Opinión

El rídiculo de Serrano

JUAN MANUEL RODRIGUEZ2Juan Manuel Rodríguez G.


Guatemala es un país de eternas maravillas, algunas que pasan al plano de lo increíble, pero no por magnífico, sino por lo difícil de creer. En este país, como bien se ha dicho, se han visto muertos acarrear basura. Se ha visto de todo: desde un candidato a la Presidencia que agarra un asesinato doble en Chilpancingo como un activo político para su campaña; un candidato a vicepresidente que se confiesa culpable de blanquear dinero cuando fue Presidente del Banguat; un Presidente que ofrece mano de obra barata a Trump, en son de broma; una registradora de la Propiedad que se dedica a cantar con una voz espantosa en vez de hacer su trabajo; en fin, si algo tiene este país, es que no nos aburre. Si algo no falta acá, es pan y circo.

El último ridículo que se presenta como otro ungido del pueblo y que pretende salvar la nación, es el mal recordado Serrano Elías. Siete años llevaba nuestra naciente democracia, cuando se presentó una terrible situación, que protagonizara alguien que ha estado huyendo de la justicia de nuestro país por más de 20 años. En aquel entonces, el llamado Serranazo se produce luego de que, en un dizque intento por recuperar al Estado por la putrefacción que encontró en los poderes del Estado, decide disolverlos, a la Fujimori, solo que en este caso no se dio el resultado que él esperaba, y de una patada lo mandó al carajo la CC y todos los sectores que calificaron de, obviamente, ilegal su golpe de Estado.

Recordemos que esos días fueron difíciles para la prensa independiente, cuando Serrano promulgó el decreto 1-93, Medidas Temporales de Gobierno, en donde se suspendían las garantías que establece la Constitución, pretendiendo de esta forma censurar la prensa, la llamada Ley Mordaza. Era nada más y nada menos que Roxana Baldetti, la mismísima de la Línea y saber cuántos casos más de saqueo al Estado, la que coordinaba la censura desde la Secretaría de Relaciones Públicas de la Presidencia. Ella envió, en apoyo a Serrano, censores a los diferentes medios, pretendiendo con ello callarlos. Todas estas medidas no duraron ni una semana, cuando la CC declaró inconstitucional el golpe de Estado, teniendo que huir Serrano Elías hacia Panamá, en donde ha vivido sumido en la riqueza, entre Haciendas y caballos de raza Peruana, empresario y millonario. Este señor es el que pretende ahora refundar el Estado.

Empecinado con su pelea contra los dueños de la Guayaba, que deja atestiguado a su manera en su libro de este nombre, se enfoca en la familia Gutierrez y responsabiliza de todo lo que pasó en ese período a, sobre todo, Dionisio. Ahora resulta que el Serranazo es culpa de los dueños del pollo. Podrán ser muchas cosas, pero en este caso, es confundir la gimnasia con la magnesia, y lo peor del caso es que muchas personas le han comprado la historia, volviendo a Serrano un mártir que pelea desde afuera por la liberación de la patria. ¿Con qué solvencia moral pretende Serrano venir a imponer una refundación del Estado, cuando él ha estado huyendo de la justicia guatemalteca por tantos años? Es increíble la ironía y desfachatez que ciertos personajes, como fantasmas que han decidido reaparecer en la escena política, se atrevan a volver al ruedo político. La pena pareciera no ser un factor importante o existente, si quiera, en personas como Serrano.

Serrano se junta con Otto Rottmann, Pablo Monsanto, César Montes y otro gremio de gente que da pánico para crear su Frente Amplio Refundación. Sí, en Guatemala los patos le tiran a las escopetas. Sí, este es otro ridículo de Serrano. Sí, se necesita ser muy cínico, pero en eso es experto Serrano.

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