Opinion

El sombrío patetismo del informe del PNUD y las alucinadas atelanas del ENADE

MarioAlberto-0009


¿A quién echar la culpa por la conflictividad social o desgarrada lucha de clases que sufre la inmutable Guatemala? ¿A quién culpar porque el 80% de los guatemaltecos se encuentre en ingente pauperización, en una miseria sin límites que es invivible e invitadora —en su desesperación— al suicidio? ¿A quién señalar e imputar como responsable del asesinato de cientos de miles de personas -en los hospitales públicos- que mueren porque no puede ser atendidas?

Otro año y otro  y otro  el PNUD —creo que ya lo hace desde hace unas dos décadas— sale con su larga lista de miseria, de hambre, de carencias sin fin que disfrutamos —mansa y resignadamente— en Guatemala. Siempre nos aterran ¿cómo no?, las estadísticas horrendas que esa rama de Naciones Unidas vomita  en y sobre Guatemala —muy a su pesar— y que vuelven a pintar el croquis de un país que cada vez va más a la zaga de ¡todo!, desarrollo humano. Porque aquí lo único que se desarrolla y crece es la llamada macroeconomía que, dicho en un español menos ripipí, se refiere al desproporcionado crecimiento de los dineros de la gente rica  —su patrimonio— que se amplifican ¡aún más!, con la evasión de impuestos, que es la costumbre más inveterada de la Guatemala inmutable, madre de la clase dominante.

El mismo día, pero a distintas horas para que su eminencia Black Pitahaya pudiera acudir a los dos Shows —uno de sangre y muerte y el otro de Walt Disney y el Pato Donald— se realizaron en dos hoteles de la capital, el informe del PNUD y la escenificación de un país de Disneylandia del ENADE. En los dos participó nuestro cómico presidencial, menos mal que en ninguno gimoteó, ni lloró ni se durmió por efecto de las benzodiacepinas. Pero tampoco respondió a ninguna de las espantosas preguntas —que planteo yo— en el primer párrafo de esta columna.

Tanto el primer actor cómico de la Nación, como el presidente de FUNDESA y principal promotor del ENADE, don Felipe Bosch Gutiérrez, en vez de encarar con absoluta seriedad los trastumbos y caída en picada de Guatemala, se dedicaron, en cambio, a dirigirse sonrisas, entornados ojos y líricos y sedosos reproches en los que, sobre todo Aristónteles, le decía a Bosch Gutiérrez, que había que tener valor y abandonar el miedo de comprometerse con este país. Mientras tanto, Thelma sonreía y agradecía —con ligeros asentimientos de su genial cabeza— todos los cumplidos que el presidente de FUNDESA le dirigía como procurándose —él— de antemano el beneplácito —para ciertas cosas— de la jefa del MP, que tiene en sus manos el porvenir de todos. Ya sea en las funciones que ahora oficia o en las que algunos presidencialistas le pronostican… Esto, si las aves del mal —que se encuentran en todos los estamentos de poder— no la hacen emigrar a una vida mejor. La gran fiscal, además, permitió que un gracioso grupo de su troupe, fueran los abanderados en la comedia de enredos que vimos por televisión. Comedia de enredos, ¡sí!, porque enredarnos es —en vez de contestar con la cara al sol las preguntas que planteo en el primer párrafo de esta columna— se dedicaron a dibujarnos una Guatemala más absurda que La Cantante Calva de Ionesco. Una Guatemala de ciudades intermedias, en cuyo diseño destacó la pintada por el primer cómico nacional —en su discurso del ENADE— proclamada ciudad Quetzal, a inmediaciones del negocio más sucio ¡entre los negocios sucios del país!, llamado TCQ-TCB, en el que las familias próceres   están bien embarradas de la mano y de otras partes. Y dicen que, también, miembros de la aristocracia y la nobleza de la madre España. Huy, huy, huy, ese negocio portuario se trae de cabeza al país, mientras la pobre procuradora no sabe qué hacer con semejante braza. Lo único que sí que está claro —para los sensatos y honestos— es que TCQ-TCB conculca la verdadera soberanía de la Nación, porque las playas u orillas de mares ríos y lagos no pueden —nunca jamás— ser concesionados así, y a extranjeros.

La prosperidad —si es que alguna esperanza hay todavía de salir adelante en  Guatemala— no puede estar fincada en ciudades intermedias ni en ciudades del Quetzal. La prosperidad, el desarrollo económico y el desarrollo humano sólo pueden derivarse ¡aquí!, del desarrollo rural. Cuando un grupo como el CACIF-FUNDESA-ENADE  hablan de ciudades intermedias y de que esa es nuestra solución económica, es porque de economía e Historia Patria poco saben. O Saben, pero  —de momento y dadas ciertas circunstancias— el proyecto de ciudades intermedias es el que mejor se adapta a sus intereses de clase en 2016.

Es la Ley de Desarrollo Rural Integral, que implemente y orqueste una reforma agraria capitalista —en concordancia con el respeto a la propiedad privada instituida por los filósofos ingleses del siglo XVII— lo que debemos encarar. Ahora ¡sí!, señor Morales Cabrera, sin miedo y con el valor que, entre sonrisas y vanos coqueteos, usted le reclamó  al señor Bosch Gutiérrez, en los aristocráticos salones de un lujosísimos hotel de la ciudad.

Yo no pido una maceta con tierra para cada guatemalteco. No soy tan imbécil aunque lo parezca, a algunos oligarcas y a algunos intelectuales de la izquierda rosa y lila. Yo pido tierra para aquellos que la consideran su madre protectora y dadivosa. Para los que son hijos del realismo mágico que no creó Asturias, sino para los engendrados, directamente,  en esa magia real-maravillosa, que es la sangre del original, del indígena. Del que sin ella está huérfano y sin raíz.

¡La reforma agraria se ha de hacer tarde o temprano! ¡Óiganme bien! Mejor háganla a tiempo, señor Aristónteles y señores de FUNDESA-CACIF. Antes de que el futuro nos alcance, haciendo  descabelladas ciudades intermedias.

marioalbertocarrera@gmail.com

 

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