Opinion

Imaginemos España

Danilo Arbilla APor Danilo Arbilla


 

Imaginemos las relaciones entre el Reino de España y América Latina con un eventual Gobierno español presidido por el socialista Pedro Sánchez y con Pablo Iglesias, de Podemos, en la Vicepresidencia y  sus hombres al mando de los principales ministerios.

 

El secretario general del PSOE no disimula sus ganas de ser presidente. Si no fuera por la oposición y los frenos de algunos líderes del socialismo, haría cualquier tipo de alianza con tal de llegar.

Quizás Sánchez no se da cuenta de que está condenado, de cualquier manera. O puede que sí, y que ante ese futuro ineludible  –con  la liquidación del socialismo incluida– quiera darse el gusto de ser presidente. Y ello con solo el 20 por ciento de los votos y el peor de lo resultados en la historia del PSOE. No es chica hazaña.

¿Qué puedo hacer, si no?, se dirá él.

Si integra una gran coalición (GC) con el PP y Ciudadanos, tiene poco para ganar (salvo que piense más en España que en sus intereses personales, lo que no parece). Si es parte de la GC, Podemos se adueñaría de la oposición. Y si a la GC le fuera bien, el mérito será del PP –y de Rajoy, para peor– y hasta se le reconocería algún crédito marginal a Ciudadanos, pero poco y nada a los socialistas.

En cambio, si la GC fracasa, la responsabilidad sería de todos sus integrantes. Podemos y algunos socios serán la única alternativa y el PSOE se quedaría sin espacios.

No le iría mejor, sin embargo, si fuera presidente; aunque el cargo ya es algo. La mitad del Gobierno – por lo menos– quedaría en manos de Podemos. Iglesias ha sido claro: apoyarán al PSOE si él es el vicepresidente y la mitad de los ministerios, entre ellos los principales, quedan en sus manos.

Iglesias solo tiene 42 diputados propios en 350, más unos 27 de filiales regionales, sobre cuya disciplina futura puede dudarse. No parece muy representativo, pero igual se autoproclama el líder de la izquierda y el único que puede garantizar un  gobierno de cambio y de progreso.

Para eso –que un gobierno sea de cambio y progreso– parece que no hay otra alternativa que Podemos. Iglesias es el dueño y lo repite insistentemente, al tiempo que se mofa y desprecia a los líderes socialistas, los de hoy y los de la vieja guardia. Ya les habla a los militantes del PSOE como si fueran propios y, continuamente, desafía, azuza, le moja la oreja y le mete un dedo en el ojo a Pedro Sánchez, para que se decida y se entregue a sus brazos. Le aplica una especie de conductismo con aquello de que al tonto para que corra hay que decirle que es rápido.

También es un hecho que si al gobierno de cambio y progreso le va mal, el socialismo se quedará sin espacio. Y que le vaya mal es muy probable, vistos los modelos y algunos financiadores de Iglesias – Venezuela, Bolivia, Irán y Grecia–.

Llegado ese caso, Podemos, de la mimas manera que se adueñaría del éxito, se encargará de responsabilizar al PSOE del fracaso, que en eso de aplaudirse  o  de echarle la culpa a otros sí que son más que expertos; son unos magos.

Y volviendo al principio, imaginemos cuál será la relación de este Reino del Cambio y el Progreso con América Latina. La dictadura castrista y Correa, Evo Morales y el chavismo de parabienes (qué lastima, cómo se lo pierde Cristina Kirchner). Los antecedentes son elocuentes: Rodríguez Zapatero y  Moratinos, certificando la gran democracia de Hugo Chávez (Pedro Sánchez pinta peor que Zapatero); los distintos gobiernos españoles y la monarquía festejando cada tanto a los Kirchner, los Castro, los Correa y los Morales, a todo lo cual se suma el aporte de Podemos, que no es que apoyen a esos regímenes, sino que en casos –como los de Venezuela y Bolivia, ya probados– fueron sus consejeros y sus asesores a sueldo.

Qué perspectiva. Confiemos en que solo sea producto de la imaginación.

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