Opinion

Hacia una revolución positiva: La rebelión de los barrancos

opinion-gustavo-leivaGustavo Leiva


 

Antes del  amanecer  del  día 5 de octubre comenzó a llover, y después la lluvia se hizo más fuerte. Como estoy cerca del área del Cambray II, mis pensamientos fueron hasta este lugar y, con pena, sentí que esta lluvia de la madrugada iba a complicar más la situación.

Después traté de relacionar lo que está pasando en el Cambray II con el escenario de estar dándole vueltas a las tortillas, que propuse en el artículo anterior como válido para saber interpretar  nuestra realidad en  los próximos 5 o más años.

En los escenarios existen dos realidades. La primera realidad es la que podemos ver  y fotografiar, como esas escenas desgarrantes de los socorristas tirados en el suelo tratando de escuchar alguna señal de vida entre los escombros de la montaña derrumbada sobre las casas del Cambray. La segunda realidad no se ve, porque es lo  que cada uno de nosotros piensa, imagina y, muy dentro de sí, trata de contestar esta pregunta:  ¿y ahora qué vamos a hacer?

Es difícil ver las similitudes que existen entre este derrumbe, las penas de la gente,  y  la imagen de ver a Guatemala como un país donde le estamos dando vuelta a las tortillas.

Sin embargo, poco a poco, para mí,  fue haciéndose claro que, así como a todos nos va a llegar la hora de darnos vuelta como tortillas en este gran comal de país que tenemos, así les está pasando  también a nuestros barrancos. También ellos, los barrancos, con sus gentes, están en rebelión. Se están dando vuelta.

Pero la imagen del escenario de estar dándole vueltas a las tortillas y de comprender nuestra realidad como un gran comal, se manifiesta y se rebela tal cual es cuando sabemos que, así como el Cambray II, hay otras 30, 40 y hasta 300 más laderas en la ciudad de Guatemala que están en las mismas condiciones y que pueden llegar a tener los mismos problemas.

Pero  la coincidencia con el escenario del comal no termina ahí. Hace un año no había comal; y las tortillas, como los barrancos con sus gentes, se daban vuelta, pero a nadie conmovían. Vivíamos en una indiferencia tal que esperábamos que las soluciones inmediatas y a largo plazo vinieran de los Gobiernos.

Ahora esta catástrofe nos agarró organizados y despiertos, y ese sentimiento de solidaridad que nació en la Plaza de la Constitución se volvió a sentir en las miles de miles de muestras de apoyo  que, desde todos lados, llegaron a dar alguna ayuda y esperanzas, sin esperar que el Gobierno local  y central movieran un dedo.

Hace algunos años, hablando con un amigo de Totonicapán, me dijo: No es lo mismo tener problemas y estar en crisis si uno está organizado con su comunidad,  que  estar solo y sin apoyo de nadie en la vida.

A medida que pase esta crisis, esta otra similitud entre la rebelión de los barrancos y darle vuelta a nuestras tortillas, va a ser evidente: es obvio que, para resolver este problema, otras tortillas más grandotas también se tienen  que dar vuelta para que puedan, desde una nueva situación, ser apoyo a soluciones de largo plazo.

Una de esas tortillas mayores que deben darse vuelta es la capacidad que el sector productivo tiene para dar trabajos dignos a sus empleados. Si somos congruentes con las estadísticas nacionales, entre el 60 y el 70 por ciento de  las víctimas de esta ladera tendrían que ser micro y pequeños empresarios,  o estar empleados en estas empresas informales, que en el lenguaje técnico se reconocen como MIPYMES.

El resto de las familias son trabajadores que están empleados en el sector formal y que sus patronos están conscientes que viven en condiciones de peligro constante.

Para resolver realmente el problema de la rebelión de los barrancos habría, pues, que darle vuelta al sistema económico, porque, sin lugar a dudas, es el verdadero causante de los desastres que ocurren cuando dejamos que la naturaleza, en lugar de promover la vida, destruya y cause la muerte.

No basta con vestirse con los disfraces de la responsabilidad social empresarial. Ahora que viene el gran encuentro anual  de empresarios, planeado para el 8 de octubre, ojalá que, además de sorprendernos con la visita de Aznar, este tema de cambio de sistema económico y de atender las necesidades de los otros 300 barrancos, que están en situaciones similares a los del Cambray II, se tome en cuenta.

De mi lado, y para dejar un mensaje positivo, creo que la gran esperanza está en encontrar cómo impulsar a la MIPYMES.

El sentimiento de solidaridad que nació en la Plaza de la Constitución se volvió a sentir en las miles de muestras de apoyo para las víctimas de El Cambray II.

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