia en el progreso del sitio arqueológico al norte del Petén, el Doctor Richard Hansen, el desarrollo turístico de la Cuenca del Mirador, con un tren eléctrico para salvaguardar la ecología y el control del flujo turístico, que lleve de Carmelita a El Mirador, sumado al desarrollo de la infraestructura de Carmelita y del propio Mirador.

Si Tikal, que según me informan, puede generar más de 300 millones de USD para el país, qué puede pasar con una ciudad maya, cuna de dicha civilización, 1,000 años más antigua que la misma, en la segunda selva más grande de América, con infinidad de especies animales y vegetales, con una extensión territorial que multiplica las dimensiones de Tikal, y en donde la pirámide mayor de dicho sitio arqueológico, la Danta, es la mayor en volumen del mundo, abarcando en tamaño varias pirámides juntas de Tikal. La oportunidad esta ahí.

Empecemos por temas concretos, que generen la riqueza necesaria para la institucionalización del país, pues aun sin tanta institucionalización en el proceso, Guatemala sigue viva, bien viva y como siempre floreciente.

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